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Caras y Caretas

           

El primer espacio para luchar por derechos de las mujeres

Ilustración: Gabriel Hernán Ramírez

Si bien no existían legislaciones explícitas que indicaran que solo los hombres podían cursar en las diferentes universidades, hacia fines del siglo XIX las barreras sociales lo hacían casi un hecho. La enseñanza les permitió a las mujeres comenzar un largo camino hacia la justicia de género.

Para hablar de Cecilia Grierson (Buenos Aires, 1859-1934) debemos recuperar datos que ordenan su biografía. Su padre, descendiente de escoceses, y su madre, de irlandeses, formaron las condiciones materiales y culturales que conducirían a la joven maestra a convertirse en tal en la Escuela Normal de Señoritas de Buenos Aires. Esta sería fundada por Emma Nicolay de Caprile (1838-1884), parte del grupo de estadounidenses invitadas a trabajar en Argentina por Domingo F. Sarmiento. Desde 1870 dirigiría la Normal de Maestras ubicada en Barracas y luego en Recoleta, que graduaría a Cecilia en 1878; periodo clave en términos educativos para el país, ya que se palpitaba la promulgación de la Ley de Educación Común N° 1420 (1884), con la que el Estado garantizaría la educación pública, laica, gratuita y obligatoria para niños y niñas de 6 a 12 años de edad (bajo el gobierno de Julio A. Roca).

Al tiempo que brindaría servicios educativos en casas de familias, Grierson alcanzaría la dirección de la Escuela Mixta de San Cristóbal, por lo que lograría instalarse junto a su familia en Buenos Aires. Años después, la muerte de su mejor amiga la llevaría a estudiar medicina. Formación universitaria permitida a los varones, marca en la figura de Grierson la primera mujer en ingresar a la Facultad de Medicina de la
Universidad de Buenos Aires. Esa vocación de servicio vista en el ámbito de la enseñanza permitiría a la estudiante comenzar un largo camino hacia la justicia de género. No existían legislaciones explícitas sobre la prohibición del ingreso a las mujeres, empero el juzgamiento y las dificultades puestas a su desempeño, hacia finales del siglo XIX, daban cuenta de su exclusión en ese espacio. Para ellas el único espacio dable de ocupación era el privado del hogar (donde despuntaban las tareas de cuidado y domésticas). Pese a todas las barreras impuestas por el sistema patriarcal para el acceso a ciertos saberes, Cecilia se recibió e incluso participó del Círculo Médico con la creación y funcionamiento de una escuela práctica con consultorios de especialidades histológicas y un centro de investigación. En este lugar ella crea y desarrolla la primera Escuela de Enfermeras del país y de América Latina (y dirige la institución hasta el año 1913).

EPIDEMIA DE CÓLERA

Numerosas epístolas dan cuenta de las solicitudes que la maestra enviaba a docentes de las cátedras para ocupar espacios de ayudantías (1885), para la asistencia ante la tercera epidemia de cólera del siglo (1886) y en las actividades afines a su cercana progresión en la profesión de médica, única, como dijimos arriba, en los pasillos de la facultad y en la lucha por poder ejercer con su título. En páginas de su tesis (titulada “Histero-ovariotomías efectuada en el Hospital de Mujeres desde 1883 a 1886”) enumera estas
discriminaciones que, por género, clase y edad, iban en detrimento del desempeño de las mujeres en el campo clínico. Tiempo después, Grierson se consagraría a la ginecología y obstetricia, quizás porque la sociedad marcaría una sujeción de la condición biológica de la mujer en este tejido, aunque Cecilia se mostrara con interés en trabajar en cirugía. Su vida entonces estaría destinada a batallar, en primera persona, por el acceso a la educación superior de las mujeres y el trabajo en espacios que el mandato patriarcal puntuaba a varones. El sistema político y económico androcentrado sufrió un antes y un después con la vida de Grierson: ella educó en casi todos los niveles educativos y promovió, incluso, la enseñanza para personas con discapacidad. Entre algunos lugares que la tuvieron como participante encontramos, en 1892, la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios (antecedente de la Cruz Roja Argentina) y desde 1900 la dirección del Consejo Nacional de Mujeres como así la Sociedad de Economía Doméstica, referencia de la Escuela Técnica del Hogar. Cecilia desafió las trincheras del rechazo hacia
terrenos de lo público que no podía conquistar su género e impuso, entre sus accionares, cambios en los derechos femeninos de la sociedad argentina de mediados del siglo XIX y principios del XX. La primera mujer en recibirse en una universidad latinoamericana es el gesto que hoy permite reconocimiento en la puerta que abrió a sitios hasta entonces vedados a las mujeres. También integró espacios educativos oficiales como el Consejo Nacional de Educación (1892-1899) y, profusamente, publicó libros. Escoltada por colegas y compañeras, adhirió a las luchas feministas en contra de actos segregacionistas hacia las mujeres. Su vida y labor apostaron por el alcance de derechos y mejores condiciones de vida (sociales, económicas, legales).

OTROS ESPACIOS

Pensar la docencia como trampolín y vía que habilitó la ocupación de otros espacios lleva a remitir a dos cuestiones. Por un lado, ver al magisterio como una de las pocas posibilidades abiertas a las mujeres para acceder a la lecto-escritura y, desde allí, a la enseñanza en las escuelas primarias públicas con las connotaciones propias de su género; serían más baratas porque el sustento económico de sus vidas quedaría en manos de algún varón que estuviera a su cargo y podrían desempeñar tal actividad en tanto una cuestión supuestamente innata en ellas; biológicamente capaces de gestar, serían transmisoras de saberes, buenos modales, una moral e higiene adecuadas. Orgullo argentino, Cecilia representa aquellas personalidades que, con astucia, hicieron uso de los permisos otorgados y se proyectaron a sabiendas que muchos reclamos serían vedados (lo político, por ejemplo). Por otro lado, investigadores/as sobre la vida y la obra de Cecilia Grierson nos recuerdan que la primera mujer titulada en medicina en la Argentina, entendemos el vínculo entre esta mujer y la educación (primaria, médica, técnica, profesional de mujeres, universitaria, etcétera), manifestó la influencia del acceso a la cultura y a los posteriores espacios de formación para proyectar agenciamiento y autoridad. Entonces, afirmamos que la educación entregó herramientas a una mujer de entre los siglos XIX y XX y le permitió desenvolverse entre la teoría y la práctica, la producción de libros y la militancia en proyectos de educación no formal donde las mujeres serían prioridad. Es así como Cecilia adhirió al movimiento feminista del país, el que, con su labor, incidió en la deconstrucción y derribamiento de edictos que iban en detrimento de la profesionalización de las mujeres por fuera del espacio al que se las constreñía. La docencia caló hondo en los ideales de Grierson y empoderó y guio sus acciones, en pos de vidas femeninas plenas.

Escrito por
Agustina Mosso
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