Este año, Francisco Pitrola se hizo conocido por dos hechos. El primero, ser el presidente del Centro de Estudiantes del Nacional Buenos Aires en el momento de la toma de esta institución para reclamar por la Ley de Financiamiento Universitario, y el segundo por su propio apellido, que remite al histórico dirigente del Partido Obrero Néstor Pitrola, su abuelo. “No disfruto de tomar un colegio, me encanta tener clases y me gusta estudiar, con lo que si no es por algo urgente, yo mismo voy a estar en contra de una toma, porque es el último recurso de lucha, y lo que estaba pasando este año era que ya no se aguantaba más, el colegio estaba poco a poco dejando de funcionar porque no había reemplazo para algunos profes que se iban y en otros veíamos sus dificultades para continuar trabajando por lo que estaban cobrando”, afirma Pitrola, en entrevista con Caras y Caretas, respecto de las tomas de los colegios universitarios. Sobre su abuelo, sostiene: “Somos dos personas bastante parecidas, él fue un referente del movimiento obrero y a mí me toca representar a los estudiantes de mi colegio, pero cada uno lo hizo a su forma, con sus maneras y sus lecturas, porque es cierto que yo todavía nunca trabajé, nunca cobré un sueldo, y me falta un montón por vivir. Pero hoy día, hablando pragmáticamente, me parece imposible escaparle al modelo capitalista, que es el que por ahora eligió la sociedad y está instalado acá y en el mundo, por lo que hay que encontrar la forma de llevar adelante un capitalismo que sea más humano, que incluya, que apueste al desarrollo de una industria nacional, que genere puestos de trabajo. Y yo siento que en la Argentina fue el peronismo el que históricamente más logró representar a la clase trabajadora, más allá de que no hubiera sido peronista en los 90, pero sí en el primer peronismo o en el kirchnerismo, que exhibieron un proyecto y un modelo de país que funcionó bien, y que puede seguir funcionando bien. Por eso, a diferencia de mi abuelo, no soy trotskista, de hecho hay agrupaciones trotskistas en el colegio y yo compito contra ellas desde una posición independiente, porque para empezar la militancia en el secundario debe ser desde un espacio independiente y horizontal en el que todos puedan decidir y tengan la misma voz, sin que un responsable venga a bajar línea, porque eso termina pudriéndose”.
Consultado también por su visión de la Noche de los Lápices, Pitrola señala que, al igual que sucedió el pasado 24 de marzo, es “muy importante que en estos tiempos se cumpla el 50° aniversario de la Noche de los Lápices, porque permite volver sobre esta historia frente a un gobierno que todos los 24 de marzo saca videos provocadores o pone en duda lo que pasó en la dictadura, e incluso sectores que la defienden. Entonces es un buen momento para que se hable de los militantes y las personas que lucharon y pusieron el cuerpo para lo que necesitaban las mayorías, y hoy día tenemos boleto estudiantil en parte gracias a ellos, como la educación pública gracias a otros muchos militantes y distintos actores que pusieron su cuerpo para esos y otros derechos tanto de estudiantes como de trabajadores”.
–¿Cuáles son hoy las reivindicaciones que plantean desde el Centro de Estudiantes?
–Son muchas, empezando por la lucha que tuvimos este año contra el recorte universitario por una ley que no se estaba cumpliendo. Eso de no respetar el Congreso en una república es algo fuerte, y el reclamo dio sus frutos porque el gobierno aceptó un acuerdo con los gremios del 20 por ciento y la Corte falló a favor del sistema universitario. Después hay un montón de colegios en la Ciudad que tienen sus reclamos, como la reforma del Secundaria Aprende o el sistema de faltas, y hay otras demandas, más allá de que nosotros vamos a un colegio que tiene unas condiciones dentro de todo muy buenas en comparación con otros colegios de la Capital o de la provincia, que están todavía más complicados, y nosotros obviamente también pensamos en eso, porque cuando hablamos de educación no vemos solo lo nuestro, hay que pensar en todo.
–¿En relación con el funcionamiento interno del Nacional Buenos Aires, como por ejemplo planes de estudio o vinculación con mundo laboral, hubo también reclamos?
–Creo que en una gran mayoría estamos todos contentos, es un colegio que tiene una comunidad educativa enorme y muy solidaria, que contiene y se compromete mucho, que cuando hay problemas de alguien suelen ser de todos, todo lo cual valoramos mucho, con grupos de padres que se encargan de las cosas, docentes que queremos mucho y exalumnos graduados que donan plata para el colegio. Pero también es verdad que el recorte obviamente hace sus efectos, y hay un montón de docentes buenísimos que se van, eso es lo que seguimos reclamando, porque también el salario aumentó solo un 20 por ciento pero debería haber subido un 50. Una profe de Castellano, muy buena, nos dijo que tenía una familia que mantener y le encantaba dar clases en el Nacional pero que no iba a poder seguir trabajando por ese sueldo, y así hay muchos más. Igual los profesores no dejan de ser profesores que queremos dar clases, pero algunos a veces terminan abriéndose y contándonos los problemas derivados de la caída salarial.
–¿Por qué pensás que el discurso mileísta permeó tanto en una parte importante de la juventud?
–Es verdad que hubo un fenómeno y es imposible negarlo. Creo que en 2023 hubo una juventud que compró el discurso del gobierno, no todos, obviamente, porque muchos sabíamos que era verso y que no iba a terminar bien, pero otros buscaban probar algo nuevo, creo que no desde una convicción, o por lo menos nunca la percibí como tan extendida, porque más allá del Nacional Buenos Aires, donde hay mucho estudio sobre la historia argentina, yo por ejemplo en aquel momento jugaba en Excursionistas y mis compañeros me decían que votarían a Milei porque tenía algo nuevo. Pero eso no era bancar a Estados Unidos, que vendan nuestras tierras o que no les importara la dictadura, era más bien la idea del tipo como otra cosa, un cambio radical al de Massa que era el ministro de Economía, lo cual tenía mucho sentido. Pero me parece que hoy, después de estos años de gobierno, si no se dieron cuenta de que era una estafa, se van a dar cuenta el año que viene.
–¿Cómo avizorás el futuro?
–Me parece que es un momento muy difícil en el mundo para gobernar, hay un problema del que se debería hablar más, que son las guaridas fiscales, que cuando un gobierno quiere subir la carga impositiva no puede porque las empresas se terminan yendo a tributar. De acá se van a Uruguay, en otro lado se van a Suiza, o a las Islas Caimán o a las Seychelles, a donde sea, pero se terminan yendo y terminan dejando de pagar impuestos, con lo que se hace muy difícil mantener un Estado. Así que hasta que no surja un ente regulador internacional para controlar eso va a ser muy difícil gobernar.
