Estaba flaco y pelado y lanzó junto a otros compañeros la idea de construir una organización de masas a partir de la lucha armada”, así recuerda el hoy senador uruguayo Ernesto Agazzi, compañero de militancia y de lucha del Pepe Mujica desde la primera hora, cómo fue su primer contacto con el hombre que marcó un antes y un después en la política de Uruguay. El 13 de mayo, cuando se conoció la muerte del expresidente, la sede del Movimiento de Participación Popular (MPP), en Montevideo, se convirtió en el lugar de referencia para todos sus compañeros de militancia. Ahí llegaron, con los ojos aún vidriosos por la reciente noticia, los compañeros más antiguos del Pepe, quienes compartieron con él sus andanzas desde los tiempos de la fundación del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), más conocido como Tupamaros. En la puerta se amontonaban los micrófonos de los periodistas y los “veteranos de la vieja guardia” y “amigos del viejo”, como los llaman cariñosamente los más jóvenes del partido, se acercaban con ganas de recordar los tiempos compartidos. “El Pepe fue el creador de nuestra organización, en las muchas vidas que tuvo. Fue un maestro, un constructor de la organización y un profesor para explicar cosas complicadas en la sociedad”, lo recordó Agazzi, para quien en el panorama político de Uruguay “va a haber un antes y un después de él”. Agazzi recordó también los comienzos de Mujica como tupamaro, organización de la que fue fundador, junto con otros compañeros como Raúl Sendic y Mauricio Rosencof: “Estaban todos flacos y pelados, habían sufrido mucho pero no tenían espejo retrovisor. Todos ellos siempre miraron para adelante”. El Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros nació a mediados de la década del 60, al calor de la revolución cubana y junto a muchas otras guerrillas del continente que buscaban la liberación del pueblo a través de la lucha armada. Durante los años 70, casi todos los países de América Latina atravesaron un período de gobiernos autoritarios, que utilizaron el aparato del Estado para perseguir, asesinar, torturar y hasta desaparecer a todo aquel que piense diferente e imponer un orden económico neoliberal en línea con la política económica de Estados Unidos. Esta coordinación de las dictaduras del continente, alineadas con la doctrina de seguridad nacional impuesta por Estados Unidos, pasó a conocerse como Plan Cóndor. Uruguay no fue la excepción. “El MLN se construye previendo que el Uruguay iba a desembocar en una dictadura. Esto en mi generación era algo popular porque el modelo en toda América Latina eran los golpes de Estados. El sueño era tener una herramienta para cuando llegara ese momento”, recordó Mujica en una de las últimas entrevistas que dio al diario uruguayo El País. Los Tupamaros pasaron a tener notoriedad por las acciones armadas que realizaban para conseguir armas y dinero para financiarse. Algunas de estas acciones, como robos a grandes empresas, bancos extranjeros o de alimentos que luego distribuían en zonas marginales, generaron simpatía entre los uruguayos. La prensa extranjera, en alguna oportunidad, los llamó los “Robin Hood de la guerrilla”. Más allá de las acciones armadas, los tupamaros inauguraron en Uruguay una forma diferente de hacer política. “Fueron muy originales, inventaron las mateadas. No existían las mateadas en Uruguay, las inventaron ellos. Salían con el mate a la plaza a juntarse con la gente. Eso achicó la distancia entre la gente y la política”, recordó también Agazzi. José Alberto Mujica Cordano comenzó a militar a los 14 años en una agrupación anarquista y libertaria –“pero no de esos libertarios que tienen en Argentina, que son un mamarracho… los libertarios son antiestado y anticapitalistas”, se encargaba de aclarar el propio Mujica–. Luego se integró al círculo político de Enrique Erro, exministro de Trabajo e Industria, y más tarde comenzó a militar en diferentes agrupaciones de izquierda. A mediados de los 60, junto con otros compañeros se sumó al incipiente Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, donde empezó como un simple militante y fue creciendo en la estructura hasta ocupar un lugar en la conducción.
FACUNDO
Con la lucha armada, Mujica debió pasar a la clandestinidad. Durante esos años utilizó los apodos de Facundo y Ulpiano. Una de las acciones más importantes del MLN de la que participó Mujica, que contó con un despliegue cinematográfico, fue la Toma de Pando. El 8 de octubre de 1969, 49 tupamaros ingresaron a la ciudad de Pando en caravana simulando ser un cortejo fúnebre. Una vez allí desplegaron un gran operativo que culminó con la toma de la central telefónica, la comisaría, el cuartel de bomberos y varios bancos. Los tupamaros lo graron llevarse un botín millonario. Durante la retirada se produjo un enfrentamiento con la policía en el que murieron un civil, tres tupamaros y un efectivo. En 1970, Mujica fue capturado por primera vez. Un efectivo lo reconoció en el bar La Vía de Montevideo y dio aviso a la policía. Mujica intentó escapar pero recibió varios balazos en el abdomen y terminó internado en el Hospital Militar. Allí tuvo que ser operado de urgencia y pasó dos meses en terapia. “Yo no sabía nada: el que me operó era un médico compañero que yo ni conocía. Fue una desgracia con suerte”, contó tiempo después sobre este episodio. Cuando se recuperó, quedó preso. Pero esta vez no pasó mucho tiempo tras las rejas. En septiembre de 1971, protagonizó junto a un centenar de compañeros su primera fuga de un penal, conocida como “El Abuso”. Esta fuga también fue cinematográfica porque desde el interior del penal cavaron un túnel hasta una casa donde estarían esperándolos compañeros de la organización para trasladarlos hacia un lugar seguro. El túnel resultó casi una obra de ingeniería con varios obstáculos: cómo agujerear esos ladrillos antiguos y gruesos, cómo atravesar los cimientos, cómo respirar donde no llegaba el oxígeno, de dónde sacar las herramientas y cómo ocultarlas, qué hacer con la tierra que se sacaba. Mediante sobornos y complicidad de los de afuera, los tupamaros lograron la gesta y en un mes unos 106 presos –cinco de ellos presos comunes– se fugaron del penal. En octubre de ese mismo año lo capturaron nuevamente y en 1972 volvió a fugarse, esta vez con 15 compañeros y por las alcantarillas. El golpe de Estado de 1973 marcó su suerte a fuego: Mujica pasará muchos años secuestrado y sufrirá todo tipo de torturas. En una de las últimas entrevistas que dio Mujica a la prensa, poco antes de su muerte, recordó sus años como tupamaro. Lo hizo con la picardía con la que siempre habló de política. Sin embargo, la nostalgia dejó lugar para la autocrítica: “Construimos una organización para enfrentar el golpe de Estado y a la hora señalada no estuvimos ahí”.
