• Buscar

Caras y Caretas

           

Las mujeres de Perón

El General tuvo tres grandes amores. Las tres eran apasionadas, las tres eran muy jóvenes. Una pudo ser vicepresidenta y aún vive en España con 93 años. A otra el cáncer le arrebató ese honor.

Trazar la línea de corte que separa a una persona importante en la vida de alguien, de otra que no lo fue tanto, es una decisión discrecional, artesanal y hasta atrevida. Eso se propone esta nota, ahondar en las distintas compañías femeninas que tuvo Juan Domingo Perón durante su vida y conocer un poco más cómo fue entrelazándose ese mundo íntimo.

Hubo tres relaciones de amplio conocimiento público: Eva Duarte, Isabel Martínez y Aurelia Tizón. Pero en el medio, otros dos nombres rellenan los recovecos de su privacidad: Giuliana dei Fiori y María Cecilia Yurbel Peña (“Piraña”).

El orden cronológico es más o menos así. Aurelia Gabriela Tizón –también referida como Potota– tenía 23 años cuando se cruzó con Juan Domingo Perón. Fue maestra, traductora de inglés y además, pintaba. Estuvieron de novios hasta que se casaron en 1929 en la Iglesia Castrense Nuestra Señora de Luján, en el barrio porteño de Belgrano. Como es sabido, el matrimonio no tuvo hijos, sin embargo, unas sobrinas de Aurelia, Susana y Dora, fueron una parte importante para ambos. Vivieron en un departamento en Buenos Aires hasta que en 1936 envían a Perón a una misión diplomática en Chile, misión que Aurelia acompañó. En 1938, tuvieron que volver a Argentina porque le habían diagnosticado cáncer de útero, y falleció el 10 de septiembre de ese año.

Hay registros de algunas cartas que Perón les envío a Susana y Dora luego de la muerte de Potota desde Italia en 1939, donde permanecía con la misión de observar el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

En Italia, en una fiesta, conoció a Giuliana dei Fiori; ella era algo así como veinte años más joven que él. Perón vivía en un departamento en Roma, en la esquina de la embajada argentina; Giuliana no tardó en seguirlo y ocupó un cuarto contiguo. Cuando la guerra se puso más peligrosa, la misión militar recibió la orden de volverse. Perón volvió a Argentina vía España, alargó lo que pudo la despedida en Barcelona con Giuliana, ella lo siguió hasta allá, y allí se vieron por última vez. Era el año 1940.

30 años después, en 1970 (cuando tenía 75 años), Perón le pidió al empresario Jorge Antonio, que busque y encuentre a Giuliana. La búsqueda no tuvo éxito, fue imposible dar con su paradero. La pregunta de qué hubiera sido si quedará flotando en el aire.

De vuelta en Buenos Aires, a Perón lo envían a Mendoza en 1941 a que maneje el Centro de Instrucción de Montaña. Allí apareció María Cecilia Yurbel, también conocida como Piraña. Era muy jovencita, él tenía 46 años y ella, arañaba los 20. Al tiempo, se vienen juntos a vivir a Buenos Aires. Era una relación con tintes ocultos, tanto que a Perón en 1943 –ya era secretario de Trabajo y Previsión– le hacen una entrevista en Radio Belgrano y va acompañado de Piraña, a quien presenta como su hija.

En un impasse en el que Piraña tuvo que viajar a otra provincia a ver a su familia, apareció Eva Duarte en la vida de Juan Domingo Perón.

JUAN Y PERÓN

Evita apareció como un terremoto. La historia es conocida: se vieron por primera vez en un festival en el Luna Park. La relación tomó rápidamente tintes públicos, no era vista con buenos ojos por el entorno militar y si importó esa visión o no, no es relevante para destacar el hecho de que posicionó a la pareja en un lugar de poder y de cariño por parte de una gran porción del pueblo argentino.

El historiador Ignacio Clopett escribió Perón íntimo. Historias desconocidas; allí, entre muchos otros interrogantes y detalles de esta figura clave para comprender el devenir de nuestro país a partir del siglo pasado, aparece la pregunta sobre a quién amó más: si fue a Aurelia, o si fue a Eva. Según recupera Clopett, en charlas con familiares y amigos, el General habría dicho alguna vez: “¿Evita? Una mujer incomparable, ¡la mujer! Potota, el amor de mi vida, la mujer que más ame. Porque yo era, simplemente, Juan”. Ese detalle sutil, ese deslizamiento existente entre ser Juan y haberse convertido en Perón, es lo que permite establecer matices entre ambas relaciones.

La noche del 17 de octubre cambió para siempre la historia de esta relación: cuando lo encierran en Martín García, Perón le escribe a Eva: “Adorable tesoro, tan pronto salga de aquí nos casaremos y nos iremos a vivir a cualquier sitio (…) Díle a Mercante que hable con Farrell para saber si autorizan que nos vayamos al Chubut…”. ¿Una vida sin política? Eva murió de cáncer de útero el 26 de julio de 1952.

En 1955 se ve obligado al exilio. Luego de pasar por Paraguay, llega a Panamá. Allí es invitado a un espectáculo de danzas donde termina conociendo a María Estela Martínez Cartas, que a la postre será conocida popularmente como Isabel, su nombre artístico. Ella tenía 24 años en ese momento y era bailarina. Días después de verse por primera vez ella se acerca y le pregunta si necesita una secretaria y Perón le retrucó que si quería, podía sumarse a su comitiva siempre y cuando probara su comida antes que él para asegurarse que no estuviera envenenada. El 5 de enero de 1961 se casaron. La pareja vivió muchos años en España hasta que, en 1973, finaliza la proscripción del movimiento y Perón puede volver a Argentina.

En octubre de ese año, el matrimonio asume la presidencia con más del 60 por ciento de los votos: él a la cabeza, ella como vicepresidenta. La historia terminará llevando a María Estela Martínez de Perón a decidir el destino de la patria luego de que, en 1974, falleciera su marido.

Escrito por
Marina Amabile
Ver todos los artículos
Escrito por Marina Amabile

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo