Una nueva edición del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), que desde 1997 es el evento escénico más potente y convocante de la ciudad, va a copar los escenarios porteños entre el 18 y el 27 de octubre. Durante esos diez días se presentarán 65 trabajos en treinta escenarios, tanto teatrales como no convencionales. Habrá 32 obras de compañías internacionales y las restantes 33 serán nacionales. Para estas las localidades serán gratuitas y pueden reservarse a partir de las 48 horas previas a la función elegida. Para las producciones internacionales tendrán costos de entre 6 mil y 10 mil pesos, y pueden comprarse en el sitio oficial fiba.ar.
Como es habitual, las producciones escénicas se presentarán en los teatros independientes, espacios culturales y salas oficiales de la ciudad. Este año la nota destacada la pondrá la danza, que tendrá una presencia muy importante. Según explicó a Caras y Caretas Federico Irazábal, director artístico del FIBA, “este año en la programación internacional tenemos un desarrollo artístico muy atractivo. Por un lado viene Spellbound, una de las compañías italianas más destacadas de danza contemporánea, que trae tres proyectos. Uno de ellos, con muchos cuerpos en escena, se llama Vivaldiana, en el que abordan la obra de Vivaldi para reflexionar sobre el barroco. Asimismo vamos a tener dos proyectos que vienen de Corea del Sur, que trabajan sobre las danzas tradicionales coreanas cruzadas con el lenguaje contemporáneo. También viene una gran bailarina y coreógrafa canadiense, Heidi Strauss, que trae una obra íntima, Between me and you, una obra de danza teatro en la que se pregunta acerca de la identidad y la memoria, a partir de la pérdida de esa memoria y de esa identidad en el cuerpo de la madre. Este trabajo articula con algo que buscamos en FIBA, proyectos que involucren un poco más el cuerpo del espectador a través de una interacción con el performer, a través del vínculo empático que se plantea desde la escena hacia la platea”.
De los espectáculos nacionales, seis son coproducciones entre las compañías y el FIBA especialmente creados para esta edición; doce son proyectos ya estrenados, seleccionados de entre más de seiscientos presentados; cuatro son parte de un proyecto binacional bajo el nombre de “Puente Buenos Aires-Barcelona”; siete pertenecen a la sección “Platea baja”, dedicada a las infancias, y cuatro son de la programación actual de las salas del Complejo Teatral de Buenos Aires. Una de las obras seleccionadas en la convocatoria, es Seré, que trae al presente la voz de un exdetenido-desaparecido a través de su testimonio durante el Juicio a la Juntas.

Nuevas disciplinas
Este año el festival contará con nuevas disciplinas, como circo, teatro de objetos, música y cine, además de actividades especiales que incluirán mesas abiertas, talleres y presentaciones de libros. El ciclo “El teatro hace cine” presentará siete películas creadas por dramaturgos. En el caso del teatro de objetos, Expediente Ofelia es una gema en esta edición del FIBA. Es una rareza ya que viene desde la Patagonia, algo no frecuente en Buenos Aires, y también porque usa títeres y objetos como dispositivo principal para la narración. Versión libre de Hamlet, según su creadora, Paula Quintana, “todo comienza en los sueños nocturnos de una actriz en los que Ofelia se presenta como una niña que juega con el pequeño Hamlet. Esta actriz-narradora devela misterios a través de objetos arqueológicos, máscaras y títeres para descubrir quién fue la verdadera Ofelia”. Quintana es la dramaturga, actriz y diseñadora de la pieza, en la que además de objetos y títeres, trabaja con máscaras, proyección, narración y diseño multimedial. “Recuperamos la tradición del juglar en la narración, volviendo a las bases del teatro. La escenografía es un mueble armario, un gabinete de curiosidades que trae reminiscencias de aquellos cuartos de maravillas de los nobles europeos del período barroco.” Expediente Ofelia propone asomarse a Hamlet desde una mirada femenina, pero también con el punto de vista de los otros, los sin voz, como la enamorada del príncipe danés y Yorick, el hombre de la calavera que fue el bufón que lo hizo reír cuando era un niño.
Una de la tradiciones del FIBA es la presentación de obras site-specific, diseñadas para presentarse en espacios específicos no convencionales. Este año no será una excepción. “Una de las tres aperturas va a consistir en un recorrido urbano, que este año se convirtió en una navegación fluvial”, explicó Irazábal. “A partir de un proyecto que se llama El río, que el director alemán Clément Layes ha producido en diferentes lugares del mundo, lo producimos para que el público pueda navegar por el Riachuelo y encontrarse con la ciudad desde otra perspectiva, escuchando las historias de vida de los habitantes que viven a uno y otro lado de la vera del río, y que tienen una relación emocional, biográfica, histórica, política, económica, con el agua.” Este tipo de trabajos muchas veces solo puede verse durante el festival porque tienen un formato que no es fácil de producir. “Por ejemplo Telos, proyecto de Jorge Eiro y Zoilo Garcés, es una obra prácticamente imposible para que un artista independiente la sostenga, tanto por los costos como por la dificultad de gestionar en un espacio que no fue creado para que se haga una obra de teatro. Lo mismo pasa con Tres pozos, de Marco Canale y Miguel Oyarzún, que involucra a ciudadanos wichis del Impenetrable chaqueño.”
Uno de los hechos destacables de este festival es la avidez del público por sumarse a las funciones. Si bien hay muchos habitúes del teatro que esperan la fecha anual, son miles quienes se suman con el FIBA a la experiencia teatral sin ser espectadores permanentes. Esto demuestra el interés y la valoración que la población en general tiene hacia los hechos culturales, algo que se verifica tanto en Buenos Aires como en el resto del país. “Vivimos una tremenda crisis y el público sigue buscando los mecanismos para seguir conectado con sus consumos culturales. La política se ha encargado de destruir todo lo que puede y sin embargo resistimos con esa necesidad, buscando siempre algo que nos sorprenda. FIBA en buena medida es un proyecto artístico que queremos que tenga algo de esa capacidad de dialogar con ese espectador curioso, que tiene cierto interés de encontrarse y sorprenderse, por eso creemos que se suman nuevos espectadores año tras año”, concluyó Irazábal.
