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Caras y Caretas

           

De rey del rocanrol a empresario negligente

Ilustración: Alfredo Sábat

En los años 80 se había consagrado uno de los referentes ineludibles del under, con boliches emblemáticos como Café Einstein y Cemento. Con su estilo desfachatado y provocador, regenteó Cromañón, donde en la noche del 30 de diciembre de 2004 se verificaron importantes irregularidades que hicieron de la tragedia una verdadera masacre.

Emir Omar Chabán fue un excéntrico innovador cultural que con el tiempo se convirtió en mecenas de muchas de las bandas pioneras del rock argentino. Su estilo nada tuvo que ver con la clásica figura del “padrino” magnate, todopoderoso, que invierte sumas millonarias para blanquear negociados y cosechar popularidad.

Chabán fue un mecenas tercermundista, un emprendedor tozudo y soberbio, cuya religión fue atarlo todo con alambre. Se acostumbró a caminar al filo del abismo hasta que una bengala, una media sombra en llamas, las salidas de emergencia cerradas con candados, armaron la trampa mortal para 194 personas. Las víctimas formaban parte de una multitud que duplicaba la capacidad máxima de un boliche pomposamente bautizado República de Cromañón.

LOS AÑOS DORADOS

Chabán se convirtió en referente del under de los años 80, en el ocaso de la dictadura cívico-militar que había usurpado el poder el 24 de marzo de 1976. El rock había estado proscripto desde los años 60, durante otra dictadura, la encabezada por Juan Carlos Onganía. Los programas radiales que difundían rock salían al aire después de la medianoche. El primer simple de Almendra que se escuchó en forma masiva, en 1969, fue el “Tema de Pototo (Para saber cómo es la soledad)”, pero en la versión melódica grabada por Leonardo Favio, no en el registro original de la banda liderada por Luis Alberto Spinetta.

    En los 80, Chabán salió al ruedo con la apertura de los míticos Café Einstein y Cemento, sitios de referencia para los artistas que marcaron la época. A principios de 1980, Chabán, artista plástico y actor, junto con Sergio Aisenstein y Helmut Zieger abrieron Café Einstein, donde dieron sus primeros shows Soda Stereo, Sumo y Los Twist, entre otros.

    En 1985 inauguró Cemento, una discoteca que terminó siendo un espacio para recitales donde tocaron desde Sumo hasta los Redonditos de Ricota, desde Pappo y Riff hasta Attaque 77, pasando por La Renga, Las Pelotas, ANIMAL, Logos y Los Violadores, por nombrar algunas de las bandas que después llenaron estadios. En Cemento, en un festejo organizado para un aniversario de la revista El Porteño, sobre el mismo escenario tocaron y cantaron juntos los líderes de Los Redonditos de Ricota y Sumo, el Indio
    Solari y Luca Prodan.

    Chabán también administró Die Schule, un local ubicado en Alsina al 1600. En abril de 2004, inauguró y gerenció Cromañón, en el barrio porteño de Once.

    “Mi primer nombre es Emir, y un emir es una especie de príncipe. A mí me gusta creerme que soy importante. Por eso no caigo bien: soy un poco fanfa. Tuve suerte, siempre hice lo que quise con mi vida.” Chabán se definió a sí mismo, sin tapujos, al ser entrevistado por la periodista Viviana Gorbato para el libro Noche tras noche (1997), sobre la vida nocturna de Buenos Aires. Chabán siempre estaba predispuesto a llamar la atención con gestos extravagantes. Esa postura se derrumbó en la noche del 30 de diciembre de 2004, cuando el incendio en Cromañón destruyó 194 vidas, a las familias de esas víctimas fatales, y a miles de sobrevivientes de la tragedia. Chabán primero fue condenado a veinte años y luego le rebajaron la pena a diez años y nueve meses de prisión. El rey de la noche, del rock y del under se refugió en la Biblia y en la “culpa colectiva” por la tragedia de Cromañón, para tratar de eludir una responsabilidad que le pesaba y que admitía en su fuero íntimo, y en algunas entrevistas, pero siempre a medio camino. Su última resistencia –física y mental– fue avasallada por una enfermedad terminal.

    En sus tiempos de gloria, cuando estaba al frente del boliche Cemento, se daba a los placeres y compartía su vida con Katja Alemann, una mujer exitosa que lo acompañaba en sus extravagancias sin dejar de lado su propia carrera artística. Chabán, fiel a su estilo, solía decir que nunca había creído en la fidelidad: “Solo pienso en ellas, a pesar de ser misógino”. Llegó a decir que le “aterrorizaban” las mujeres, aunque admitía que le habían enseñado “a tener complejidad, cierto refinamiento y a cagar guita. Comprar y comprar me excita más que las mujeres”.

    Chabán nació el 31 de marzo de 1952 en la localidad bonaerense de San Martín. Antes de cumplir 30 años fue reconocido como empresario empeñado en difundir el rock y el teatro alternativo.

    Café Einstein estuvo abierto solo dos años, en Pueyrredón y Córdoba, pero se había convertido en un sitio de referencia del rock argentino. La inauguración de Cemento se produjo en junio de 1985. Laura Ramos, coautora junto con Cynthia Lejbowicz del libro Corazones en llamas. Historia del rock argentino en los 80, dijo sobre la apertura de ese templo del rock: “Cemento se había inaugurado el 28 de junio de 1985 pese a que el día anterior no estaban listas las losetas del techo; los pisos rebasaban de material, faltaba el sonido y aún no se habían comprado las bebidas. Llovía a cántaros esa noche y el local se inundó. ‘Mejor no abramos’, propuso Omar Chabán; ‘Vamos a abrir igual’, decidió Katja Alemann. Ella estaba vestida como una walkyria, con su cabellera colorada peinada hacia lo alto”. La fiesta terminó al amanecer y los mil invitados se fueron con los zapatos destruidos por el cemento húmedo del piso.

    En el mismo libro, el propio Chabán recordó ese acontecimiento: “La noche de la inauguración de Cemento yo subí al techo. Llovía y había mucho viento. Miraba la imponencia del cielo y pensaba que había vencido al monstruo. Casi me pongo a llorar. En ese momento subió mi papá y me llamó. No supe qué pasó toda esa noche, no tengo noción de la gente. Sé que subí al escenario y dije algunas cosas, pero no lo recuerdo”.

    Cemento forma parte de la épica de los 80, pero desde entonces Chabán tuvo problemas relacionados con la seguridad en los locales a su cargo. A principios de los años 90, Cemento fue clausurado en forma temporaria debido a las quejas de los vecinos.

    EL COMIENZO DEL FIN

    En abril de 2004 inauguró el más grande de los boliches en los que fue gerente: República Cromañón. Cuando se produjo la tragedia, el 30 de diciembre de 2004, Chabán fue detenido horas después. Recuperó la libertad a los cinco meses. Estuvo 166 días en libertad, en la casa de su madre y luego en una isla del Delta, donde se refugió para escapar de los escraches de los familiares de las víctimas. Volvió al penal de Marcos Paz, donde estuvo más de dos años, hasta que obtuvo su excarcelación y fue liberado otra vez, el 7 de diciembre de 2007.

    El 19 de agosto de 2009, el Tribunal Oral 24 lo condenó a veinte años de prisión, hasta que luego de varias instancias judiciales, el 17 de octubre de 2012 lo sentenciaron a diez años y nueve meses de cárcel.

    En agosto de 2013 le concedieron la prisión domiciliaria por la grave enfermedad que padecía y al poco tiempo lo internaron en el Hospital Santojanni.

    En una entrevista con la revista Rolling Stone, ya internado, su estado de salud y la condena sufrida lo habían hecho renegar de su pasado libertario como actor, artista plástico y gerente: “Soy antilibertad. La libertad crea gente boluda y violenta”.

    Su postura parecía apuntar a los que pren- dieron la bengala en Cromañón, a los que él les adjudicó siempre la responsabilidad de lo ocurrido, como si no hubiesen existido las salidas de emergencia cerradas con candado, la sobreventa de entradas, la incitación a llevar bengalas a los recitales de Callejeros y de otras bandas, y la media sombra. De todos modos, hizo su autocrítica tardía: “Toda la vida fui negligente, nunca pude controlar la violencia” en los boliches en los que fue gerente. Ya le quedaba poco de Emir, era un desolado Omar: “Yo soy el mayor fracasado del éxito. Siempre me echaron de todos lados. Todo el mundo quería que me fuera del país. Y al fin lo lograron, porque la cárcel es una isla”.

    “Lo único importante que hice en mi vida fue hacer que los grupos ganen guita (…) a partir de Cemento, los grupos empiezan a ganar guita sin tener que chuparle el culo a nadie.” Admitió su responsabilidad, culpó a Callejeros y también “al público que es responsable con nosotros. No penalmente, pero sí a nivel social. ¿Por qué nunca nadie habla de ellos?”.

    El tema de la “culpa colectiva” es algo que muchos han señalado después de la tragedia de Cromañón, por Cromañón, como ha ocurrido antes en muchos otros episodios trágicos de la historia nacional y universal. “Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie”, decía la escritora y activista feminista española Concepción Arenal y esos conceptos han sido tomados, entre otros, por Eduardo Galeano, para rechazar la idea de la responsabilidad colectiva que mancha por igual a víctimas y a victimarios. Emir Omar Chabán falleció el 17 de noviembre de 2014, con pena y sin gloria.

    Escrito por
    Carlos Rodriguez
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