En la novela Solar, del escritor inglés Ian McEwan, considerado entre los mejores autores de las letras británicas desde el fin de la Segunda Guerra, un premio Nobel en Física terminado pero veleidoso se apropia de una solución ajena para el cambio climático a partir del empleo de energía proveniente del astro rey.
Solar no solo perfila el retrato de un científico egoísta y mujeriego y de un ambiente académico atravesado por intereses y ambiciones a veces poco altruistas, sino también es una humorística introducción a un tema que puede resultar farragoso, y que en la superficie y en el trasfondo tiene muy poco de comicidad.
En la realidad, los océanos son el disipador más grande del mundo. Absorben el noventa por ciento del exceso de calor causado por el cambio climático. Además, constituyen un sumidero de carbono muy eficiente: amortiguan el 23 por ciento de las emisiones de CO2 generadas por la acción del ser humano.
Claro que la exigencia y las consecuencias de semejantes beneficios no son gratuitas. Los océanos se están volviendo más ácidos debido a que absorben más CO2 de la atmósfera y, al mismo tiempo, disminuyen sus niveles de oxígeno. También se producen modificaciones significativas en los patrones de las corrientes marinas. Todos estos factores afectan la salud de los océanos y de las especies que lo habitan y son fuente de recursos para millones de habitantes.
¿Por qué aumenta el nivel del mar? El incremento de las temperaturas a nivel global derrite glaciares, casquetes polares y nieves que hace rato dejaron de ser eternas en las cumbres montañosas, expandiendo el volumen del mar y provocando inundaciones más frecuentes y dañinas en zonas
costeras. Cada año, el nivel del mar sube tres milímetros. Es más cómodo no inquietarse cuando las referencias son casi imperceptibles a simple vista, pero hace rato que el asunto salió de los debates académicos para instalarse como alerta doméstica.
“El sur de los Andes sufrió la pérdida de entre el 20 y el 60 por ciento de los glaciares desde la década de 1980. El área registra así la mayor pérdida de masas de glaciares en el mundo, contribuyendo al aumento del nivel del mar. Se proyecta que la pérdida de masas de glaciares y el descongelamiento del permafrost continuará causando reducciones en las corrientes de los ríos patagónicos, poniendo en riesgo la disponibilidad de agua para las comunidades y cultivos que se desarrollan en los valles. Actualmente, la región andina sufre sequías intensas y frecuentes que se verán amplificadas”, precisa Paulina Martinetto, doctora en Biología e investigadora del Conicet, citando el último informe global del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC) del que es autora titular de un capítulo. Dice: “El aumento de las precipitaciones en lugares áridos, como el sur de la región chaqueña o en la provincia de San Luis, ha permitido el desarrollo de agricultura donde antes no se hacía. Sin embargo, los procesos de erosión del suelo por lluvias torrenciales y salinización se intensifican en zonas áridas. El aumento de precipitaciones combinado con el aumento de temperaturas también dispara que enfermedades transmitidas por vectores (mosquitos) tengan lugar en áreas donde antes no ocurrían. Por ejemplo, hoy tenemos dengue, zika y chikungunya más al sur de su distribución original”.
Consejera externa para la elaboración del Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático de Argentina (2020), Martinetto trabaja actualmente en la evaluación del rol de los ecosistemas marinos en la mitigación y adaptación al cambio climático. De vital importancia e interés para sus investigaciones son los humedales costeros conocidos como marismas. “Estas zonas con vegetación costera son áreas de transición entre la tierra y el mar, con características particulares. Están compuestos por especies de plantas con tolerancia a la salinidad, normalmente son inundados por las mareas y se desarrollan mayormente en áreas reparadas como bahías, lagunas costeras y estuarios. Estas áreas protegen la línea costera de la erosión, albergan una biodiversidad única y son la base de una red trófica que en muchos casos incluye juveniles de peces y crustáceos que de adultos tienen importancia económica en las pesquerías. En contexto de cambio climático, las marismas son importantes sumideros de carbono”, manifiesta.
AGUA DULCE, AGUA SALADA
En busca de respuestas y soluciones a los mismos problemas, Exequiel Rodríguez, ingeniero y doctor en Ciencia de los Materiales, produjo, en colaboración con la Universidad Nacional de Mar del Plata y el Conicet, el documental Agua dulce, agua salada, donde especialistas en distintos campos opinan y aportan con el común denominador del recurso hídrico y la amenaza de su insuficiencia por largos períodos.
“La intrusión salina es el fenómeno de filtrado de agua de mar que contamina los acuíferos de agua potable, que se suma a la aparición de sequías, seguidos de fenómenos de lluvias intensas. Durante la sequía aumenta el consumo y desciende el nivel de agua en los pozos, que no llegan a reponer el recurso. Por otro lado, cuando se producen lluvias muy intensas, el agua no llega a penetrar en la tierra (especialmente en ciudades grandes, donde la superficie está mayormente impermeabilizada por asfalto o cemento) y se dirige al mar sin poder ser aprovechada”, grafica. En ese sentido, “el resultado final es que las ciudades deben alejar los pozos de agua del mar, aumentando la distancia a la cual se realizan las perforaciones. Esto representa un desafío muy grande desde el punto de vista de la infraestructura urbana, que la mayoría de las comunas no puede afrontar. Por suerte hay investigaciones que trabajan sobre la problemática”, pondera.
Los doctores Sebastián Bonani y Juan Pablo Busalmen desarrollan la tecnología de humedales bioelectroquímicos. Estos humedales permiten tratar aguas residuales mediante el crecimiento de vegetación en condiciones controladas, lo que posibilita la proliferación de microorganismos que degradan la materia orgánica. “El agua tratada de esta manera queda lista para reinfiltrarse en los acuíferos de manera segura, sin riesgo para la población. Por otro lado, empresas privadas como Fluence, que se encuentra en el Parque Industrial de Mar del Plata, desarrollan tecnologías basadas en el proceso de ósmosis inversa, que permite purificar y retratar aguas loacales, pero también desalinizar el agua. Así, el mar se vuelve un recurso para obtener agua potable y permite abastecer a las ciudades costeras en los períodos de escasez del recurso”, estiman, justamente, en vísperas de una nueva temporada turística, con su incremento de demanda en todo el litoral atlántico.
