“Asistimos a una situación inédita en materia de ciencia y tecnología tomando el ciclo de la recuperación democrática, es decir, estos últimos cuarenta años”, afirmó Fernando Peirano, titular de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación durante el gobierno anterior.
En diálogo con Caras y Caretas, Peirano recordó que “el corazón de la crisis actual es el cuestionamiento de una Argentina que tiene a la ciencia y la tecnología como uno de sus motores, para desarrollarse”. Esa, remarcó, es la diferencia con “otras experiencias en las cuales el recorte presupuestario desencadenaba problemas institucionales y en el horizonte del sistema”.
–Sería entonces, de parte del gobierno nacional, una redefinición que va mucho más allá de la poda momentánea de recursos.
–Una manifestación clara de este rumbo, de consecuencias más profundas, es la crisis institucional. Ya transcurrieron prácticamente diez meses de gobierno y como muestra de la falta de compromiso oficial, todavía no se designó al directorio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. Un órgano colegiado con protagonismo del Poder Ejecutivo, pero en el cual las decisiones se comparten con otras áreas del sector público y actores de la sociedad civil, con las que se articulan las reglas más básicas de funcionamiento de este sistema.
–¿Qué consecuencias trae el retraso en el nombramiento de autoridades?
–La demora en nombrar a ese cuerpo directivo dejó vacante la función de decidir cómo se asignarán los recursos que van a anticipar los rasgos y capacidades del sistema científico y tecnológico. Recordemos que durante el período 2020-23 el trabajo desarrollado fue el equivalente a una acción promocional cada siete días.
–¿Cuál fue el alcance de esa actividad?
–Todas las semanas se abría una nueva convocatoria, se adjudicaban nuevos proyectos y así se fue ampliando, fortaleciendo y renovando la cartera de iniciativas de la agencia. Hacia diciembre pasado sumaban unos ocho mil proyectos, mientras en lo que va del gobierno de Javier Milei no hubo ninguna nueva acción. Tampoco se contempló, pese a la elevada inflación, el ajuste de los respaldos para proyectos en curso. Hacia el final de la gestión anterior se había completado la evaluación técnica de 1.500 iniciativas sobre más de 3.200 proyectos de investigación científica y tecnológica, los instrumentos básicos de soporte a la inversión básica y aplicada. El proceso de adjudicación quedó en un limbo, no está aprobado ni desaprobado.
–La explicación oficial, en esta materia como en otras, es la necesidad de bajar el gasto público.
–Estamos en medio de un debate en el que algunos defienden un Estado similar al que existía previamente a los años de oro del capitalismo. Es decir, un Estado de fines del siglo XIX, cuando hoy las empresas en la Argentina participan del sistema científico tecnológico, como en otras partes del mundo, con resultados concretos a partir del impulso basado en esas investigaciones. De modo que con los recortes presupuestarios no hay un ahorro, sino una profunda descapitalización. Es perder las capacidades que teníamos, económicas, institucionales e intangibles, en materia de educación y de ciencia.
–La política del gobierno nacional hacia el sector, ¿tiene alguna referencia entre países en desarrollo?
–Estábamos en un sistema público-privado con poco volumen, en un país con poca inversión empresarial, si bien en su diseño se contemplaba ese comportamiento inversor. Ahora pasamos a un modelo que no existe en ningún país, con un Estado que se retira de las funciones de la investigación básica y de sostener la educación.

–¿Cuál diría que es el fundamento del proyecto libertario para el área?
–Se piensa que eso puede ser reemplazado por actores privados. Pero quien diga esto es alguien que no habla con los empresarios, que no conoce cómo se han desarrollado las principales innovaciones contemporáneas. Porque, justamente, si en algo hay un consenso es en que las grandes innovaciones disruptivas son siempre público-privadas.
–Suponiendo un giro político en los próximos años y otra orientación científico tecnológica, ¿la Argentina podrá recuperar el terreno perdido?
–Estamos en un proceso en marcha, no sabemos la profundidad de la crisis y cuánto va a durar. Ni qué compromiso de recuperación vamos a tener. Esa decisión fue muy importante después del gobierno de Mauricio Macri y en cuatro años pudimos revertir muchas de las regresiones que eran básicamente presupuestarias. Hoy son de otra naturaleza.
–¿El retroceso con Milei sería aun mayor que con Macri?
–Hoy, en lo que hace a ciencia y tecnología, se agrega la desarticulación institucional y una batalla cultural. El presidente quiere un Estado mínimo, precontemporáneo, cuando en realidad el progreso en los últimos cien años estuvo asociado a Estados que pueden cumplir funciones centrales. La primera, en un sentido contracíclico. Tener capacidad de respuesta frente a las crisis, ya sean macroeconómicas, ambientales, sanitarias, etcétera, para mitigar sus consecuencias,
–¿Reducir el Estado es la solución o el problema?
–El Estado es una reserva de la sociedad y eso está cada vez más asociado al conocimiento científico y a la capacidad tecnológica. Así los Estados pueden protegernos frente a escenarios inesperados y suavizar las trayectorias de las sociedades en el tiempo. Milei, sin embargo, se empecina en ser el presidente de una foto estática, de una coyuntura, niega la evolución y el futuro.
–¿Cuáles son los riesgos para el sistema científico y tecnológico de persistir el rumbo presente?
–Un sistema científico se construye con compromiso y excelencia, dos cosas dañadas profundamente. Después va la cuestión del presupuesto. En esta materia Milei altera la dinámica republicana. Porque los funcionarios, antes que expresar una orientación política, administran lo público, y eso se basa en el cumplimiento de leyes, normas y contratos que el gobierno no cumple.
–De hecho, dice que vetará el proyecto aprobado en el Parlamento financiar a las universidades.
–Lo cual tendrá un fuerte impacto en la economía. El sistema de ciencia y tecnología debe ser el recurso principal para aumentar la productividad y la capacidad de generar valor agregado a nuestros recursos. Si no, se va a limitar el rol de nuestras empresas y nuestros trabajadores se verán afectados.
–El gobierno también suspendió la ley 27.614 (de 2021, sobre el financiamiento plurianual creciente del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación).
–La universidad y el sistema científico son ventanas para ver cómo puede ser la Argentina en las próximas décadas. Pero la imagen actual es de mucha vulnerabilidad y una sociedad mucho menos equitativa de la que tenemos. Una sociedad que no puede darle volumen a su inversión en educación, en ciencia y tecnología reduce el margen de respuesta frente a los desafíos del crecimiento. El país es más vulnerable a los vaivenes del mundo y a cualquier situación inesperada.
–Se dice, sin embargo, que la estabilidad de precios y el equilibrio fiscal serán las bases para liberar las fuerzas del mercado y dejar que los actores privados tomen sus decisiones, también en el área tecnológica.
–Hay un abuso de Milei al plantear como objetivo la baja de la inflación y aprovechar ese contexto para reformar otras cosas que funcionaban, que no estaban mal, si bien había que mejorar, pero que por una cuestión ideológica está buscando desmantelar. Lo paradójico es que, en última instancia, para resolver los retos macro necesitamos una microeconomía más fuerte, y sin ciencia y educación no hay ninguna posibilidad de darle los pilares adecuados a la macro.
–La Argentina se enorgullecía de tener la plataforma de investigación e innovaciones más avanzada de la región. ¿Perderá esa posición?
–Vamos a contramano del desarrollo. Es cierto que teníamos desafíos muy importantes y difíciles de resolver. No estábamos en un punto de llegada sino de arranque en la construcción de un sistema científico y tecnológico moderno y maduro. Nos faltaba por recorrer, pero hoy la meta está más lejana.
–Sin adelantos propios, ¿el sistema productivo nacional quedará subordinado a las decisiones de las grandes corporaciones?
–El cambio tecnológico no se puede parar. Pero lo que no hay que hacer es imaginar el futuro a partir de los planes y modelos de negocios de las corporaciones del Silicon Valley (San Francisco, EE.UU., sede de las mayores empresas tecnológicas estadounidenses). Los países no deben ajustar sus proyecciones a cómo quieren esas compañías que sea el futuro. O abrazar acríticamente un plan de negocios como una hoja de ruta social. Ahora, difícilmente podamos completar un ciclo con un sector público competente, eficiente, resolutivo, que es un pilar para un sector privado más fuerte e inclusivo.
–El Estado mínimo al que se apunta, ¿resolverá las deficiencias del modelo anterior?
–Nosotros teníamos el compromiso de hacer que las cosas funcionaran y ahora estamos en el camino contrario. Planteábamos un Estado más eficiente, que se aprovechara de la ciencia y la tecnología como un recurso para llevar adelante políticas sectoriales que cerraran las brechas en materia de salud y educación pública, energía, infraestructura, seguridad. Lo que se plantea hoy es la negación del sistema más probado y más efectivo, aplicado por los países hoy desarrollados.
–¿Hubo avances con resultados concretos en los últimos años?
–Un caso sobresaliente, dentro del tramo de promoción estratégica, fue el desarrollado con la vacuna contra el covid-19 por parte de la Universidad Nacional de San Martín. Lo cual requirió la complementación con un laboratorio de capitales locales, con las capacidades técnicas, industriales y de recursos humanos que no tenía el sector público. Esto permitió convertir una idea de laboratorio en un producto masivo, la vacuna, que tiene además que superar instancias regulatorias, para lo cual, en general, las instituciones estatales no tienen experiencia.
–¿Qué impacto estima que tendrá el nuevo proceso de privatización?
–Para superar los techos en ciencia y tecnología el mundo ha utilizado algunas palancas. Una de ellas es la de que otros ministerios asuman la necesidad de incorporar los nuevos recursos. Otra palanca es la de las empresas estatales, como muestra el caso de la brasileña Petrobras con el desarrollo de la explotación hidrocarburífera off-shore, resultado del estímulo al desarrollo tecnológico. En la Argentina había un sistema bien encaminado y resuelto en apoyo a la producción científica y teníamos pendiente lo tecnológico. Claro que hubo progresos en la energía nuclear, la biotecnología, el software, etcétera. Pero nos falta ese músculo complementario a la capacidad científica que es el desarrollo tecnológico. Usar a las empresas públicas como palanca, aplicar estímulos tributarios y a la inversión, revisar regímenes de promoción industrial, para que la transformación sea con más ciencia y tecnología.
El éxodo ya empezó
–Durante la experiencia neoliberal de la década de 1990 se intensificó la “fuga de cerebros”. ¿Ese proceso podría reeditarse?
–El éxodo de investigadores ya está ocurriendo y a tasas alarmantes. Los jóvenes perciben que no hay una invitación para quedarse, al contrario, ven señales de expulsión y desaliento. La huella que va a dejar este período podrá medirse en la ausencia de los más jóvenes, que son los que nos permiten tener nuevos elementos culturales y de estímulo a la inversión y la creatividad.
–¿Ya se puede cuantificar esa tendencia?
–Hay un dato que no se había registrado antes. La caída en un 30 por ciento de las postulaciones a becas del Conicet. Los más jóvenes están leyendo las señales sobre el sistema de ciencias y ya directamente buscan otros ámbitos de trabajo. También hay un éxodo diario de investigadores que poco a poco van encontrando oportunidades en el exterior. A diferencia de lo que ocurría hace 25 años, hoy en día existen políticas muy aceitadas de parte de los países centrales para la captación o atracción de talentos, recursos humanos altamente calificados con muchos años de formación y que además han pasado un conjunto de filtros de sistemas de evaluación muy exigentes. La Argentina hoy está siendo una fuente muy importante en ese proceso, lo que anticipa cómo va a ser en los próximos años la economía, la sociedad.
