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LOS DESAFÍOS DE LA VIRTUALIDAD

La cuarentena impuso una situación inédita para toda la sociedad. El programa Seguimos Educando expresa la voluntad del Estado por respetar un derecho básico y apuesta al desarrollo de nuevas herramientas y estrategias pedagógicas.

Estamos habitando una dimensión extraña del tiempo que irrumpió en todos los espacios de la vida a nivel globa y que en nuestro país se llevó por delante el normal inicio del año lectivo, en todos los niveles del sistema educativo. En este presente inmediato de la experiencia se esbozan y articulan algunas de las miradas intersubjetivas que convergen en torno de la enseñanza en tiempos de coronavirus y que podrían estar conformando una estructura del sentir –al decir de Raymond Williams– en la búsqueda de una comunidad de sentido.

Desde hace décadas, los procesos de enseñanza y de aprendizaje que se producen en las instituciones educativas están signados por contextos de segmentación y fragmentación social. Cuando no hay una decisión política y recursos para paliar las desigualdades sociales, la acumulación de desventajas de las y los estudiantes con pocos recursos –en todos los niveles– se profundiza aún más. Por esto, es importante recordar que venimos de cuatro años de descuido de las instituciones públicas y de discontinuidad de los programas educativos que implementaban las políticas inclusivas. Este iba a ser un año difícil para la educación pública aun antes del coronavirus.

En el marco de la Emergencia Sanitaria, la decisión política del Gobierno nacional de mantener el vínculo pedagógico a través del programa Seguimos Educando y la adhesión de las provincias y jurisdicciones significa garantizar el derecho a la educación en todos sus niveles. Docentes, estudiantes y familias construyen un modo de experiencia y de proximidad social mediado por las tecnologías. La virtualidad cobra centralidad en la medida en que sostiene el vínculo pedagógico y lo refuerza a través de la comunicación sincrónica y asincrónica, lo que diferencia esta tecnología de la televisión y la radio.

TRABAJO COTIDIANO

En este escenario, la continuidad pedagógica se plasma en el despliegue de los materiales didácticos, así como en las herramientas y los recursos audiovisuales para la enseñanza a distancia, que se presentan de manera impresa y digital en las plataformas y en los medios de comunicación. Esto es posible gracias al trabajo cotidiano de los equipos técnicos y a la labor territorial de la comunidad educativa y científica en las escuelas primarias, secundarias y en las universidades públicas, para la contención social, la salud y el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Se requiere también del esfuerzo de las familias, ya que el Estado debe asegurar el cumplimiento de los derechos de las infancias y las juventudes a ser escuchadas, respetadas y a aprender.

Sin embargo, la gestión territorial de estas políticas educativas frente al coronavirus se desarrolla de modos desiguales, ya que depende de las posibilidades y los recursos con los que cuenta la escuela y la comunidad. En lo que refiere al nivel básico y al nivel secundario, las y los docentes comparten una serie de preocupaciones socialmente significativas. En primer lugar, sobre los condicionantes económicos y culturales de las y los estudiantes, que se expresan en las condiciones de alimentación, de convivencia y hacinamiento, así como en las dificultades para el acceso a las tecnologías. La preocupación entonces es cómo se van a expresar las desiguales formas en las que tienen lugar los procesos de enseñanza y de aprendizaje de las niñas, niños y jóvenes y si habrá algún tipo de acreditación de este proceso atípico. Una segunda preocupación se relaciona con la incorporación de los dispositivos pedagógicos que desplegaron los gobiernos nacional y provinciales, ya que, en muchos casos, las escuelas utilizan materiales y actividades que son diseñados por los equipos docentes de cada institución y se envían a través de sus plataformas, correos electrónicos y/o WhatsApp.

Se observan, además, algunas disonancias respecto del uso apropiado de las herramientas tecnológicas por parte de las y los docentes de todos los niveles para el desarrollo de las clases virtuales. Esto se presenta también en las universidades públicas, que decidieron virtualizar la enseñanza aprovechando sus plataformas tecnológicas. Las y los profesores universitarios de diferentes disciplinas se movilizan en torno de las estrategias de enseñanza en la virtualidad para mantener la continuidad, atendiendo a las desigualdades preexistentes, que se evidencian y profundizan.

PROGRAMACIÓN Y DESARROLLO

En este estado dinámico de la situación, interesa considerar algunos aspectos generales sobre la educación virtual. El desarrollo de un proyecto o un programa educativo en entornos virtuales requiere de un tiempo previo de programación, que tiene como objetivo considerar de manera coherente todos los procesos: los contenidos, los métodos, los dispositivos y recursos; así como el modelo pedagógico, que supone los marcos de enseñanza y las formas de evaluación y acreditación, atendiendo a las reglamentaciones vigentes. Asimismo, el desarrollo de esta modalidad centra la mirada en los procesos de aprendizaje y socialización, en función de contener las trayectorias educativas individuales de las y los estudiantes y promover la construcción de una comunidad educativa.

Los procesos señalados en el párrafo anterior no se anticiparon al tiempo cíclico y ralentado de la incertidumbre social provocado por la pandemia. Los edificios educativos, a los que asistimos y asisten nuestras hijas e hijos, están cumpliendo otra función. Estamos en casa. Las relaciones sociales se virtualizan, y con ellas, el lazo social que establecimos con las comunidades educativas en condiciones de relativa normalidad. Hace tiempo, la filósofa Laurence Cornu escribió que el vínculo pedagógico se sostiene en la confianza, a lo que debemos sumar hoy el compromiso social y la presencia del Estado. Hay muchas inquietudes en el tintero que se irán resolviendo sobre la marcha. En este plano, es central el rol de los y las docentes y los equipos técnicos educativos, así como de las y los referentes del campo de la educación como mediadores en estos procesos colectivos para construir, desde la comunidad educativa ampliada, una estructura de sentido.

Escrito por
Elisa Pérez
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