A cincuenta años del golpe cívico-militar, ocho escritoras cordobesas publicaron la antología Mujeres con memoria. Ellas son Silvia Barei, Eugenia Cabral, Carmen Colazo, Alicia Corzo, Ernestina Elorriaga, Mónica Flores, Livia Hidalgo y Nora Luna. “Esta antología es, por una parte, la necesidad urgente de hacer un ejercicio de memoria y, al mismo tiempo, un homenaje (…) Esta publicación se hace también como homenaje a las Madres de Plaza de Mayo. Es una forma de agradecer su lucha incansable, su fortaleza, su increíble coraje, sobre todo en el peor momento (…) Este es un libro con escritoras que hablan en primera persona, con distintos registros y mediante distintos géneros, sobre la nefasta dictadura cívico-militar que las grandes mayorías sufrimos (y que las grandes minorías digitaron y usufructuaron) entre 1976 y 1983. También hay pasajes en el texto que comienzan antes del 76, porque antes comenzó a gestarse la Triple A como triste antecedente de lo que sería la represión, tortura, asesinato y desaparición sistemática que llevó adelante la dictadura”, expresa en la introducción el editor cordobés Ramiro Iraola, director de la Editorial Babel, integrante del colectivo de Editoriales Independientes de Córdoba y miembro del consejo de redacción de la revista Palabras de Poeta.
–¿Cómo surgió la idea de este libro?
Ramiro Iraola: –Entre fines de 2024 y comienzos de 2025 me encontraba trabajando con varios libros, de los cuales cuatro trataban sobre la época de la dictadura y los cuatro estaban escritos por mujeres. Con distintos registros, desde la poesía, la novela o los relatos, cada una contaba su historia o la historia de otros en esa época. Ahí nace la idea de Mujeres con memoria. Avanzado 2025, y a meses de los cincuenta años del golpe, decidí que era necesario desde Babel, como editorial, aportar a la construcción de la memoria desde la mirada de las mujeres, en tiempos aciagos como los que vivimos en el país y en el mundo.
–¿Cuál fue el criterio que se usó para hacer la selección de las autoras?
R. I.: –Sobre la base de las escritoras Mónica Flores con su novela, Alicia Corzo con relatos autobiográficos, Nora Luna con su poemario y Carmen Colazo contando su historia de estudiante durante el golpe, decidí sumar cuatro mujeres más. Por calidad literaria y por compromiso con su época, podría haber convocado a ocho o dieciséis mujeres más, pero una antología es un recorte. Eugenia Cabral, Silvia Barei, Ernestina Elorriaga y Livia Hidalgo permitieron darle al libro multiplicidad de estilos y géneros. La idea siempre fue que Mujeres con memoria fuera un libro coral; distintas voces, cada una aportando lo suyo, como lo resume muy bien en contratapa la escritora Graciela Bialet.
–La memoria es uno de los temas de interés de la editorial…
R. I.: –Desde el nacimiento de la editorial tuvimos como pilares la literatura, la pluralidad de voces y la defensa de memoria, verdad y justicia. Y hemos publicado diversos textos sobre la dictadura en estos años. Pero me llamó la atención que coincidieran varios libros sobre el tema, en esta época que va a contramano de la memoria y en que el gobierno de Milei intenta (e intentará con más fuerza) negar los consensos básicos del Nunca Más. Sumado a eso, hace poco hicimos en Córdoba un homenaje y la reedición de un libro sobre la vida de Alberto Burnichon, editor asesinado por la dictadura, y estuvo colmado de gente. Incluso un diario nacional como Página/12 publicó una excelente semblanza sobre él. Hechos que sumados a la extraordinaria marcha del pasado 24 de marzo a Plaza de Mayo, y todas las marchas en decenas de ciudades grandes y pequeñas en el país, dan muestra de que estamos de pie, a pesar de todo. Y mantener viva la memoria es una forma de reunir fuerzas para cambiar este presente en nuestro país, y pensar que un mundo mejor es posible.
–El libro también habla de y a mujeres que luchan.
R. I.: –Como sostengo en la introducción, esta antología también es un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, como ejemplo de mujeres que luchan, contra todo y a pesar de todo, que nunca bajaron los brazos. Ellas se transformaron en ejemplo en todo el mundo. Y también simbolizan a tantas mujeres que a diario luchan por sus derechos, contra la violencia y los femicidios, para mantener a sus hijos y para sobrevivir, en un mundo preparado para sean personajes secundarios. Y en la literatura también pugnan por conseguir los espacios que merecen.
–¿Cuál es el objetivo de esta antología?
R. I.: –La idea es que haya reflexión sobre lo que fue el terrorismo de Estado, para quienes lo vivieron y para las nuevas generaciones. Y sembrar la necesidad de que no vuelva nunca más a nuestro país. Pero hacerlo a través de lo que la literatura puede ofrecer, que es tocar las fibras íntimas, los recuerdos o lograr la re/construcción de mundos ajenos que durante la lectura se nos hacen propios.
–Como editor, ¿con qué desafíos se encontró?
R. I.: –El primero fue la decisión de participar con un texto introductorio dando una visión sobre el golpe, sus causas y consecuencias y dónde estamos cincuenta años después. Y además tomar decisiones personales sobre el libro. En cuanto a las autoras convocadas como a la diagramación y la tapa. Suelo consultar con colaboradores o amigos escritores sobre esos aspectos, esta vez fue distinto. Igualmente, siempre trabajamos con la idea de que los textos son los protagonistas de un libro, y a partir de ahí las escritoras y escritores que los generan. Espero haber cumplido con eso. El otro desafío era trabajar con ocho personas para hacer el libro. Hemos trabajado antes en antologías y libros con varios autores y suele tener sus contratiempos, demoras o imprevistos, incluso. Carmen vive en Paraguay y Eugenia en Buenos Aires. Sin embargo, la dinámica y la sinergia que se logró en Mujeres con memoria superó largamente mis expectativas. Si bien conocía a cada una de ellas, el grupo terminó siendo extraordinario, y seguiremos caminando a lo largo del año proyectando sus voces.
–¿Qué aporta esta antología en este momento?
R. I.: –Quiere ser un granito de arena, una contribución, a través de la literatura, para seguir construyendo memoria. Es un libro, valga la obviedad, profundamente literario, porque ocho mujeres a través de la poesía y la narrativa se reúnen para dar testimonio de la época –en primera persona o dando voz a los que ya no están–, y nos llevan por la vida de otros y otras que no conocimos, y nos acercan al sufrimiento, al horror y las pérdidas, pero también a la solidaridad, al amor y la esperanza. Este libro también es político y quiere serlo, reflejando el compromiso de las ocho mujeres que lo integran, y que como millones de argentinas y argentinos seguimos y seguiremos diciendo Nunca Más.
Las mujeres dan batalla

Caras y Caretas también habló con Silvia Barei, una de las escritoras que conforman esta antología. “Creemos que el arte, la música, la pintura, el teatro, la literatura, el cine cumplen un rol fundamental en la actual ‘batalla cultural’. La antología está dirigida a un público general. Es de lectura ágil por la sencillez de sus poemas y relatos, las historias que se traslucen en sus palabras y a la vez un relato muy arduo, de los dolores y las heridas no cerradas de una patria que sigue buscando y necesita saber qué ha sido de sus desaparecidos, qué ha sido de los nietos apropiados. Me gustaría que circulara por las escuelas secundarias porque hay mucho borramiento voluntario de la memoria y muchos jóvenes que desconocen la historia. En estos momentos necesitamos más poesía y sobre todo que la poesía diga los dolores del mundo.”
–¿Qué impronta tienen los poemas tuyos que integran el libro?
S. B.: –Mis poemas son parte de un proyecto mayor que estoy trabajando sobre mujeres y dictadura, aunque he estado pensando que debería ampliarlo a mujeres y memoria e incluir otros textos con otras historias que nos han atravesado a las mujeres de todos los tiempos. Abro el conjunto con un poema que se llama “Hay cavernas”, que es una especie de letanía lacerada de todo aquello que nos acongoja como sociedad. Y que termina cambiando el “hay” por el “¡ay!”.
–¿Qué tienen en común las mujeres escritoras de este libro?
S. B.: –Algunas tenemos en común haber sido parte de la vida cotidiana en los 70 con una juventud alegre y utópica primero y una terrible experiencia (cada cual a su modo) después. Las más jóvenes, como Norita Luna, han vivido en familia los dolores de los padres y el compromiso de todos por pelear, hasta el presente, por tiempos mejores. Y sobre todo, tenemos en común eso que compartimos con la mayoría de mujeres del mundo: la apuesta al arte, a las memorias, a los desafíos cotidianos de nuestras sociedades y al amor, el respeto y el cuidado de toda forma de vida en el planeta como banderas para transformar el mundo.
Carmen Colazo. “Me acuerdo, de pronto, del día en que se inició el Cordobazo, el día en que mataron a Miguel Ángel, Máximo Mena, para los diarios.” “Ese día, me dije, no puede ser. Miguel Ángel, el exnovio de María –la señora que trabaja en casa desde mis cuatro años– novio durante once años. No puede ser.” “Su muerte desató la furia de Córdoba que, finalmente, volteó la dictadura de Onganía.” (La Escuelita. Éramos el agua, 2025.)
Alicia Corzo. “Miguelito y la cárcel. Aquel día que mi tío Eber vio a Miguelito a un costado de la avenida demorado por la policía, se iniciaría un nuevo capítulo en nuestra vida familiar: el de los presos políticos. Aquella tarde del mes de julio del año 1976, Miguelito y su compañero fueron detenidos y llevados a la D2. En la familia se vivían momentos difíciles y angustiantes, se percibía en los rostros y comentarios de los mayores, además según había escuchado si te detenían podían matarte.”
Ernestina Elorriaga. “Oscar Chabrol / dibujó el contorno de su cuerpo en la pared / sabía del miedo / carcomiéndole los testículos / pero en esa pared de la D2 / en su sigla de muerte y desaparición / con el filo de su uña / garabateó su nombre / para que sea eternidad.”
La propia memoria

Eugenia Cabral, otra de las autoras del libro Mujeres con memoria, cuenta: “Esos relatos forman, en realidad, parte de un libro que se titula La flor nacional, como uno de ellos, y decidí publicarlos por este 50° aniversario del golpe militar de 1976. Hacia el ocaso narra una anécdota previa al golpe durante agosto de 1975, cuando ya en Córdoba se llamaba Comando Libertadores de América, el organismo paraestatal, que era una copia de la Triple A, Alianza Anticomunista Argentina. ‘La flor nacional’ está referida al ceibo, nuestra flor nacional, con ese color tan rojo, como el de la sangre, y refiere lo que era ir a buscar las listas de detenidos, que no se sabía si todavía estaban o dónde los habían llevado, a la penitenciaría de Barrio San Martín, que fue uno de los lugares más tremendos, junto con La Perla. ‘La Navidad y la sed’ es una anécdota muy particular que nos sucedió a los familiares de detenidos en Sierra Chica, en la Navidad del 76, cuando algunos accedimos a ver, por primera vez, a nuestros detenidos, que habían sido trasladados allí, desde Córdoba. Era una cárcel muy grande, y llevaban a los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo. Hubo una situación muy extraña, aterradora, que es la que relato ahí. Y ‘Los príncipes peligrosos’ tienen que ver con la quema de libros de una editorial, de la cual fue testigo Graciela Cabal, y se refiere a la quema de unos libros sobre príncipes de la época del Renacimiento, que aún así eran consideradas, vaya a saber por qué, literaturas peligrosas. En realidad, lo peligroso era la lectura, porque las dictaduras lo que persiguen no es solo a los escritores, los persiguen porque tienen lectores, la transmisión masiva que permite la lectura de una idea, de sentimientos, es lo verdaderamente peligroso, para las dictaduras. Cincuenta años después, nadie se rinde, hemos recibido en estos días el informe del Equipo Argentino de Antropología Forense respecto de la identificación de doce víctimas, y sabemos lo que este equipo ha aportado realmente a la lucha por el esclarecimiento del destino de los desaparecidos, siguen trabajando, hay que rendirles un homenaje. Tanto como a las Madres, a las Abuelas, a los hijos. Esta experiencia de la lucha contra las dictaduras se inscribe en un momento de guerra en el mundo, y en el cual nuestro propio presidente ya se ha pronunciado a favor de un bando que ha cometido un genocidio en Gaza. De alguna manera, ya comienza a tocarnos de cerca, ya nos implica en esta guerra que amenaza con ser mundial, y por eso no hay que aflojar en cuanto a la propia memoria. Además de la cuestión de la memoria de lo que ocurrió en los años 70, hay que agregar que esto es una lucha actual, porque hay militares en el poder, lamentablemente”.
Mónica Flores. “El niño náufrago. El niño tiene un año y cuatro meses y desde su cuna ha visto cómo se llevan a su padre. Es casi noche y las estrellas comienzan a descender como ascuas que incendian el viejo pino. En el suelo, una bota y un fusil pisan la espalda del hombre que un rato antes cargaba al niño cuando bajaron del colectivo.”
Livia Hidalgo. “glauce no supo que a sergio lo asesinaron las tres ‘a’ / el 25 de mayo de 1975. 9 días después de aquel 16 de mayo. / el día de su última visita. / hay quien vio los ojos desorbitados de sergio. / tal como ella los veía / en sueños: las cuencas de los ojos vacías. / y fue aquel superior ‘agredido’. / la afiliación política de sergio cubrió lo ominoso: / la vejación. /la violación.”
Nora Luna. “En los centros clandestinos de detención / quedó una huella indeleble, / de mujeres y hombres. / Hoy casi 50 años más tarde /aparecen esas huellas / en la tierra. / El viento no puede / borrar el pasado. / Ni la lluvia / llevar sus restos. / El deseo / de encontrar sus huellas / está en el alma de la tierra.”
