Pasaron cien años. Un siglo. El recuerdo se agiganta. En aquel lejano 1925, Boca Juniors fue el primer club argentino en realizar una gira por Europa. Eran años de divisiones en el fútbol local entre dos asociaciones –la Argentina (oficial) y la Amateurs– que separaron a los principales clubes porteños y de los alrededores.
La pelea había nacido en 1919 y se mantuvo hasta 1927. Boca había quedado del lado de la Asociación Argentina junto con Huracán, en tanto que Racing, River, Independiente, San Lorenzo y el grueso de los clubes más populares formaron la Amateurs, que no era reconocida por la FIFA. El club auriazul había ganado los torneos oficiales de 1923 y 1924, cuando llegó la iniciativa de un empresario de apellido Hermoso para realizar ese viaje, inesperado y cautivante.
Aceptado a fines de diciembre, Boca consiguió que varios clubes le prestaran jugadores porque nadie sabía si el equipo titular estaría en condiciones de medirse con rivales europeos. Así llegaron varios cracks: Cesáreo Onzari, figura de Huracán y autor –meses antes del viaje– del famoso gol desde el córner en la cancha de Sportivo Barracas que pasó a llamarse “gol olímpico” por la sencilla razón de que se lo convirtió al seleccionado uruguayo, flamante campeón olímpico de París.
Con Onzari (extremo izquierdo) se sumaron Manuel Seoane –tremendo goleador de Independiente que jugaba en esos días para El Porvenir por una suspensión con el Rojo–, el arquero Octavio Díaz (Rosario Central), Luis Vaccaro, de Argentinos Juniors, y Roberto Cochrane, de Tiro Federal de Rosario.
Despedido por una multitud, el plantel partió el 4 de febrero rumbo a Montevideo, en donde subiría al transatlántico “Formose”, rumbo a España. Hicieron escala en Río de Janeiro, más adelante en Funchal –capital de la isla de Madeira– y el 27 de febrero llegaron a Vigo, en Galicia. Mucho frío, lluvia y de a ratos nieve. El 5 de marzo debutaron enfrentando al Celta, el campeón de Galicia. La cancha no tenía pasto y estaba llena de una mezcla de barro y arena.
UNA FORMACIÓN EXCEPCIONAL
Aquel primer equipo argentino en Europa formó con Américo Tesoriere en el arco, Bidoglio y Mutis; Médici, Vaccaro y Elli, Tarasconi, Cerrotti, Garasino, Seoane y Onzari. A los dos minutos del juego, fue Antonio Cerrotti –apodado Carbunín– quien conectó un centro y, de cabeza, señaló el primer gol de un cuadro argentino en Europa. Con una tragedia en el medio, el partido llegó al final con victoria por 3-1. ¿Qué había pasado? Un temporal y la cantidad de público ubicado sobre una tribuna muy frágil provocaron el derrumbe y hubo tres fallecidos, que poco les importó a los organizadores locales.
Para la revancha, la cosa fue bien diferente. Los gallegos no habían digerido el triunfo argentino y el árbitro fue muy parcial y les cobró dos penales insólitos. El Celta ganó 3-1 la revancha y vengó la caída inicial a su manera. Los 150 kilómetros hasta Coruña sirvieron para hacer algunos cambios y volver al éxito, al derrotar al club local por 3-0 en el primer choque y ganarle por la mínima diferencia en Riazor, con gol de Domingo Tarasconi, el popular pelirrojo Tarasca, tremendo anotador de aquellos años.
Los seiscientos kilómetros entre Coruña y Madrid los hicieron en tren, viaje que duró más de 22 horas y les impidió descansar. El 19 de marzo derrotaron por 2-1 al Atlético de Madrid, en el viejo estadio Metropolitano. En cada partido había más público, ávido de saber de primera mano cómo jugaban los argentinos. La Liga de España, como tal, todavía no se jugaba, ya que arrancó en la temporada 1928/29. El fútbol había llegado a España debido a las influencias inglesas y en lugares muy concretos: Huelva, en Andalucía, y Vigo, en Galicia, donde viajó Boca e inició su histórico periplo. Eso sucedió en los años finales del siglo XIX y más tarde llegó hasta Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y otras ciudades. En aquellos años, eran simplemente torneos regionales y no existía una competencia unificada.
Real Madrid fue el siguiente rival, en su estadio ubicado en el barrio de Chamartín. No tardaron sus dirigentes en pedir refuerzos a clubes amigos y así armaron un combinado que lo tuvo a mal traer a Boca, aquel 22 de marzo. Sin embargo, el gol de Carmelo Pozzo alcanzó para festejar. Se despidieron de la capital española cuatro días después, con otro 1-0 sobre la Sociedad Gimnástica Española. El tanto lo hizo Manuel Seoane, la popular “Chancha”, que se convertiría en el goleador de la gira.
El Madrid había perdido la final de la Copa del Rey de 1924 ante Real Unión de Irún, el equipo vasco del pueblo situado a pasos de la frontera francesa. Aquel 2 de abril, Real Unión se floreó y venció por 4-0 a Boca, con cuatro goles de Juan Errazquin, un chico de 18 años que había nacido en Leones, Córdoba, y había vuelto con su familia al País Vasco, aunque moriría de tisis en 1931.
Algunas críticas en los diarios argentinos aumentaron tras la caída en Bilbao ante el Athletic local, que superó a un Boca disminuido por lesiones por 4-2, además de un arbitraje claramente tendencioso. Pequeño respiro al ganarle 1-0 al Osasuna en Pamplona, con gol de Seoane, y enseguida, el viaje a Cataluña. Debutaron ganándole 1-0 al Espanyol, el equipo catalán donde atajaba el famoso Ricardo Zamora, “el Divino”. En el desquite y con los anfitriones que pidieron refuerzos, Boca lo avasalló: fue 3-0, con doblete de Seoane y uno de Tarasca.
Lo principal de la gira estaba realizado. Faltaba enfrentar al Bayern Munich en la gélida tierra alemana, que terminó 1-1 (gol de Seoane) y seguir rumbo a Berlín, donde los boquenses aplastaron al Norden Nordwest por 3-0, además de demoler al elemental SpVgg Leipzig por 7 a 0. En el cierre, casi sin dinero porque lo prometido no terminó de cumplirse y la suma nefasta del invierno europeo más los viajes permanentes, Boca tuvo resto para vencer 2-0 al combinado de Frankfurt y el 7 de junio de 1925 fue 4-2 a un combinado parisino en el Stade Bergeyre. La Chancha Seoane, para variar, hizo tres de los cuatro goles.
Muy pronto, viaje hasta las islas Canarias y su continuación hasta Buenos Aires. Felices pero agotados y molestos con el público y los futbolistas españoles, los boquenses llegaron al puerto porteño, recibidos por una multitud de hinchas de todos los clubes. La gira deportiva fue un enorme éxito, aunque la dirigencia boquense perdió mucho dinero. En cambio, el club logró un masivo reconocimiento popular que lo llevó hasta donde hoy se mantiene, desde hace un siglo.
