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“Hablar de vacunas es hacer híper futurología”

El investigador del Conicet y director de la carrera de Bioingeniería del ITBA, Fabricio Ballarini, reflexiona sobre los alcances del coronavirus y las dificultades para encontrar las mejores respuestas en una situación inédita en la historia de la humanidad.

“En situaciones como las que estamos viviendo me parece que los roles se van desdibujando y todas las personas tienen que asumir distintas responsabilidades”, dice el científico Fabricio Ballarini. Doctor en biología, investigador del Conicet, director de la carrera de Bioingeniería del ITBA, reconocido más allá de la academia por sus trabajos sobre memoria y aprendizaje y por ser un gran divulgador de la ciencia. Lejos de sentarse sobre sus laureles bien ganados, durante la cuarentena se dedica a explicar vía Twitter y en la página web coronaconsultas.com.ar cuestiones básicas de la vida cotidiana, que sirven para salvaguardarnos de la pandemia y para ayudarnos a sobrellevar y entender un poco más sobre el virus que mantiene a todo el planeta en vilo y a los argentinos, como en muchos otros países, encerrados en nuestras casas.

–En la Argentina se alargó la cuarentena y el pico de contagios se espera para mayo. ¿El aislamiento se extiende hasta el momento del pico o el pico ocurriría si se acaba el aislamiento?

–Por ahora los países que extendieron la cuarentena o tuvieron un freno en la movilización de las personas tuvieron un resultado positivo. No hay antecedentes de nada de esto, creo que se nos quemaron los papeles. Los países que tienen las mejores universidades, los mejores investigadores y un presupuesto enorme en ciencia están teniendo miles de muertos por día con hospitales de primera y un montón de respiradores, mirá si se puede prever algo. Por otro lado, es un buen dato que el pico se vaya posponiendo. Al aumentar de a poco la curva, se espera que el pico no sea tan inmediato. Todo ese tiempo que parece perdido porque estamos en nuestras casas, a nivel médico y científico es importantísimo porque son más semanas de pruebas, de información, de prevención, y sirve para acondicionar más espacios para atender personas. Es muy difícil contener a la población así, porque no todo el mundo tiene la misma capacidad económica, de resiliencia, de resistencia y de educación. Es un panorama de muchas variables, pero ni en el mejor de los sueños nadie piensa que pronto va a ir a jugar al fútbol.

–Dijiste que este tipo de virus no es tan complejo como para desarrollar una vacuna, que lo complejo es el poco tiempo con el que se cuenta para hacerla. ¿Cómo es este virus?

–Antes que nada, me atajo: no soy virólogo. De por sí es muy complejo hacer una vacuna, pero no imposible. Se sabe mucho de este virus porque es parecido a otros que el humano ya trató. En ese sentido, sería un poco más fácil tener una vacuna. Hay algo alentador: The Lancet, una de las revistas médicas más importantes, contó que hay alrededor de 500 papers, ideas en fase clínica, por lo tanto existen distintas formas de encarar esa vacuna, distintos tratamientos y retrovirales para probar. Ese trabajo híper complejo ya se hizo. Lo realmente imposible es que esas pruebas entren en las diferentes fases de estudios híper controlados como se hizo hasta ahora. Eso, que dura años y que cuesta miles de millones de dólares, no se puede hacer en un mes.

–¿Por qué es tan importante que el Malbrán haya podido secuenciar el virus?

–Lo que hizo el Malbrán lo están haciendo diferentes institutos en el mundo. La semana pasada salió una publicación muy interesante sobre filogenia, que es cómo fue mutando este virus y fue cambiando su genoma. Tenemos por lo menos 100 cepas distintas. Para entenderlo mejor: cada cepa es como un individuo distinto, tiene muchísimas características similares pero con alguna diferencia genética. Lo que está haciendo el Malbrán es secuenciar la cepa, o sea, el tipo de virus que tienen los argentinos infectados. En el mapa de la filogenia se ve el tipo de virus que salió de China y cómo fue cambiando de país en país: es casi como una ruta aérea de la transmisión. Ese avance nos puede ayudar a nosotros para ver si las vacunas que se hacen en distintos países son más aplicables a un tipo de cepa o a otra. Es un dato necesario.

–¿Podría haber una vacuna contra el Covid -19 de acuerdo a cada región?

–Hoy no lo sabemos, pero sería algo así. Todas las carreras se están haciendo en paralelo. En lo inmediato, lo que se busca es un tratamiento de drogas ya conocidas utilizadas en otras patologías que puedan intervenir en los mecanismos de duplicación o de prevención del coronavirus. Me parece que hablar de vacunas es hacer híper futurología: hay tantos infectados que tienen distintas etnias, edades, enfermedades de base… Como hay una enorme cantidad de personas infectadas, se buscan tratamientos que puedan dar resultados. ¿Pueden ser inmediatos? No, es un bardo juntarlos porque son países distintos, conclusiones distintas y todo el sistema de salud está tratando de que la gente no se muera, no está solamente abocado a recabar esos datos. Es una esperanza un poco más rápida, porque esos medicamentos que se están usando ya se usaron en humanos y sabemos que son “seguros” –así, entre comillas–, para determinada condición.

–¿Cuántas certezas tenemos respecto de este nuevo virus y en cuántos aspectos avanzamos a ciegas?

–Pongámonos en contexto: en sólo un mes hubo en el mundo un millón y pico de infectados documentados; el número real puede ser 100 o 200 millones, no lo sabemos. Se empezaron a hacer estudios ante esta necesidad imperiosa, pero con un mes o dos de investigación, los estudios no son concluyentes. Un paper tarda años en generar información, entonces lo que se está publicando es muy endeble, no hay nada que diga seguro qué hace bien o mal. Están sucediendo cosas que nos cuesta analizar. Es mucha información. Hoy se está rompiendo un paradigma. Siempre se debatió sobre lo bueno que sería que las medidas políticas en salud estén basadas en evidencias. Hoy se demostró que si no están basadas en evidencias, es un problema gigantesco. A cualquier gobernante le podía importar nada lo que pasa con el clima, porque él no iba a ver las consecuencias, era algo a futuro. Hoy te pinta la cara un virus que te dice “ok, no estás escuchando las evidencias”, y el primer ministro inglés se contagia y queda en terapia intensiva, o Trump dice “vamos a seguir con la actividad” y en Estados Unidos están contando los muertos de a miles.A nadie le conviene que siga el virus. Se está planteando que la OMS y la ONU tengan roles más importantes. La solución no es que cada país tome la decisión por necesidad o capricho, sino escuchar las evidencias científicas, que son pocas, sí, pero son. No puede un gobernador, como pasó en Estados Unidos, decir “sabemos que se va a morir determinada cantidad de personas, es el costo”. Eso no puede suceder.

–¿Creés que de todo esto debería surgir un nuevo paradigma de convivencia política mundial?

–Para mí va a haber un cambio de paradigma de orden mundial, porque esto realmente recién empieza. Nos encantaría pensar que estamos en el peor momento, pero recién empieza. Se sabe que las pandemias tienen distintos períodos, pueden bajar y, de golpe, subir. Tenemos que entender que hoy cambiaron las prioridades.

–¿La infodemia sigue siendo una pandemia con curva ascendente?

–Sí, muy al principio me parecía simpático remarcar las locuras que hacían los medios de comunicación, como la carta astral del coronavirus. Me parecía terrible pero simpático. Después, creo que se dieron cuenta de la gravedad, pero aun sabiendo que el mundo está desesperado buscando información sobre la pandemia, los medios no tomaron el rol responsable de decir “todos los ojos del mundo nos están mirando y en vez de contar mierda, educo”. Esa responsabilidad no la asumieron y contaron cualquier cosa. Parte por negligencia, parte por inoperancia, parte por la vorágine de publicar y parte porque no hay información. Si yo tuviera un canal de televisión, estaría contando 20 veces consejos básicos: cómo preparar alcohol, cómo se usa la lavandina, cómo hago un barbijo, qué compro y qué no, a qué número llamar. Si no reeducamos en este período, estamos en el horno, sobre todo porque uno de los vectores más importantes que tiene la comunicación social son las escuelas. Si los medios no toman esa posta, no entendimos nada. De hecho, no lo entendemos mucho, ya sea por una cuestión de miedo o de negación. Tenemos gente irresponsable que se pone a escribir un guión para mandar un audio diciendo que trabaja en el Malbrán. A mí me pasa: me trolean todos los días para desestabilizar, y es información que salva vidas.

–¿Qué herramientas se recomiendan a la población en general para sostenerse emocionalmente?

–No hay mucha información, porque nunca la humanidad estuvo encerrada tanto tiempo. Todo se tiene que tomar con una cantidad de pinzas enormes. Los psicólogos cognitivos plantean que la construcción de rutina en este nuevo panorama nos ayuda mucho a ordenarnos y a bajar la ansiedad, porque de lo contrario se desregulan un montón de patrones fisiológicos: dormís mal y como consecuencia tenés problemas de atención, es todo un dominó que puede solucionarse con tener rutinas. No te levantes a las tres de la tarde, levantate a una hora a la que puedas desayunar, aunque sea proponete lavar la ropa los lunes y limpiar vidrios los martes.Hoy tenemos que estar con el mejor sistema inmune, porque lo ideal es no tener necesidad de ir al médico. La lucha es de la cabeza, tratar de estar bien todos los días. Es más probable que quien se bajonee tenga no sólo problemas psicológicos sino también fisiológicos, que luego desencadenen en una patología.

–En las redes, las personas comentan que están soñando mucho. ¿El inconsciente sale más a flote ante el peligro?

–Una de las hipótesis es que como tenés mucha información que te preocupa, ese estrés hace que duermas de forma más interrumpida. Entonces, nos estamos levantando en etapas del sueño donde normalmente deberíamos estar descansando. Tiene que ver con la ansiedad. Otra cosa muy negativa es que la mayoría de la gente se informa hasta el último minuto antes de irse a dormir. Eso es lo peor: sino desconectás un poco, lo más probablees que sueñes con esto.

–Así como se aconseja ponerles a los más chicos un límite de tiempo frente a la pantalla, ¿tenemos que hacer lo mismo los adultos respecto de la información?

–Se está diciendo que la gente debería informarse sobre la pandemia 15 minutos al día, no más, y que el resto del día trate de pensar en otra cosa. Hacé la prueba. Esto no va a cambiar de un día para el otro, sabés que el coronavirus está presente, pero concentrate en la coyuntura de tu día. Si siempre ves, escuchás o leés lo mismo, contado de distintas maneras, te volvés loco.

Escrito por
Virginia Poblet
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