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Caras y Caretas

           

Xeneize y de Perón

La creencia popular según la cual era de Racing se instaló luego de que el General alentara, económicamente, la construcción del estadio del equipo de Avellaneda que, por ese gesto, fue bautizado en su nombre. Sin embargo, el líder del justicialismo era de Boca. Aquí, las pruebas.

Fue un mito persistente hasta entrado este siglo. Pero lo cierto es que Perón, que supo conquistar a la mitad más uno del país, jamás fue de Racing, sino del club más cercano a su popularidad. Posiblemente, aquella leyenda haya nacido en 1947, cuando el artículo 23 de la Ley 12.932 de Presupuesto Nacional autorizó al Poder Ejecutivo a otorgar créditos para financiar la construcción de campos, estadios e instalaciones deportivas, lo que implicó a la postre un cuantioso crédito de tres millones de pesos para la construcción del estadio de Racing, que, imponente y con capacidad para cien mil personas, se inauguró el 3 de septiembre de 1950 con la presencia del General. En agradecimiento, los dirigentes decidieron denominarlo “Juan Domingo Perón”, poner su busto en el hall de entrada, y nombrar al mismo Perón como presidente honorario, con lo que el exmandatario quedaría asociado de forma permanente a Racing.

En rigor de verdad, quien más había motorizado el crédito y las ayudas estatales había sido el ministro de Hacienda, Ramón Cereijo, fanático confeso del club de Avellaneda, al punto que, por aquellos años, a Racing se lo llegó a denominar “Sportivo Cereijo”. De hecho, tres décadas más tarde, sería el propio Cereijo quien en una entrevista con la revista Estadio, publicada el 21 de julio de 1981, aseveraría: “El General era simpatizante de Boca y no de Racing, como suponían muchos. Es más, en 1951, cuando se disputó la famosa final entre Banfield y Racing, Perón hinchaba por el primero. Usted sabe, es común que nos identifiquemos con los equipos más chicos”.

Sin embargo, en aquel entonces la información no se viralizaba ni existía internet, con lo que esa y otras pruebas que desmentían su afiliación a Racing y su predilección por Boca quedaban en rumores o leyendas populares, más allá de que Perón no haya sido un gran amante del fútbol –aunque entendía bien su peso político–, sino de la esgrima y el boxeo.

Así, el primer registro directo en este siglo XXI lo dio en 2009 el entonces senador Antonio Cafiero, cuando en declaraciones al programa Mundo Boca de Radio El Mundo afirmó que “esta situación de si Perón era o no hincha de Boca se discutió mucho tiempo”, pero aclaró: “Me consta y lo puedo probar en cualquier momento. ¡Perón era hincha de Boca! Lo que pasa es que no lo decía porque, evidentemente, cuidaba a las demás hinchadas de los otros clubes”. Para comprobar sus dichos, detalló que cuando era ministro de Isabel, entre los demás ministros surgió la duda, con lo que finalizada una reunión con la entonces presidenta y delante de todos, dijo: “Compañeros, acá tenemos una testigo insobornable. Que diga Isabel de quién era hincha Juan Perón”, a lo que “sin vacilar, ella dijo: ‘¡De Boca Juniors!’”. La fuente parecía inobjetable, pues como bien señalaba Cafiero, “puede ser que Isabel haya hecho muchas macanas, pero eso de tergiversar un sentimiento de Perón ya me parecería demasiado”.

UN HECHO DOCUMENTADO

Con todo, antes de la declaración de Cafiero, diversos investigadores, como Raanan Rein, Jorge Bernetti y Julián Scher, o periodistas como Bruno Passarelli, Cristian Vitale, Cristian Dellocchio, Roberto Di Sandro o Eduardo Merino ya habían encontrado registros previos que daban cuenta del verdadero club de Perón, como la citada entrevista a Cereijo, o el superclásico jugado el 19 de julio de 1953. Aquella tarde, Perón acudió a la cancha de River con Milton Eisenhower, hermano de Dwight, el presidente de los Estados Unidos. Ya en la cancha, Perón tuvo un especial saludo con un delantero de Boca, Elio Montaño, quien a la postre marcó el primer gol del triunfo de Boca por 3-2. Cuando le consultaron a Montaño qué le había dicho Perón, este contestó: “Como nos conocemos, me pidió que les hiciese un gol a los millos, yo lo tomé como una orden y me apuré en obedecer”. Pero además, según los registros de la época, el tercer gol de Boca, a cuatro minutos del final y que dio vuelta el partido, mostró a Perón saltando de su banco, frente a la mirada de Eisenhower, para celebrar la remontada.

Incluso existió la confesión del propio Perón, el 7 de septiembre de 1964 en una entrevista publicada por el diario Crónica, durante su exilio en Madrid. Allí, como al pasar, señaló sobre la derrota en un amistoso que Boca había disputado en ese país: “No solo la sentí como simpatizante de ese club, del que soy hincha desde hace muchos años, sino que me costó pagarle una apuesta a mi jardinero, un español que es ‘rabioso’ simpatizante del Betis”. La declaración la repetiría en el año de su regreso al país, cuando el presidente de Boca, Alberto J. Armando, quien tenía el apoyo de Lanusse para su proyecto de la Ciudad Deportiva, señaló: “Soy justicialista pero no de Perón”. La respuesta del General, siempre sonriente y en una entrevista televisada, fue: “Soy hincha de Boca pero no de Armando, ¿eh?”.

Las pruebas están a la vista. Pero no hacen más que respaldar una narración: ¿podría Perón ser de otro cuadro que de Boca?

Escrito por
Julián Blejmar
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