El gobierno de los EE.UU. y los líderes de las tecnológicas justifican y promueven los usos de la IA aplicados a la muerte en conflictos bélicos, como viene ocurriendo en Medio Oriente.
Obsesionado por reducir el Estado, el gobierno perjudica a la ciudadanía al demorar la implementación de la IA en la administración pública.
Abordada desde los interrogantes básicos de la investigación social, la IA deja de ser una entelequia autónoma y todopoderosa: está integrada en nuestra vida cotidiana y participa de la misma coyuntura histórica.
La implementación masiva de herramientas de IA supone un nuevo campo de posibilidades para la humanidad y, al mismo tiempo, abre peligrosas zonas oscuras cuyas consecuencias son difíciles de mensurar.




