El golpe fue una idea de larga data. Desde que algunas fuerzas políticas se resignaron a la invencibilidad del peronismo en las urnas y optaron por conspirar contra el gobierno como eje central de su proyecto. Hubo un intento antes de la elección de 1951, fácilmente reprimido. Más crudo fue en abril de 1953, con las bombas que mataron a 6 personas durante un discurso de Perón en Plaza de Mayo, la aparición de los luego conocidos como Comandos Civiles, fuerza de choque civil de los golpistas, con integrantes de
varios partidos opositores.
Otros hechos terroristas jalonaron el camino a los meses decisivos del 55. Las relaciones gobierno/oposición se endurecieron más, incluso con sectores con muy buena relación previa. Es conocida la tensión con la cúpula de la Iglesia, incluida la sanción de la ley de divorcio a fines de 1954. En mayo del 55, las Cámaras legislativas dieron vía libre a una reforma constitucional con el único objeto de consagrar la separación del Estado y la Iglesia, a la espera de una definición del Ejecutivo.
La masacre del 16 de junio, y sus efectos, cambiaron la escena. Le siguieron llamados a la pacificación, pero las fuerzas ya estaban lanzadas. La renovación del gabinete y de los dirigentes partidarios y sindicales fue cerca del final. A la Aviación Naval responsable de los bombardeos, con algún aporte civil y de la Fuerza Aérea, se sumó en setiembre un sector grande de la Armada y una parte del Ejército. Al producirse el derrocamiento, solo hubo alguna resistencia inorgánica, Rosario la principal.
VOLVEREMOS
Perón repetirá en su destierro que prefirió evitar una guerra civil que hubiera destruido al país, ya que tenía el recuerdo de lo visto en Europa a inicios de los años 40. En Paraguay dirá pronto que su vuelta la harían posible los mismos que lo derrocaron. “Si tenemos razón, volveremos”, dijo después. Con su naciente conducción estratégica a distancia, la primera comunicación, “las Directivas Generales”, llegó dispersamente en enero de 1956 a los nacientes Comandos.
Para el movimiento peronista y los peronistas inorgánicos todo fue nuevo. Una ilegalidad rápida, con tres hechos centrales que iniciaron el intento de profunda desperonización del país, objetivo central de los gobiernos de Lonardi (más tolerante) y Aramburu: la intervención a la CGT (robo del cadáver de Evita incluido); la disolución del Partido Peronista y del PP Femenino y el decreto 4161 de marzo de 1956. Sumemos la disolución de la Fundación Eva Perón y del IAPI, las “purgas” de peronistas en distintos sectores, abarcando desde las FFAA (más de 600 oficiales marginados) al ámbito educativo y las estructuras estatales; y decenas de miles de investigados, procesados y detenidos, de la mano de innumerables comisiones investigadoras emanadas de la Comisión Nacional de Investigaciones, con atributos parajudiciales. Acompañado de una muy intensa acción propagandística específicamente contra Perón (“El tirano prófugo”) que incluyó el testimonio en su contra de su vicepresidente, Teisaire. La Junta Consultiva Nacional, integrada por casi todos los partidos, daba apoyo civil al gobierno.
En ese marco, se abría para el peronismo un largo camino, mayormente en la clandestinidad: la Resistencia.
Dos fueron los anhelos centrales del pueblo peronista: el regreso de Perón y la devolución de los restos de Evita (pocos recuerdan que hubo una pequeña marcha por Plaza de Mayo reclamando por ello, a días del robo). Hubo varios períodos de 1955 hasta mayo de 1973. En ninguno de ellos el peronismo pudo actuar nunca con total libertad y Perón fue el único proscripto de todo ese tiempo. Volvió en noviembre del 72, pero no pudo ser candidato, aceptando las condiciones de la dictadura de Lanusse. Esto culmina cuando en septiembre del 73 es candidato. Tuvo causas judiciales hasta 1972.
Centrándonos en el período más duro de la Resistencia Peronista, entendido como el período de mayor intransigencia de sus actores, este coincide temporalmente con la Libertadora, con el auge del antiperonismo más cerril. Los fusilamientos de junio de 1956, respuesta brutal a un levantamiento sin chances de victoria, fueron tributarios, por las armas, del 4161.
La primera recuperación de un espacio legal fue a través del sector que mantuvo constante la presencia pública del peronismo entre el 55 y el 72, el sindicalismo (Perón lo recordó el 1 de mayo de 1974). Ganando elecciones en el 56 y arruinándole al gobierno el Congreso Normalizador de la CGT que convocó en el 57. Entonces fueron las elecciones de convencionales constituyentes, donde la opción de Perón, el voto en blanco, fue la más elegida. Dos derrotas para la estrategia oficial, que apostaría a Balbín para presidente, más allá de un exiguo Partido de la Revolución Libertadora, cuyos miembros se reivindicaban “gorilas”. Perón escribió dos libros en esos años: La fuerza es el derecho de las bestias y La realidad de un año de tiranía; ya operaban los primeros grupos de la JP de los Comandos y la otra pequeña victoria fue la fuga de los seis presos del sur, hacia Chile.
CAÑOS Y MOVILIZACIÓN
La recuperación de sindicatos varió las acciones de la Resistencia. Los “caños”, las miles de acciones modestas, dieron paso a operaciones de otro calibre, al tener mayores recursos. La toma del Frigorífico Lisandro de la Torre (1959), con una gran movilización popular, marcó al gobierno de Frondizi y su ruptura definitiva del pacto con Perón, que le había dado los votos para llegar al Ejecutivo; pero también el límite a algunas formas. Probablemente el cierre de la primera etapa de la Resistencia.
Perón descreyó rápidamente que un levantamiento militar modificara la situación de fondo. Desde su periplo que culminó en España usó los recursos disponibles, algo escasos. Cooke fue su primer delegado. En 1959 nació el Partido Justicialista y ya había partidos neoperonistas desde 1955 (la Unión Popular de Bramuglia e incluso un Partido Populista, de Saadi). No eran un desafío a su liderazgo.
Lo que siguió a esa primera etapa de la Resistencia fue, tomando el título del libro pionero de Daniel James, una combinación de resistencia e integración.
