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Las lecciones de Bolivia

El candidato del MAS, Luis Arce, festejaba su triunfo en las elecciones presidenciales de Bolivia.

El aparato golpista que derrocó a Evo Morales, sostenido por los Estados Unidos, por la derecha vernácula y por el poder concentrado, mostró su fracaso en las urnas, donde se impuso el MAS, a través de la figura de Luis Arce.

El 18 de octubre la Historia anduvo otra vez por América latina. Las elecciones bolivianas, limpias, pacíficas y avasallantes dejaron varios temas para la reflexión.

El primero es que la victoria del MAS vino a consolidar el giro político y económico regional que ya se había activado, en 2019, con el triunfo del Frente de Todos en la Argentina.

Los exabruptos del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro; las constantes visitas a la región del canciller estadounidense Mike Pompeo, y el asedio de Comando Sur y sus ejercicios militares hacían parecer que no había suficiente fuerza acumulada como para oponerse a las presiones de Washington. No es así. En un solo fin de semana quedó en evidencia que América del Sur sigue firme en el largo camino hacia su destino soberano.

En Chile, una multitud se mostró decidida a enterrar la Constitución de Pinochet; en Colombia, decenas de miles de campesinos e indígenas recorrieron 600 kilómetros hasta Bogotá para exigir un cambio; en la Argentina, un pueblo desafió la pandemia para respaldar a su presidente, y en Bolivia, la “hija dilecta” de Bolívar, se desbancó una dictadura feroz a través de las urnas.

Este es el segundo punto importante para la reflexión. En apenas once meses, los bolivianos derrotaron, en todos los frentes, un formidable aparato golpista, una suerte de monstruo de varias cabezas. Vencieron a la oligarquía y a la derecha radical que sembraban el pánico con sus bandas armadas; neutralizaron el dispositivo mediático que demonizaba día y noche al binomio Arce-Choquehuanca y más todavía, pudieron contra la impresionante maquinaria del imperio.

La Casa Blanca y el poder transnacional no sólo invirtieron cuantiosas sumas de dinero en agentes, armas y propaganda, además de ejercer las consabidas presiones diplomáticas, militares y económicas, sino que también activaron todos los recursos legales e ilegales disponibles para mantener en Bolivia un gobierno sumiso. En su último libro, Golpe en Bolivia. Washington ordenó, la OEA ejecutó, Stella Calloni ofrece muchas pruebas documentales sobre esas operaciones ilícitas, algunas de las cuales incluyen servicios de inteligencia de varios países sudamericanos, como la AFI de la Argentina en el período Macri.

En un mundo en transición hegemónica como el actual, es vital para Washington tener las riendas de la región y el control del litio. Bolivia es, en ese sentido, una pieza clave. Sin embargo, fracasó. Y no sólo por la heroica lucha de los bolivianos. Pesó además un importante factor interno: la creciente descomposición, los enfrentamientos y las confusiones que hoy, a menos de un mes de las elecciones presidenciales, carcomen a los Estados Unidos.

EN BUSCA DE LA SOBERANÍA PERDIDA

La tercera reflexión apunta al futuro regional. Los primeros pasos ya anunciados por el presidente electo Luis Arce serán retomar la senda interrumpida con el golpe de Estado: reactivación económica, pacificación interna y, en el plano de la política exterior, restablecer relaciones con Cuba, Venezuela e Irán; reflotar la Unasur y abandonar el Grupo de Lima. En este camino, la Argentina deberá ser su mejor compañera.

Entre las primeras medidas dictatoriales de Jeanine Añez estuvieron la ruptura de relaciones con Venezuela, la expulsión de los médicos cubanos, la salida del país del Alba y Unasur, y el ingreso de Bolivia al Grupo de Lima. De forma igualmente ilegal, es decir sin consultarlo previamente con el Congreso, los gobiernos derechistas de Perú, Colombia, Brasil, la Argentina, Chile y Paraguay decidieron suspender su presencia en Unasur, en 2018. Los siguió Ecuador en 2019.

Es hora de reparar este paso en falso. El triunfo del MAS indica que ha llegado el momento de retomar la senda de la soberanía. Bolivia y la Argentina están llamadas a cumplir juntas un rol precursor. La integración regional, el fortalecimiento de la democracia, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la defensa permanente de nuestra región como zona de paz deben otra vez convertirse en nuestras principales banderas.

Escrito por
Telma Luzzani
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