• Buscar

Caras y Caretas

           

Siga el baile, siga el baile

Investigador de los carnavales porteños, Facundo Carman descubrió que hasta los años 30 eran más grandes que los Río y que sirvieron de lanzamiento y despegue para el tango y para Mirtha Legrand.

Pocos, muy pocos, de los 55.000 hinchas que concurren a la Bombonera saben que justo frente a esa gloriosa cancha existe una de las biblioteca y hemerotecas privadas más grandes de Buenos Aires, que guarda la que tal vez sea la mayor colección de libros, afiches y revistas políticas argentinas del siglo XX. Así, entre cuadros originales de Arlt, Evita, Rosas, Cortázar, Discépolo, el Che Guevara, destacados equipos de toda la historia de Boca Juniors, y en ciertos días, el canto nítido de la hinchada, Facundo Carman atesora esta enorme colección de cerca de cien mil ejemplares, que ocupa tres habitaciones de su casa, y de la cual también se nutre para sus investigaciones sociales y políticas.

Así, tras publicar El poder de la palabra escrita. Revistas y periódicos argentinos 1955-1976, Mujeres son las nuestras. Fotografías inéditas 1946-1983 y Afiches y carteles peronistas 1955-2015 –estas últimas junto a Roberto Baschetti y Nora Patrich–, Carman, licenciado en Ciencia Política por la UBA, acaba de editar El carnaval porteño durante el siglo XX a través de diarios y revistas (Papel Picado Ediciones), una investigación que le demandó más de diez años, visitas a hemerotecas públicas y privadas de todo el país y la revisión de más de mil revistas de todo el siglo XX.

Pero este último trabajo, además, tuvo el adicional de contarlo como uno de los protagonistas de esta historia, pues Carman es fundador y uno de los directores, desde 1992, de Los Amantes de la Boca, la murga más numerosa de toda la ciudad, con quinientos integrantes.

Su vínculo con los carnavales, narra a Caras y Caretas, nació en su infancia, cuando junto con amigos del barrio se fascinaba con los desfiles, bailes, juegos y bombitas de agua que volaban a su alrededor, y se mantuvo incluso frente a la fuerte decadencia que comenzaría una década más tarde. Según señala Carman, “ya en los últimos años del tercer peronismo el intendente José Embrioni no favorece las celebraciones callejeras por el alto nivel violencia política, y eso de alguna forma metió el carnaval para adentro, tras lo cual la dictadura le dio el golpe de gracia, al suprimir los feriados. Eso incluso cuando en 1980 el intendente Osvaldo Cacciatore, para celebrar los cuatrocientos años de la fundación de Buenos Aires, llevó adelante un carnaval majestuoso, pero eliminando las murgas e importando comparsas de Corrientes, en una movida que además de sacar la esencia del carnaval, significó diversas denuncias de corrupción por los gastos efectuados. Y si bien se podría pensar que con la llegada de la democracia se buscó volver a la tradición original, en aquel momento surgieron los ‘corseros’ que eran empresarios que negociaban con la municipalidad los cortes de calles y puestos de venta, con lo que el carnaval se desvirtuó porque pasó a ser muy comercial, relegando a las comisiones vecinales que eran las que tradicionalmente los organizaban”.

Carman añade que fue finalmente la década de 1990 la que volvió restituir a los carnavales porteños el brillo perdido, una definición en apariencia contradictoria, pero que él puede aclarar: entonces, “existía una generación de jóvenes que, desilusionados de la política, encontraron un espacio de encuentro y militancia en el ámbito cultural” que, especifica, en el caso de las murgas fue potenciado por los talleres dictados por Gualberto “Coco” Romero en el Centro Cultural Rojas, y por todo un colectivo, del que Carman fue parte, para aislar a los corseros y lograr en 1997 una ordenanza que declaró a la murga como patrimonio cultural, junto a una Comisión de Carnaval municipal, que hasta el día de hoy organiza los corsos.

Así, su pasión por las murgas y su rol de investigador lo llevaron al resultado lógico del libro, que muchos de sus amigos le venían pidiendo desde hace tiempo, sobre todo si se tiene en cuenta que, hasta el momento, se había publicado un solo trabajo, en la década de 1980, sobre el carnaval porteño, que de hecho era una compilación realizada por la Municipalidad de Buenos Aires sobre una investigación de la década de 1950 llevada a cabo por Enrique Horacio Puccia, un historiador de Barracas que, según Carman, partía de una hipótesis errónea pues “planteaba que la disminución de las agrupaciones corales, orfeones y comparsas, junto al mayor surgimiento de las murgas, marcaba una especie de decadencia del carnaval, ya que el carácter barrial y plebeyo de estas últimas, con bombos, platillos y silbatos, las diferenciaban de las comparsas vinculadas con una etnia o nacionalidad. Pero si bien es verdad que el carnaval siempre tuvo su veta elitista, al punto que los dos coros paradigmáticos, de Flores y Belgrano, tenían una extensión de 25 cuadras con los palcos ocupados por las familias más ricas de la ciudad, se trató siempre de un espacio muy inclusivo, por lo que esa visión de desestimar las murgas me hizo desconfiar de su enfoque”.

Esa supuesta decadencia, añade Carman, “contrastaba con todos los diarios y revistas de la época que revisaba, donde se podía ver la impresionante magnitud del carnaval para la década del 30, superior incluso a los de Uruguay y Brasil, con una cobertura que incluía todo tipo de fotos y crónicas en las primeras planas y los interiores, en especial Caras y Caretas, que se tomaba muy en serio el carnaval, con números de febrero cubriéndolo casi integralmente, por lo menos hasta su primera interrupción de 1939. Incluso, los miércoles posteriores a las fechas de carnaval, que terminan siempre los martes, los diarios no aparecían, algo que también se reguló, a partir de 1947 y por disposición oficial, para los lunes posteriores a los fines de semana de carnaval, tal vez para permitir a los empleados participar de las celebraciones. Todo eso se extendió hasta 1976″.

–¿Qué historias interesantes encontraste durante el proceso de investigación del libro?
–Una cuestión muy bien documentada es que el tango se hizo popular gracias a los bailes de carnaval, al punto que los diarios más elitistas se quejaban de que en estos eventos la gente ya no quería bailar otras cosa que tango. De hecho, hasta la década de 1950, las mayores orquestas de tango esperaban el carnaval para poder hacerse conocidas. Y también el carnaval inició la carrera de Mirtha Legrand, que fue reina en 1940, un año después de que lo fuera su hermana melliza, lo que les permitió sus primeros papeles en cine. También Diana Maggi, al ser reina del carnaval, logró su papel como coprotagonista de El hincha, de Enrique Santos Discépolo. Y justamente con Discépolo hay otra historia, que es que los bailes de carnaval se hicieron en el teatro Colón, aunque solo dos años pues frente a la indignación de las elites, los interrumpieron. En uno de esos años, 1935, el director de orquesta fue Discépolo. También pude desterrar un mito, que dice que en 1953 no hubo carnaval por el fallecimiento de Evita. Lo que en realidad sucedió es que en ese año la ciudad adhirió al Plan Quinquenal, que promovía el ahorro de energía, con lo que en la noche de la ciudad no se celebró, pero sí fue un año de mucho esplendor con las murgas actuando en los teatros.

–El libro finaliza en el siglo XX, pero vos seguiste ligado a los carnavales ¿Qué sucedió durante este siglo?
–El gran acontecimiento es el Bicentenario de 2010, con Fuerza Bruta y muchas murgas participando de la celebración callejera, junto a la imagen de Cristina (Fernández de Kirchner) poniéndose la galera. Ese año se devuelven los feriados de carnaval que había suprimido la dictadura, aunque fue también producto de una vieja lucha con marchas que hacíamos todos los años antes de los comienzos de cada carnaval. Esos feriados ayudaron al crecimiento, al dar más tiempo para la preparación y los viajes, pero el crecimiento fue permanente y en todos los gobiernos, porque además el carnaval tiene la característica de ser heterogéneo y reflejar las propias contradicciones sociales, con lo que en su interior es posible encontrar de todo, por lo que creo que las cien murgas y 1.500 murgueros que hay en la actualidad ya conforman un movimiento que difícilmente vuelva a decaer.

La presentación del El carnaval porteño durante el siglo XX a través de diarios y revistas se realizará el 8 de junio a las 19 en el Anfiteatro ATE (Belgrano 2527, CABA) en el marco del primer evento cultural de la Federación de Murgas y Organizadores de Corsos.

Escrito por
Julián Blejmar
Ver todos los artículos
Escrito por Julián Blejmar

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo