Subacuática, una experiencia teatral muy poco convencional, se va a estrenar este sábado 12 de octubre en el Centro Cultural Caras y Caretas. La obra, basada en una novela de Melina Pogorelsky, se desarrolla completamente en la piscina del natatorio del espacio. Los actores se zambullen, flotan y nadan mientras interpretan los cuatro personajes. La puesta en escena fue pensada por Fernanda Ribeiz, cineasta, y Luciano Cáceres, actor y director teatral.
En esa pileta, entre el olor a cloro y el ruido de las clases de natación, Juan Gil Navarro interpreta a Pablo, un hombre que sobrelleva el duelo por la muerte de su esposa, Mariela, fallecida durante el parto de su hija Lola. Llevándola a natación encontró un espacio de media hora para él y lo aprovecha para nadar él mismo en esa pileta. Allí se le aparece Mariela y también se encuentra con Alejandra, marcada por la maternidad. En esa escenografía inimaginada, el trabajo propone una inmersión poética desafiando la corriente, aun cuando todo indica que no se puede hacer pie.
Caras y Caretas conversó con ellos tres, los directores y el protagonista, para conocer más a propósito de este inusual trabajo teatral, su origen, las búsquedas y las dificultades que suponen para la puesta en escena, la actuación y la producción.

–¿Cómo les llega esta obra y cómo deciden hacerla en una pileta?
Fernanda Ribeiz: –Conocía a Melina y toda su literatura infantil, que tiene dos sagas muy conocidas: Los Súper Minis y Las Súper 8. Leí la novela (Subacuática) en un día y me enamoré de ella. Nos juntamos y le dije que la veía en formato teatro. Por otra parte, con Luciano veníamos hace tiempo coqueteando con hacer algo juntos, y él, que tiene un montón de experiencia en la dirección teatral, me dijo que lo veía en una pileta. Entonces empezaron a encajar las piecitas de este rompecabezas.
Luciano Cáceres: –Hay un episodio que tiene que ver con el tiempo de maduración y la mirada teatral de esta novela. El punto era cómo imaginar el agua. Ahí aparecieron arneses, barcos con ruedas, telas, y en un momento, a ese se refiere Fer, le dije: “No, es en una pileta, hagamos un experimento”. Me acordaba del Centro Cultural Caras y Caretas, de la piscina del fondo que tenía una grada. O sea, estaba semipreparado. Había un lugar con piscina, en donde la gente se podía sentar a mirar lo que pasaba. Así llegamos a esta adaptación de la novela en una piscina real.
–Juan, como actor, ¿qué pensaste cuando te dijeron que la obra se iba a hacer en una pileta?
Juan Gil Navarro: –El líquido es el común denominador de todo. Yo estaba nadando, por decirlo de una forma, en una copa de vino, en la antesala para ver una obra en el San Martín, y se me acerca, también con una copa, Fer, a quien no conocía, se presenta y me dice: “Te quiero contar una idea que tenemos con Luciano Cáceres”, a quien yo había visto apenas unas semanas atrás. Me cuenta la idea, me hace un speech de lo que querían, y termina diciendo: “Pero es para hacer en una pileta”. Le dije que me encantaba, sin dudarlo, y al día siguiente recibí un mensaje de mucha alegría por eso y nos largamos.
–Como si fuera muy normal que sea en una pileta…
J. G. N.: –La historia me pareció genial, pero la clave fue la audacia de Fer en contarme eso ahí, sin conocernos, e invitarme a hacer algo que sonaba muy singular, porque una de las cosas más difíciles en estos tiempos es encontrar proyectos singulares. Además, es una obra en la que, más allá de la palabra, el cuerpo tiene una opinión distinta de la forma, el cuerpo puede opinar. Así que el cuerpo habla. Hacer esta obra es, literalmente, un piletazo.
–La puesta seguramente debe incorporar lo imprevisto del agua como escenario, cuyo movimiento puede traer situaciones no calculadas, así como la vulnerabilidad del cuerpo en esa situación. ¿Cómo trabajan con eso?
L. C.: –Las dificultades existen. Pero la idea es generar una experiencia y, Juan lo sabe también, yo vengo trabajando hace mucho en el teatro de experiencias. Que no sea la típica en la que vos te sentás en un lugar amable y lo que está pasando es vivenciando por otros. Acá el espectador tiene que ser partícipe desde que entra, y buscamos que pueda desconectar realmente de la realidad y meterse en un mundo nuevo durante el tiempo que dure la obra. Con esta experiencia nos fuimos al carajo, por decirlo de alguna manera. Todas esas dificultades, como bien decís, están: el sonido es particular, es lo mismo que pasaría si vos estás hablando en una pileta o escuchando una conversación de otras personas. A eso se suma la fusión que hicimos con Fer, ella siendo directora de cine y yo siendo director de teatro, con lo audiovisual, la forma narrativa, cómo entra la música, el aspecto sonoro, el trabajo con los actores. Como decía Juan, todo desde el comienzo te coloca distinto. Pero eso es un punto de partida. Después es enorme el trabajo que hacen los chicos para hacer que esto sea verosímil, sostenible, y que pueda contar Subacuática. Hay algo de inteligencia, poesía y emoción que tiene la novela, que plantea una tragedia desde un lugar que no es penoso. Contamos la historia de un tipo que pierde a su mujer el día que nació su hija, y se la encuentra en el fondo del agua, pero no es un bajón. Esta obra está llena de sanación, de alegría, de salir adelante, obviamente con el pesar y el dolor de lo que uno carga por una pérdida, pero con la responsabilidad de criar a una nenita y la posibilidad también de un nuevo amor. Va a ser una experiencia nutritiva. A mí me gusta hablar de un teatro nutritivo, no degustado de antemano. El público está más activo que nunca y acá va a entrar a un lugar donde hay olor a cloro, que está húmedo, se van a encontrar en otro espacio, lugar y tiempo. La obra es un instante lúcido, inspirado, poético y mojado sobre las relaciones humanas.

–¿Qué desafíos les trajo y qué es lo que más les interesa de hacer Subacuática?
F. R.: –El trabajo con los actores me gusta mucho, y tenía ganas de probar ese trabajo en algo que no fuera un página a página, pensando en planos únicamente, sino en un recorrido que lleva ensayos de otro estilo e involucrarse de otra manera. Básicamente me interesaba abordar la dirección desde ese lugar, desde el vínculo, el intercambio, la forma de acercarse, la forma de entender un personaje, de encontrarlo, de transitarlo. Lo más lindo que para mí tiene Subacuática es que habilita diferentes miradas y posibilidades. De todo el recorrido me fascinó cómo la novela abraza las posibles paternidades y maternidades. Todas, y no las juzga, no hay un bien y un mal sobre eso. Es como cada uno puede maternar y paternal, y en ese sentido es lo más hermoso que puede pasar.
J. G. N.: –Yo venía de una experiencia larga de teatro, que había sido muy buena, habíamos estado más de un año haciéndola, pero tenía mucho grito y mucho conflicto, entonces venía buscando algo que fuera un poco más amable, un poco más nutritivo, como dice Luciano, y apareció esto. Me acordé de una frase de Bruce Lee que decía que el agua podía chocar o podía fluir. En definitiva, lo que hacemos los actores es esto, hacemos que las palabras puedan fluir o puedan chocar. Venía cansado de que las palabras chocaran y necesitaba que la palabra fluyera un poco.
L. C.: –Fue fundamental enamorar con la propuesta. Lograr tener el voto de confianza del lugar, porque nunca se había hecho algo así. Y a todos los volvimos locos, no solo a los compañeros actores, que fueron los primeros que se sumaron, sino a este espacio que no estaba habituado a algo así y que está colmado de actividades todo el tiempo. Tenemos que ensayar a partir de las 22, cuando terminan las actividades de pileta. Más la iluminación y el sonido y el video, con todas las dificultades que implica por el contacto del agua y la electricidad. La verdad es que todo se dio para que este sábado estemos estrenando, con un voto de confianza enorme del lugar, toda la gente del Suterh, que nos apoyó sin haber visto nada, porque en realidad fuimos allí a buscar cómo contar esta historia. Teníamos muchas ideas y ante las dificultades aparecían siempre posibilidades, y estamos en un momento de maravilla, después habiendo hecho la puesta de luces y viendo el trabajo de los chicos, su entrega física y emocional. Pero la experiencia se va a completar con el público.
–Juan, ¿cómo es la situación en el agua? ¿Hacen pie o tienen que estar flotando todo el tiempo? Imagino que eso los obliga a tener una corporalidad diferente.
J. G. N.: –Empecé a nadar nuevamente, increíblemente, hace un año más o menos. El agua durante los primeros quince minutos corrige todas las ansiedades y la omnipotencia con la que uno llega siempre a la pileta. Por eso creo que la tercera directora ha sido el agua. Tiene una increíble manera de esculpir sobre la emoción y sobre lo que se dice. Cuando la obra arranca pasamos de estar completamente secos a estar mojados; en la zambullida probablemente te entre un poco de agua en el oído y si no te la sacás a tiempo vas a tener que arrancar un monólogo con un oído medio tapado. El agua me pasa por encima y me va cincelando y me da forma. No hacemos pie en ningún lugar, todos estamos flotando. Eso también tiene mucha incidencia en qué se dice y en cómo se dice. Además estamos atentos, con las dificultades del caso, a tratar de permanecer en nuestro lugar y no dejarnos llevar a la deriva. La experiencia es muy fuerte. El agua es determinante. Es un cliché decir que volvemos al útero, pero sí, en algún sentido de ahí venimos.
L. C.: –Como dijo Juan al principio, son estos cuerpos en malla, más entrega que estos actores que están poniendo su cuerpo, su temperatura. Los chicos tienen una entrega superior. Estoy muy agradecido a la aventura que aceptaron estos cuatro actores.
–Juan habla de volver al útero y la obra gira en torno de la maternidad. ¿Pensaron en eso al imaginar la puesta?
F. R.: –Está un poco asociado, porque cuando él nada se le empieza a parecer ella, la muerta, como le dice la autora. En ese tiempo de soledad, en ese tiempo que tiene para él, se le empieza a aparecer, y ella lo único que quiere es irse al agua. Desde el texto, esto del agua y el útero, nacer de ahí y cuando muere volver al agua, todo está entrelazado de alguna manera. También por eso la pileta era el lugar para hacerlo.
–¿Qué respuesta esperan del público ante la experiencia?
J. G. N.: –Que se vuelvan anfibios, que se tiren a la pileta después. Creo que como nos gusta y confiamos lo que estamos haciendo, e invitamos a la gente a que se acerque a una experiencia sensorial distinta, la gente que venga también lo va a sentir como algo con un cuidado especial. Lo que estamos haciendo no son elecciones algorítmicas, estamos haciendo algo en lo que creemos y eso es un buen principio para que quien lo reciba se sienta tratado de otra forma.
Ficha técnica
Dramaturgia: Melina Pogorelsky
Actúan: Ariadna Asturzzi, Juan Gil Navarro, Maricel Santin y Carolina Vilar
Dirección: Luciano Cáceres y Fernanda Ribeiz
Estreno: Sábado 12 de octubre a las 21 en el Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 330, CABA)
