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Compromiso de vida

Ilustración: Andrés Alvez
Ilustración: Andrés Alvez

Spinetta siempre tuvo los pies en la tierra y fue un observador de la realidad que lo rodeaba. En 1997 apoyó la lucha de los docentes que ayunaban en la Carpa Blanca, y desde 2006, a raíz de la tragedia de Ecos, hizo suya la causa por la concientización sobre la importancia de la seguridad vial.

El recuerdo de Luis Alberto Spinetta permanecerá por siempre en la memoria colectiva, no sólo por la revolución que provocó en la música local, el antes y el después en el rock nacional que recién nacía de la mano de estos grandes artistas, como Charly García y León Gieco, sino también por el compromiso con las causas sociales, que volvió al músico un símbolo de amor y lucha.

Spinetta fue y será la cara del rock argentino, pero distante de ese inconsciente colectivo que caracteriza a este tipo de artistas como tipos duros, con ímpetus desenfrenados y egos más grandes que sus cabezas; masculinidades cargadas de las expectativas sociales de aquellas décadas. Spinetta se despegaba y lo demostraba en sus canciones y sus dichos cargados de una empatía excepcional; y es por esto que quizás haya sido uno de los artistas más queridos, un hombre involucrado con su comunidad, a tal punto que uno de los viaductos de la ciudad de Buenos Aires lleva su nombre, su rostro y las tapas de sus discos. Y, aun así, este gesto público para homenajearlo le queda chico.

“Compromiso” es la palabra que quizá mejor lo defina. Si bien la oscuridad de la última dictadura militar no alcanzó del todo al músico, cuya única canción censurada no fue por exponer el terror estatal, sino por promiscuidad y obscenidad en “Me gusta ese tajo”, de Pescado Rabioso, sus convicciones políticas lo llevaron a apoyar distintas luchas, como la resistencia docente en la Carpa Blanca, que estuvo instalada durante 1.003 días frente al Congreso de la Nación en reclamo de mejoras salariales, y la concientización de la seguridad vial a raíz de la tragedia del Colegio Ecos, ocurrida en 2006.

MAESTRO TAL VEZ

En 1997, los impactos de las políticas de ajuste y privatización del neoliberalismo implementadas por Carlos Menem eran tangibles en la sociedad. El sector educativo, como siempre, era uno de los más golpeados; frente al desamparo estatal, el 2 de abril de ese año se inició una protesta, la más extensa de la historia argentina, en la que, durante 33 meses, miles de docentes ayunaron en la famosa Carpa Blanca, ubicada en Entre Ríos al 50, frente al Congreso nacional, en reclamo de fondos para el sistema educativo a través de la sanción de la Ley de Financiamiento Educativo.

Fue ese mismo año que el músico tomó y defendió como propia una causa que le era ajena, un sello que lució siempre, esa capacidad por hacer de la música una herramienta de transformación social. “Honestamente, yo no soy nadie, pero ahora soy un montón porque soy todos ustedes y me encanta estar así”, rezaba el Flaco con un micrófono ante los miles de manifestantes que colmaban las calles del centro porteño, y vestido de guardapolvo blanco se unía y se perdía entre la masa docente, volviéndose uno más. “Como si fuera un grano de arena más, en un inmenso material de una solidez muy grande, que son los maestros. Y solamente con la intención y con mi corazón de impulsar aún más esta idea que va a beneficiar a todos”, dijo en un discurso que quedará en los archivos periodísticos como un diamante histórico.

La Carpa Blanca resistió 1.003 días, durante los cuales unos 1.400 docentes de todo el país se turnaron día tras día para ayunar como forma de protesta, y tres millones de personas concurrieron en demostración de apoyo, incluso personalidades destacadas, como Mercedes Sosa, León Gieco, Alfredo Alcón, Eduardo Galeano, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y familiares de María Soledad Morales y José Luis Cabezas.

No fue hasta el 30 de diciembre de 1999, después de que se realizaran las elecciones presidenciales que llevaron a Fernando de la Rúa a la presidencia, que la carpa fue levantada. Fue debido a la sanción de la Ley 25.539, promulgada ese día, que a través de una Reforma Tributaria creó el Fondo para el Financiamiento Educativo, que mantuvo el Fondo de Incentivo Docente (Fonid) y garantizó un fondo salarial de 660 millones de pesos.

ECOS DE UNA TRAGEDIA

El 8 de octubre de 2006 ocurrió un accidente fatal al regreso de un viaje estudiantil solidario desde Chaco: nueve adolescentes y una profesora murieron al estrellarse en la Ruta Nacional 11 contra un camión cuyo conductor manejaba borracho, que también murió junto a su acompañante. El hecho se conoció en los medios como la tragedia Ecos, por la escuela a donde asistían los alumnos y alumnas; la misma a la que asistía Vera, la hija menor de Spinetta.

“Me gustaría que mi música ayude a paliar el dolor de los que no pueden”, había dicho el Flaco en una presentación en el Teatro Colón en 2002, sin saber por aquel entonces que sus palabras resonarían años más tarde. Desde un primer momento, el músico se acercó a los familiares de las víctimas y se comprometió con ellos. De ese compromiso surgió la canción “8 de octubre”: “Una noche hará mil días, mi naturaleza es ser semilla. Las puertas abriré y la muerte escapará, porque para aprender, hay tanto que saber perder”. Incluso, en 2008, editó un disco llamado Un mañana, para homenajear a los fallecidos.

Un año más tarde, en el tercer aniversario de la tragedia, Spinetta brindó un recital en el que expresó una de sus frases recordadas: “Respeten la vida. Grábense eso. Es muy importante que esto que están viendo y escuchando hoy le sirva a cada uno de ustedes cada vez que están decidiendo quién maneja y cada vez que están pensando en consumir alcohol. Si me prometen que van a tener en cuenta lo que les estoy diciendo, me voy a ir de acá contento”.

Escrito por
Chiara Finocchiaro
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