Todo cuanto Juan Manuel Fangio conocía de la mecánica de un vehículo de competición lo aprendió primero en su camino al estrellato a nivel local, fundamentalmente en pruebas zonales, y apuntándole al incipiente Turismo Carretera, esa categoría que abrió caminos y llevó la pasión fierrera a muchos rincones de nuestro país. Para Fangio, fue el trampolín para apuntar a cosas mayores, tras una prolífica campaña compitiendo en la Argentina, que lo llevaría años después a su triunfal paso por la Fórmula 1.
DEBUT OFICIAL
La primera participación de Fangio sobre un auto de TC se produce en la prueba desarrollada entre el 18 y el 20 de octubre de 1938, cuando es inscripto como acompañante de otro balcarceño, el piloto Luis Finocchietti, titular del Ford modelo 1938 que lució el número 28 en sus puertas y en el capot, durante el Gran Premio Argentino de Carretera. En esa prueba, en la que culminaron en la séptima posición, muchos historiadores del Chueco ratifican que fue él quien condujo en gran parte de la durísima carrera por diferentes caminos del país.
Su continuidad como corredor se concreta el 13 de noviembre de ese año, cuando participa con su Ford V8 en los “400 kilómetros de Tres Arroyos”, acompañado por Gilberto Bianculli, con quien se clasificó en la octava posición cuando la prueba fue suspendida tras haberse completado los cuatro primeros giros al circuito, debido a un accidente fatal.
Ya en 1939, se inscribe en la competencia del “circuito del Bosque” –su última participación con el Ford V8–, acompañado por Héctor Tieri, uno de los mecánicos del taller que poseía en Balcarce.
Por esos años, el TC cumplía su tercera temporada y el dominio de Ford, la marca del óvalo, era abrumador. Si bien aparecían automóviles de otras marcas, como los Chevrolet, Plymouth, De Soto y Dodge, entre los participantes, los títulos terminaron en las tres primeras ediciones de la categoría en manos de representantes de Ford, que además superaban ampliamente en número a los corredores que utilizaban otras marcas.
En ese contexto, el debut oficial de Fangio como piloto del TC se cristalizó el 19 de octubre de ese año, al inscribirse en el Gran Premio Argentino, y nuevamente con Tieri a su lado. Comenzaría entonces su romance con la marca del moño, ya que, gracias a una colecta armada entre numerosos amigos y comerciantes de Balcarce, pudo adquirir un Chevrolet modelo 1939 color negro.
Esa prueba, de características extraordinarias por las desgastantes exigencias que implicaba, encontró a Fangio clasificándose en la posición vigésimo segunda al arribar a Concordia, Entre Ríos, en medio de torrenciales lluvias y embarrados caminos de tierra. Eso determinó que los organizadores interrumpieran la competencia, que tuvo continuidad días después en la provincia de Córdoba, con el nombre de Gran Premio Extraordinario.
En ese momento, Fangio comenzó a mostrar sus virtudes conductivas, al ubicarse rápidamente delante de todos los competidores del equipo oficial Chevrolet: alcanzó su primer éxito durante la cuarta etapa, que se corrió por caminos de Catamarca y San Juan, en donde lideraba la clasificación general. Sin embargo, un accidente que padeció, pero que le permitió continuar, lo terminó por clasificar en el quinto puesto, un logro inmenso para un piloto emergente.
Esos resultados, además, alentaron a Fangio, que, junto a los amigos que lo acompañaron en aquellos primeros años como corredor, decidió adquirir un viejo local casi enfrente de donde tenían su taller inicial. Así, agrandaron su emprendimiento, para poder explotar la incipiente fama del Chueco. Renombraron el taller como Fangio, Duffard y Cía.
LA PRIMERA VICTORIA
Desde que comenzó a conducirlo, Fangio tuvo un medio mecánico muy bueno con su Chevrolet y en octubre, por caminos de altura que involucraban un recorrido por sinuosos senderos norteños de la Argentina, Bolivia y Perú, el balcarceño, tras recorrer agotadores 9.500 kilómetros, obtuvo su primera victoria en TC, en el Gran Premio del Norte, nuevamente acompañado por Tieri.
Aquel vehículo verde oscuro, con el número 26 en sus puertas y en el techo, había sido adquirido con el dinero producido de una rifa en la cual el mismo auto era el primer premio. Al vencer en esa competencia de carácter internacional, Fangio lo compra definitivamente y de la parte restante de su valor, entra la mitad a la sociedad para liberarla de los intereses que generaba esa adquisición.
Será ese “Chivo”, además, el primero en conquistar el título de Campeón Argentino del TC, por lo cual Fangio se instaló también como el primero de sus máximos ídolos en la rica historia de esa marca en la categoría.
Aquel Fangio pletórico logró instalarse como el primero en “competir” en un clásico de la divisional: él como representante de las huestes de Chevrolet, frente al notable porteño Oscar Alfredo Gálvez, otro enorme piloto que también quedará en la historia grande del automovilismo nacional, fiel defensor de la marca Ford. Fuera de las pistas, el Chueco y el Aguilucho fueron muy grandes amigos.
Ya instalado como un creciente ídolo entre los defensores de la marca del moño, entre el 22 y el 29 de junio de 1941, con aquel mismo Chevrolet 1940, Fangio logró una resonante victoria sobre Oscarcito Gálvez en suelo brasileño, por el Gran Premio Getúlio Vargas. La fama del balcarceño se extendía más allá de las fronteras.
Fangio también se impuso el 13 de diciembre de 1941 en las míticas Mil Millas Argentinas, una agotadora competencia que lo encontró en lo más alto del podio y le permitió ganar el título de Campeón Argentino del TC por segunda vez, y le dio a su marca su segundo cetro nacional, de corrido. Romper con el dominio de los Ford elevó su popularidad a nivel nacional.
El balcarceño siempre se mostró competitivo, aun sin llegar a lo más alto del podio. Logró vencer en dos etapas del Gran Premio del Sur, que se largó el 21 de enero de 1942, en el que se quedó con el segundo y el último parcial, pero algunos contratiempos lo retrasaron hasta posicionarse décimo en la clasificación general. De todas maneras, tuvo revancha cuando el 2 de abril ganó la tradicional competencia “Mar y Sierras”, en donde la cupé Chevrolet verde modelo 1940 fue la primera en ver la bandera a cuadros.
Por falta de repuestos que venían del exterior, ese campeonato del TC debió suspenderse debido al inicio de la tristemente célebre Segunda Guerra Mundial.
DESPUÉS DE LA GUERRA
Fangio recién retomó su participación deportiva en 1946, pero en dos pruebas automovilísticas no oficiales, y en autos de Mecánica Nacional, sobre circuitos de tierra, en ambos casos con Ford T. En la primera, con un auto facilitado por Florindo Nardi, terminó segundo en una serie en Morón, y en la otra, con un vehículo que le entregó Francisco Naranjo, ganó el Desafío de Tandil.
Ya en 1947, superados los inconvenientes producidos por la Segunda Guerra Mundial, Fangio comienza a competir cada vez más seguido en categorías de autos especiales, generalmente sin techo y monoplazas, aunque sin alejarse del todo del TC.
Su vuelta al TC será con un triunfo, el 29 de octubre, cuando con un Chevrolet rojo, modelo 1939 pero con motor de 1946, vence en la Doble Vuelta de la Ventana. Sus participaciones en 1948 en competencias internacionales son cada vez más repetidas, aunque no descuida del todo su participación en el TC. Entre el 28 y 29 de febrero venció en la denominada Vuelta de Pringles, resultado que repetirá entre el 24 y 25 de abril, cuando triunfó en la Vuelta de Entre Ríos, en ambas oportunidades con su Chevrolet modelo 39 de color rojo.
Posteriormente se anotó en pruebas de la Mecánica Nacional y también corrió en el exterior, incluso en una misión deportiva que lo tuvo como capitán de una formación de corredores, como un indicio de lo que sería su prolífica participación en Europa.
De todas maneras, el TC seguía resultando un enorme atractivo para el balcarceño. El 29 de octubre Fangio toma parte del Gran Premio de América del Sur, quizá la competencia más exigente del TC. También conocida como La Buenos Aires-Caracas, era una verdadera epopeya, con extensas jornadas por caminos sinuosos en los Andes. Contaba con 19 etapas en un recorrido que rondaba los 10 mil kilómetros. Se había largado desde Buenos Aires y tras surcar el centro del país, ya por caminos cordilleranos, los competidores cruzaron la frontera boliviana, y luego un recorrido andino, a grandes alturas, atravesando Perú, Ecuador, Colombia y recién culminaba en Caracas, por caminos en su mayoría de montaña. En esa competencia Fangio iba a vivir una de las más grandes desgracias de su carrera: el dolor de haber perdido a un amigo durante un accidente, su copiloto Daniel Urrutia.
Recién en 1949 el balcarceño volvió a las competencias, aunque no lo hizo en el popular TC, sino en categorías internacionales, pero compitiendo con un vehículo de Mecánica Nacional, para poco tiempo después hacerlo ya con autos especiales, en lo que sería la previa de la Fórmula 1.
En su vuelta a las rutas, con su rojo Chevrolet modelo 1939 y motor 1946, tomó parte del Gran Premio de Carreteras para finalizar en la segunda posición, detrás del vencedor, Juan Gálvez, el ídolo de Ford, que había llegado al TC para arrasar. Fue la última vez que el notable Juan Manuel Fangio se subió a una cupecita para competir en el cada vez más creciente TC. Su futuro estaba en Europa y su grandeza como deportista iba a aumentar hasta límites insospechables.
