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La gripe española

Originaria de Estados Unidos arrasó con gran parte de la población mundial. En nuestro país tuvo dos oleadas y en poco más de dos años causó, al menos, quince mil muertos. Los antecedentes de una cuarentena que ya vivimos.

La gripe española sucedió en 1918 y no era española sino que tuvo su origen en Estados Unidos. La pandemia fue causada por un brote del virus Influenza A del subtipo H1N1.​ A diferencia de otras epidemias de gripe que afectan principalmente a niños y ancianos, sus víctimas fueron también jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos. Se considera la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas.​ Esta cifra de muertos, que incluía una alta mortalidad infantil, se considera uno de los ejemplos de crisis de mortalidad.​ En general, la muerte no ocurría como consecuencia directa de la gripe, sino por bronconeumonías bacterianas, para las que se carecía de tratamiento.

La enfermedad fue reportada por primera vez el 4 de marzo de 1918, en Fort Riley (Kansas, Estados Unidos). Tradicionalmente se ha considerado «enfermo cero» al cocinero de esa unidad militar, Gilbert Michell. Horas después ya se contabilizaban decenas de casos, hasta el punto de tener que habilitar un hangar para los enfermos. En medio de la Primera Guerra Mundial el efecto del virus fue devastador. Los campamentos militares y las duras condiciones de vida en la trincheras agravaron la situación. Los muertos de ambas pestes, la gripe y la guerra, se contaban por decenas de millones de personas.

Curiosamente recibió el nombre de “gripe española” por dos motivos. El más importante fue la cantidad de víctimas que hubo en ese país (se calculan unos ocho millones de afectados y 200 mil muertos) y porque al ser un país que era neutral en la Guerra no censuró la información sobre la pandemia y la difundió ante el mundo.

Varias personalidades de la época murieron o fueron afectadas por la pandemia. Entre los primeros se encuentran el entonces presidente de Brasil, Rodrigues Alves; el poeta francés Guillaume Apollinaire; Louis Botha, primer ministro de la Unión de Sudáfrica; Gustav Klimt, pintor austríaco; Erik de Västmanland, príncipe de Suecia y Noruega, duque de Västmanland y Max Weber, economista político y sociólogo alemán; entre otros. Entre los infectados estuvieron Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos; Franklin Delano Roosevelt, asistente del secretario de marina y futuro presidente estadounidense; Lloyd George, primer ministro británico; Alfonso XIII, rey de España; Manuel García Prieto, presidente del Gobierno de España y Guillermo II, emperador de Alemania, entre otros tantos millones.

La gripe española en la Argentina

La enfermedad ingresó al país en 1918 por el puerto de Buenos Aires y avanzó en dos oleadas. Primero se propagó hacia el Norte, entre octubre y noviembre de ese año, y permaneció latente hasta el invierno de 1919, cuando comenzó a descender desde Salta hacia las provincias del centro y sur. Si bien tuvo como epicentro la ciudad de Buenos Aires, desde donde se expandió al resto del país, ésta fue la que menos sufrió en términos de mortalidad. En 1918 la ciudad de Buenos Aires contaba con un millón y medio de habitantes. En mayo-junio de ese año aparecieron en La Nación las primeras noticias sobre la “gripe española” y ya se denunciaba, en noviembre de 1918, que unos 400 mil enfermos de gripe habían sido atendidos en Buenos Aires. La gripe había llegado a Buenos Aires desde Europa en los barcos cargados de inmigrantes. Al parecer, el primero en traerla fue el Demerata, que partió de Portugal y recaló en Río de Janeiro (donde la epidemia ya era muy fuerte) antes de llegar a Buenos Aires. El primer caso registrado, un tripulante de ese barco, fue atendido en el Hospital Muñiz. En octubre de 1918 se decidió emprender la limpieza del Riachuelo, efectuar exámenes de salud a los inmigrantes que llegaban en barcos procedentes de Europa, e internar en cuarentena en un lazareto en la isla Martín García a aquellos que presentaran síntomas de gripe. Además de evitar reuniones en lugares cerrados, se suspendieron las clases en escuelas primarias y secundarias, se prohibieron los espectáculos públicos, se clausuraron music halls y circos. Se prohibieron los espectáculos públicos y el ingreso a los cementerios. Se estableció que los cafés, bares, confiterías y burdeles debían cerrar a las 23 horas. Se desinfectaron todos los templos sin distinción de culto. En noviembre se comenzó a derivar los enfermos graves de gripe al Hospital Muñiz, y se profundizó la cuarentena en el Lazareto de la isla Martín García.

Según los datos disponibles, de las 422 muertes que sucedieron como consecuencia de la «grippe», 32.7 por ciento se dieron en el mes de octubre; es decir, ocurrieron 138 muertes en tan sólo 12 días aproximadamente. La gripe pasó de provocar 0.7 por ciento de las muertes en 1917 a 4.3 por ciento en 1918 y a 20.7 por ciento, en 1919. En total, para el Departamento Nacional de Higiene, causó alrededor de 14.997 muertes, sin contar a Misiones, Formosa, Chaco, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, provincias que en ese momento no contaban con datos epidemiológicos porque eran «territorios nacionales».

Escrito por
Fernando Amato
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