Ella soñó revoluciones y fue pródiga en aventuras. Su vida fue la de una nómade que busca la tierra prometida. Blanca Luz Brum nació en Pan de Azúcar, Uruguay, a comienzos del siglo XX. Muy jovencita se enamoró de un poeta peruano, se casó, tuvo un hijo y quedó viuda. Todo en breve lapso. Quizás ese fue el signo de su vida: la combustión rápida, feroz, arrasadora. En su travesía son inseparables los amores, las pasiones políticas, las apuestas intelectuales. Blanca anuda unos y otras, cada vez. Por eso, su obra no solo consiste en un conjunto de libros considerables de poesía y ensayo, sino en su propia vida.
Perú fue la segunda estación de su viaje. En Lima se incorpora al grupo de la revista Amauta, a las tertulias vespertinas en la casa de José Carlos Mariátegui, a las fiestas de la Universidad Popular González Prada. En 1927, el gobierno acusa a ese grupo de intentar un complot comunista para derrocarlo. Varios son encarcelados, otras deportadas. Es el caso de dos escritoras: Magda Portal y Blanca Luz. La primera iría hacia México y de allí a dar una serie de conferencias antiimperialistas en distintos países de Centroamérica. La segunda viaja a Buenos Aires, donde va a editar la revista Guerrilla. Desde esa ciudad le escribe cartas conmovedoras y jocosas a Mariátegui, que no deja de considerarla una amiga entrañable a lo largo de su vida. En alguna de ellas, le cuenta que quiere ir hacia Nicaragua, para enrolarse en las filas de Sandino.
No lo hizo, pero sí fue activa en la Conferencia de la III Internacional que se organizó en Montevideo, donde conoció a David Alfaro Siqueiros, uno de los artistas fundadores del muralismo mexicano y militante comunista. Casada con él se iría a México, a vivir una historia de pasión, cárcel y celos, que quedó registrada en un precioso libro llamado Penitenciaría-Niño perdido. Siqueiros estaba preso por su activismo, pero el Partido Comunista no lo respaldaba: le pedían que rompiera su vínculo con la poeta uruguaya, sospechada de trabajar para los servicios de inteligencia norteamericanos. Cuando él es liberado, viajan hacia el Río de la Plata para exponer su obra, dar conferencias y con la gran expectativa de pintar algún mural.
Causan tanto fervor como escándalo, pero no hay paredes públicas para el pintor. Sí una propuesta para realizar un mural en la quinta del dueño del diario Crítica, Natalio Botana. El mural ocupaba paredes, piso y techo de la bodega de la quinta y fue clave en el despliegue del muralismo local. Se trata del único mural con motivo erótico en la obra de Siqueiros y después de muchas batallas legales y políticas, fue restaurado y puesto a disposición del público en el Museo de la Casa Rosada.
UNA HISTORIA QUE ROZA EL MITO
Siqueiros volvió a México dejando el mural Ejercicio plástico y a su compañera, enamorada del empresario periodístico que lo había contratado. Es la década de 1930 y Blanca se incorpora a la vida intelectual argentina, como puede verse en la revista Contra que dirige Raúl González Tuñón y en la correspondencia que ella mantiene invitando a sus amigos a colaborar con el suplemento Multicolor de Crítica.
Luego vendrá una estadía en Chile, otros amores, una potencia de escándalo de la que quedan registros: la uruguaya, dirá Volodia Teitelboim, era por muchos deseada y por más temida, porque ponía sobre la mesa, una y otra vez, la cuestión del sexo. Pero también la que activa redes de solidaridad para otras personas, como hace con Magda Portal cuando esta es liberada de la prisión en Perú y se exilia en Chile. Y la que hace la prensa de la candidatura presidencial de Juan Antonio Ríos.
La mujer que soñó revoluciones, la poeta incendiaria, en la década de 1940 se entusiasmará con un militar argentino. Brum se sumó al equipo de prensa de la Secretaría de Trabajo y Previsión, bajo la conducción de Juan Domingo Perón. Ella tuvo un programa en radio Splendid y en la prensa gráfica escribió contra el embajador norteamericano Spruille Braden. Más tarde, escribió que fue la autora de una frase clave en la campaña: “Braden o Perón”.
Lo cuenta en un libro que escribe para festejar el regreso del general luego del largo exilio y la asunción de una nueva presidencia. Blanca Luz viaja desde Chile para asistir al acto y publica En brazos de su pueblo regresa Perón. Narra su interpretación del peronismo, distante de las fuerzas insurgentes que estaban tratando de producir su giro hacia el socialismo, y su propia participación en los hechos fundacionales: la campaña y la mítica movilización del 17 de octubre, en la que habría sostenido actividades de organización y agitación imprescindibles.
Blanca Luz se fue de la Argentina al día siguiente de la asunción de Perón, en 1946. Luego de triunfar en su campaña. La explicación fue murmurada: que ella había rechazado una propuesta matrimonial del ungido y que Eva la veía como una rival a la que había que tener lejos. No dejó de ser peronista en los años siguientes, en Chile, donde organizaría un Partido Peronista Femenino, junto con María de la Cruz, y una fuga de película para el preso Guillermo Patricio Kelly. Todo, mientras estaba casada con un empresario con el que tuvo una hija.
Luego del juicio por la colaboración en el escape del militante nacionalista, la escritora se radicó en una isla del archipiélago Juan Fernández, donde habitó un náufrago que sería el protagonista de la novela de Daniel Defoe. Ella peleó por el cambio de nombre de la isla y logró que llevara el de Robinson Crusoe. Vivió largos años allí, sin desentenderse del todo de la vida política –apoyó el golpe de Pinochet contra el gobierno socialista de Salvador Allende–, y sosteniendo el duelo por la muerte juvenil de sus dos hijos varones. Su luminosa belleza se apagó, junto con el sueño de la revolución. Dejó unos cuantos libros y una historia que roza el mito.
