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Caras y Caretas

           

“Mugica fue mucho más que un curita bueno”

Juan Carlos Molina es cura villero y fue uno de los organizadores del acto en el que, junto a Cristina Fernández, se homenajeó al padre Carlos a cincuenta años de su asesinato.

Juan Carlos Molina es de los que no se callan. Cura villero, defensor de los vulnerables, andador incansable por los rincones del país para mantener el contacto con ese pueblo que conoce y quiere representar por vocación sacerdotal y política. Tanto no se calla que fue quien convenció a Cristina Fernández de Kirchner para hacer un acto junto a otros curas villeros en el Instituto Patria en homenaje al padre Carlos Mugica a 50 años del martirio. Quería que una voz como la suya contribuyera a contrarrestar una tendencia que preocupa a Molina y a algunos de sus colegas y que él simplifica de esta manera: desde ciertos espacios de poder vinculados con la Iglesia se quiera convertir la figura de Mugica en “una estampita”.

–¿Qué significa que lo conviertan en una estampita?

–Mi miedo, preocupación, lo que veíamos varios de los que nos toca trabajar en medio de la gente más vulnerable, más pobre, con pibes, es que le saquen a Mugica el pueblo, el pobre de al lado. Si bien fue un gran hombre de fe, Mugica la tradujo en su laburo en medio de las villas. De hecho, su transformación de vida fue esa: de ser un gorilita, un cajetilla, como decían antes, de vivir en la Recoleta con una mirada antiperonista, a esa transformación cuando le dicen sin Perón no hay Patria ni Dios, y eso lo conmociona. La sensación es que lo quieren convertir en un santito sin su gente.

–Es decir, vaciarlo de contenido popular.

–Claro, claro, convertirlo en un cura, un curita bueno. Y fue mucho más que un cura bueno. Fue un militante de la verdad, de la justicia social, un militante de que no haya exclusión, es mucho más que un curita bueno. Y la sensación es que por ahí si lo convertimos en un santito de estampita, deja de cuestionarnos, entonces dejamos de tener problemas, en estos tiempos en que se menciona “la grieta”. La grieta tiene que seguir existiendo. Nosotros estamos de un lado de la grieta, y si no estuviese esa grieta seríamos todos iguales. Y yo no quiero estar del otro lado, donde están cagando a los jubilados, a los pobres, donde festejan el 8,8 por ciento de inflación a costa de qué: del hambre, de salarios hechos mierda, de no sé cuántas personas durmiendo en la calle en Buenos Aires. Entonces si lo sacamos de ahí a Carlos Mugica…

-No discutimos más estas cosas.

–Claro. Que no lo utilicen políticamente. Entonces, no tiene que ser un santo de estampita.

–A propósito de la grieta, Francisco dijo que es un problema. ¿Cómo lo interpretamos, hay que resolver la grieta o hay que resolver los problemas que genera?

–A ver, si resolver para que no haya grieta es ponernos del lado del opresor, del genocida que está haciendo mierda todo, tiene que existir la grieta. Si cerrar la grieta es eso, estamos mal. ¿Cuánto hace que estamos así? Yo entiendo que no hay que fomentar la grieta, pero tampoco hay que salir a hacerse amigo de todos. El amor no es ser un boludón en la vida, al contrario. Y si hay alguien que eligió fue Jesús. Se podría haber hecho el tonto y quedado en su pueblito sin joder a nadie, y se metió en el núcleo del poder político y religioso, que era Jerusalén. Y ahí fue donde predicó, y no se puso del lado de los fariseos para que no le hagan nada. No fue así. No fue un tibio, y bueno por eso lo asesinaron, ¿no? Y por eso tuvimos Resurrección. Es un poco lo que le pasó a Mugica.

–Cuando los curas villeros dicen que a Mugica lo están matando de nuevo por dejarlo en el olvido de los pobres, ¿es porque no está presente en el recuerdo en los barrios populares?

–Es un poco lo de la estampita, y lo que me parece que hay que hacer es reivindicar a un Mugica que se jugó entero. El otro día en la misa que hubo en la parroquia de Solano estaban expuestos los mocasines embarrados, te hace acordar a un montón de cosas. No usaba las alpargatas que usaba el pobre en la Villa 31, o en esa época las Pampero; estaba en medio de la gente con sus mocasines llenos de tierra. Creo que es el Mugica que hoy tenemos que seguir reivindicando, el Mugica de los mocasines sucios por estar pisando la tierra.

–¿Qué cambió desde aquella época en la relación entre la práctica política y la práctica religiosa en los curas villeros?

–Primero, una aclaración: los que no son curas villeros y están del otro lado y hablan de que hay que bancar a Milei también están haciendo política, eh, ojo. Y el Evangelio es sumamente político, y Jesús fue sumamente político, y Francisco es político. Porque si no quedamos nosotros como los “comunistas” que decimos barbaridades, y que los curas vayan a rezar y no digan otras cosas. ¿Y los otros qué?

–La diferencia es que algunos hacen política y se presentan como apolíticos.

–A mí me parece que no hay Evangelio sin el otro. Nosotros, como religiosos, como curas, como misioneros y catequistas, si desprendemos el Evangelio de que el otro tenga oportunidad de vivir feliz, que eso es el Reino de Dios, estamos perdidos. Y entonces sí siempre hay una política metida en el medio.

–¿Y acerca de las diferencias entre una época y otra?

–Me parece que no son épocas tan distintas, seguimos teniendo las dos grandes posturas que nos dividen. Creo que hay que tomar decisiones, que es lo que hizo Mugica. Quizás era tanta la opresión o tanta la desigualdad que se vivía en la época de Carlos y era tan poco visible todo eso que tipos como él llamaban más la atención. Hoy está todo mucho más visible, tenemos las redes sociales, los medios de comunicación, es mucho más rápido todo, pero no sé si hay tanta diferencia de cómo era antes.

–En el acto que usted impulsó, Cristina dijo que Mugica era la definición del cura villero. ¿Qué le parece?

–Me parece que lo que quiso decir es que fue la síntesis de lo que hoy representan los curas en la opción por los pobres y los villeros, que quizás entre los dos hay una diferencia de organización. Pero Mugica venía a resumir ese antes y ese después de los curas del Tercer Mundo, que venían de los curas obreros, y esta nueva movida que son los curas villeros, que van siguiendo el legado de vivir en la villa, siendo pobre en el medio de los pobres.

–¿Y usted cómo lo define?

–Creo que Mugica nos trasciende hoy, después de 50 años. Si bien hay peleas internas de quién es Carlos Mugica, creo que es una buena síntesis. Porque era el pibe rico, de Recoleta, que se fue convirtiendo a tal punto de dar la vida. El médico que lo recibe en el hospital contaba que Mugica le pide que primero atienda a su compañero, [Ricardo] Capelli, que también había sido alcanzado por la balacera. Y si lo hubiese atendido a él primero capaz que hasta salvaba su vida. Pero en ese momento tan complicado de estar en juego tu propia vida, sos capaz de decir “atendelo al otro”. Esa es la gran síntesis. Ese es el santo que quiero, no de estampita, sino el que en lo concreto es capaz de dar la vida.

Escrito por
Boyanovsky Bazán
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