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Caras y Caretas

           

El apogeo de la primavera alfonsinista

Con el Juicio a las Juntas ya terminado, las elecciones legislativas tuvieron como claro ganador al radicalismo, que capitalizaba en lo político, aunque la economía no terminaba de despegar. El peronismo, de a poco, se reagrupaba en la corriente renovadora que, años después, cambiaría la historia.

Para describir algunos momentos históricos hay que mirarlos con perspectiva. Hay otros, en cambio, en los que es mejor zambullirse como si nada hubiera ocurrido después.

El escenario político de 1985 precisa de la segunda opción. La primavera alfonsinista se encaminaba a su apogeo. Había dos procesos simultáneos: el presidente Raúl Alfonsín imaginaba la posibilidad de ser el líder de un “tercer movimiento histórico” del campo nacional. Del lado peronista lo que había era una incógnita y una búsqueda: cómo salir del laberinto en el que seguía inmerso el peronismo luego de la derrota electoral que había sufrido en 1983.

LA BOLA DE NIEVE

Esa bola de nieve que ya rodaba en 1985 se había iniciado el domingo 30 de octubre de 1983, día de la elección presidencial que coronó a Alfonsín. Hubo varios hitos históricos en esa jornada. El más importante fue la culminación del proceso que se había iniciado en 1981 con la creación de la Multipartidaria para que la Argentina volviera a tener elecciones libres. Otro hito fue que por primera vez desde su fundación el Partido Justicialista perdía una elección. El impacto dentro del peronismo fue similar al de un terremoto que se produce en una zona inesperada. Hasta ese momento el peronismo se consideraba a sí mismo invencible en el terreno electoral.

El candidato del Frente Justicialista para la Liberación (Frejuli) fue Ítalo Luder. Su propia historia lo había ubicado en una visión matizada sobre las consecuencias del terrorismo de Estado que había asolado al país. Luder había sido presidente provisional bajo el gobierno de Isabel Perón. Ejerció el cargo del 13 de septiembre de 1975 al 17 de octubre del mismo año. Durante ese mes firmó los decretos 2.770, 2.771 y 2.772, que ordenaban la aniquilación de las organizaciones armadas que habían comenzado su accionar a fines de la década de 1960.

La candidatura de Alfonsín fue mucho más potente en todos los frentes. La posición del cacique radical frente a la dictadura era que había que juzgar los crímenes que había cometido, lo que sintonizó mejor con las expectativas de la mayoría de la sociedad argentina. Además, los rasgos personales y el estilo también fueron determinantes. Luder tenía una personalidad apagada, cansina. Muchos decían con ironía que “parecía un radical”. Alfonsín era expansivo, entrador, campechano, buen orador. Estaba mucho más cerca de lo que se puede definir como un líder carismático. El resultado de esa elección fue que Alfonsín consiguió el 51 por ciento de los votos y Luder el 40.

DOS AÑOS DESPUÉS

En 1985 la estela del triunfo alfonsinista continuaba. El gobierno radical tomó ese año la decisión histórica, inédita a nivel internacional, de que los militares fueran juzgados por tribunales civiles por los crímenes que habían cometido. El Juicio a las Juntas comenzó en abril de 1985 y se prolongó hasta el 14 de agosto del mismo año. Es decir que las elecciones de medio término, que se realizaron en noviembre, llegaron con las condenas a los jerarcas del plan de exterminio recién producidas.

Ese era el logro fundamental del gobierno de Alfonsín. En el terreno económico los resultados eran más magros. La inflación de 1985 fue del 385 por ciento, mientras que la del último año de la dictadura había sido de 433. El Plan Austral estaba recién lanzado y había tenido algunos resultados en la estabilización de los precios. La pobreza en el Gran Buenos Aires, según los datos del Centro de Población, Empleo y Desarrollo de la Universidad de Buenos Aires, había bajado del 22 por ciento en el último año de la dictadura al 14 por ciento.

Es decir: los resultados más potentes que podía exponer el gobierno radical pasaban por la política de derechos humanos y no por la política económica.

Las elecciones del 3 de noviembre llegaron con este clima. La crisis dentro del peronismo siguió siendo tan potente que el partido se dividió. La vieja guardia, los “dinosaurios”, no abrieron el juego para la renovación interna y hubo dos listas diferentes. El Frejuli, donde se quedaron los “dinosaurios”, y el Frente Renovador, un nombre que casi treinta años después retomaría Sergio Massa.

Entre los renovadores del 85 estaban Antonio Cafiero en la provincia de Buenos Aires; Carlos Menem, que era gobernador de La Rioja, y Carlos Grosso en la Capital Federal. Aunque a nivel nacional el Frejuli sacaría más votos, en la provincia de Buenos Aires el frente armado por Cafiero quedaría arriba del Frejuli.

El alfonsinismo, lógicamente, estaba en otra sintonía. Los jóvenes agrupados en la Coordinadora soñaban –como se dijo– con fundar un tercer movimiento histórico liderado por Alfonsín. En esa lectura, los dos anteriores habían sido el yrigoyenismo, a principios del siglo XX, con Hipólito Yrigoyen como caudillo fundador; y el peronismo, de Juan Domingo Perón, a mediados del mismo siglo. La realidad mostraría después que el alfonsinismo fue sin duda un proceso que marcó una etapa de la historia argentina, pero no le alcanzó para volverse un nuevo movimiento de masas.

Los resultados nacionales de la elección legislativa del 3 de noviembre fueron los siguientes: el radicalismo quedó primero con el 43 por ciento de los votos. Lo siguió el Frejuli con el 24,5 y luego el Frente Renovador con el 10 por ciento, que, como se dijo, quedó en segundo lugar detrás de la UCR en territorio bonaerense. La suma de los dos frentes peronistas mostraba que la crisis continuaba. Arañaban el 35 por ciento. Detrás quedaron el Partido Intransigente, con el 6 por ciento, y la Ucedé con el 3,7.

La primavera alfonsinista parecía consolidarse. El Plan Austral, acordado con el Fondo Monetario Internacional, tenía algunos resultados en el control de la inflación. Por lo bajo se cocinaban los conflictos que surgirían pocos meses después. El avance de los juicios contra los mandos medios de las Fuerzas Armadas daría a luz las rebeliones militares que pondrían en jaque al gobierno democrático y a la política que había impulsado. El plan económico de Juan Vital Sourrouille, seguido ministro de Economía del gobierno radical, terminaría en un proceso hiperinflacionario.

Pero ese 3 de noviembre de 1985 todo parecía florecer bajo un cielo luminoso. Nadie veía con claridad las tormentas que se avecinaban.

Escrito por
Demián Verduga
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