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Caras y Caretas

           

“No quería hacer una serie de denuncia”

Ariel Winograd, director de Menem, el show del presidente, habla sobre la serie nacional más vista de Amazon Prime, que reconstruye la idiosincracia argentina de los años 90.

Si a comienzos de este siglo gran parte de la sociedad argentina buscó sepultar los 90, y ahora otra parte parece buscar reivindicarlos, existe alguien cuya obsesión parece ser, en principio, retratarlos. Menem. El show del presidente, que llegó a ser la serie argentina más vista desde el lanzamiento de Amazon Prime, es el último trabajo de Ariel Winograd, quien anteriormente había filmado Coppola, el representante para Disney+, donde narra esa década a partir de la figura del manager de Diego Maradona, y que en sus inicios como director de cine, veinte años atrás, había filmado la película Cara de queso, donde retrataba aquellos tiempos en el ámbito de un country de la comunidad judía.

“No sé si hay fijación u obsesión –explica Winograd a Caras y Caretas–, es algo que se dio de una manera natural, aunque es cierto que en su momento tanto de Pampa Films como luego de Amazon me mandaban proyectos a los que no les encontraba la vuelta porque no me terminaban de gustar, pero cuando desde Pampa me dijeron Coppola, les dije ‘listo, vamos’, y luego con Menem fue parecido, me encantó el guion, aunque al principio me negué tal vez por temor y tener demasiadas dudas, y fue ahí que mi esposa y mejor amiga y consejera Nathalie Cabiron lo leyó y me dijo que era un boludo sino lo tomaba porque era espectacular, a lo que se sumó que Mariano Varela, el productor de Amazon, me dio total libertad para trabajar, por lo que ahí cerró todo. No quería hacer una serie de denuncia, ni un planteo político, pero cuando Varela me dijo que hiciera lo que quisiera, tomé el desafío y agarré el guante, y fue como entrar en un gran viaje de egresados, un viaje alucinante y de muchísimo aprendizaje.”

Ariel Winograd. Foto: Alejandro Leiva.

–Sin embargo, contás que entre todos los proyectos que te enviaron elegiste dos vinculados a los 90, al igual que tu primera película. ¿Tiene que ver con alguna vivencia tuya de aquellos años?

–Hay algo que está ligado con mi adolescencia, con una etapa de mi vida, con un combo de clase media trabajadora, padre obstetra, mama maestra y primer viaje a Disney, pero analizándolo más de adulto, creo que fue una década a nivel mundial de un nivel enorme de apertura desde lo musical, lo pop, el consumo y el kitsch, donde además no había internet, eso lo retrato en Cara de queso, sobre un country y desde un lugar más adolescente, y en este caso era como explorar otros lugares de los 90, qué hacía el jet set, qué hacía la política.

–En lo personal parece que tenés buenos recuerdos de aquellos años, pero en tus producciones retratás también el clasismo, la droga, la corrupción y la frivolidad de esos años menemistas…

–Es que todo eso que comentaba tuvo un costo, era medio punk y no-future, y yo trato tal vez de hacer esto para entender, aunque puedo seguir sin entenderlo. Cara de queso sucedía durante el primer gobierno de Menem, no estaban las consecuencias todavía, entonces esa “fiesta inolvidable” se vivía constantemente, y al ser dentro de un country, todavía más cerrado y dentro de una mini sociedad, podría haber también una pequeña representación de un Coppola y de un Menem. Pero no busco juzgar, tal vez en Cara de queso sí lo hice, pero en el caso de Menem la intención fue ver cómo sería vivir en esos zapatos, calculo que siempre los personajes tratan de tomar lo que creen que son las decisiones correctas, entonces esto fue más ponerse el casco virtual de Aerosmith y viajar con ellos, que me parece mucho más atractivo que poner una lupa, para eso está la historia y ese es otro tema.

–Se pueden ver igualmente las traiciones ideológicas y políticas de Menem, así como la corrupción, por lo menos de su círculo íntimo. ¿Cuál fue la repercusión que tuviste una vez lanzada la serie, teniendo en cuenta que Zulemita Menem asesoró en el guion?

–Cada uno va a ver a partir de lo que está esperando ver, pero para mí lo clave es que la serie no tiene mala leche, hubo un laburo profesional y eso se ve. Después, leés que hay un familiar de Menem al que no le gustó, y es en un punto entendible, pero Zulemita me escribió diciéndome que sí le había gustado, además de decir públicamente que su padre estaría contento con la serie. De hecho Zulemita, a quien vi una vez que vino al rodaje donde se sacó fotos con Leo Sbaraglia y estuvo unos quince minutos en una situación medio extraña, incluso para ella, por la caracterización y por todo, hizo un trabajo previo con Mariano Varela, más que nada de asesoramiento. Igualmente Mariano habló con todos, incluso con Menem, que le dio los derechos. Pero lo que a mí me importaba eran las críticas más cinematográficas y técnicas, que se concentraban en la ficción, y esas fueron muy buenas para el producto y todos los que trabajamos allí, con los actores especialmente, recibimos muchos mensajes sobre el nivel de caracterización e interpretación que lograron. Más de una vez me parecía ver a Menem y no a Sbaraglia durante las grabaciones.

–Durante el primer mandato de Menem hubo por lo menos cuatro hechos luctuosos como los atentados a la embajada de Israel y a la AMIA, la muerte de Carlos Menem Jr. y la voladura de Río Tercero. Sin embargo, elegiste ponerle mucho más énfasis al tema AMIA. ¿Por qué razón?

–Sí, ahí hay decisiones que tomamos con los guionistas, porque fue un trabajo muy en conjunto, de cómo vamos a contar los hechos, y en construir un arco emocional en el cual empezar por el pico, es decir el triunfo presidencial y el comienzo de la fiesta, y después el fin de la fiesta, donde en los puntos de inflexión hay un personaje que termina develándose al final, y cómo se construye a partir de todo lo que le pasó antes, como si fuera un gran flashback, y tratamos dentro de las posibilidades de ser lo más fieles a la historia cronológica. Pero no hubo una cuestión personal en elegir darle tanto peso a la Amia, más allá de lo que pueda jugar el inconsciente al ser un atentado tan importante en nuestra historia y tan doloroso, pero sí a nivel ficción, ya que el hecho de que uno de los personajes del entorno esté involucrado emocionalmente con el atentado derivaba a que narrativamente funcionara.

–Respecto de lo artístico, llama la atención que los 90 fueron una década muy televisada, pero eligieron no usar mucho archivo, y también los titulares que incorpora la serie. ¿A qué se deben estas decisiones?

–Lo de prácticamente no usar material de archivo tuvo que ver con recrear nuestro propio mundo, esto de no hacer un libro de historia ni de que te acerques tanto, sino hacer nuestro Menem, y para eso filmamos con una cámara M3 de Sony, que es de los 80 y dio esa textura en muchas recreaciones. Y en relación con los títulos, fue una inspiración y un recurso hermoso del director Adam McKay, por quien tengo una admiración profunda. Él es un genio que juega con lo fílmico y documental en películas como The Big Short, donde esos recursos te permiten explicar veinte veces las cosas de veinte formas diferentes, para que entiendas lo que pasó, porque mi idea era que la entienda yo pero también mi hija de quince años.

–Aunque en la serie no se vea, finalmente Menem tuvo su reelección. ¿Habrá segunda temporada?

–Estamos en eso, estamos todos con mucha intención y ganas de seguir con este mundo, porque Menem se transformó en la serie argentina más vista en la historia de Amazon y fue un rodaje de esos de los que te enamorás, y que cuando termina no ves la hora de volver a jugar con esos personajes. 

Escrito por
Julián Blejmar
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