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PAULO FREIRE A LA LUZ DEL SIGLO XXI

Los casos de Brasil y México y una comparación entre la revolución educativa de los años 60 y la oleada neoliberal de nuestros días.

En los años 60 dos educadores protagonizaron posturas críticas de la educación tradicional en América latina. Eran antagónicas y tuvieron serias consecuencias en las décadas siguientes. La polémica entre aquellos autores guarda plena actualidad.

El educador brasileño Paulo Freire aportó la crítica que más rédito ha dejado en vistas a producir alternativas al sistema escolar latinoamericano. Su denuncia constituyó una ruptura epistemológica con la posición del sujeto pedagógico de la modernidad, acompañada por un imaginario de enseñanza que aún tiene valor como base de nuevos programas educativos. Debe anotarse que Freire nunca atacó a la escuela, sino que dirigió su crítica a la relación pedagógica entre educadores y educandos de una manera más general, es decir con categorías aplicables no solamente a los docentes y a los alumnos escolares sino a todos los sujetos sociales vinculados por la educación. Sus propuestas se dirigieron a la educación de los analfabetos y los adultos en grupos populares, pero Freire insistió en la valorización del docente y la escuela.

En cuanto al movimiento de la “pedagogía de la liberación”, combinó la influencia de la crítica a la educación “reproductiva” (que tuvo auge desde los años del Mayo francés), de la teología de la liberación, de Iván Illich y de Paulo Freire, de modo que no puede identificarse únicamente con este último. El propio Freire formó numerosos discípulos que derivaron en un amplio espectro de posiciones. En sus extremos se ubicaron grupos políticos diversos, desde quienes redujeron la idea de la “palabra generadora” a una serie doctrinaria, hasta los que la interpretaron como un método de enseñanza que aplicaron en programas de orientación asistencialista. Sin embargo, las principales ideas del brasileño permearon la formación de los educadores latinoamericanos especialmente después de la caída de las dictaduras militares de la región. La interioridad entre educación y política, la oposición entre la educación basada en el diálogo y en el reconocimiento del otro, y la educación “bancaria”, la misión emancipadora de la educación, la alfabetización como un instrumento político educativo, la prioridad del pueblo como sujeto de la educación, son ideas que conservan su vigencia. Freire desarrolló categorías que ponen en crisis al discurso educativo neoliberal, aunque fueron concebidas años antes de que el mercado se instalara como un actor preponderante y prepotente en el campo de la educación.

EL CASO MÉXICO

Es distinto lo que ocurrió con las ideas del sacerdote tercermundista Iván Illich, quien dirigía en México el Centro de Investigación y Docencia de Cuernavaca (Cidoc), y se hizo famoso por su producción a favor de la desescolarización, que consideraba el proceso idóneo para revolucionar la sociedad opresora. El más difundido de sus textos fue “Esa vieja y gorda vaca sagrada”, discurso que pronunció desde los balcones del Palacio Quemado, sede del gobierno nacional de Bolivia, en ocasión de la asunción presidencial del general Juan José Torres, en 1970. Los maestros, una de las principales fuerzas que llenaban la plaza apoyando al presidente electo, fueron alentados por Illich a abandonar las escuelas para liberar de esa manera la educación. Illich proponía desmontar el aparato escolar, así como el sistema público de salud, y promovía la sustitución de los profesionales en educación por activistas culturales que se desplegaran en un campo pedagógico informal.

La institución educativa es atacada en la actualidad en todos sus frentes, y las ideas de Iván Illich sirven de sustento a quienes sostienen que la figura del docente carece de actualidad y que opciones tecnológicas, sumadas a un personal que requiere escasa preparación, muy semejante al activista cultural, serían una buena manera de sustituir maestros y escuelas. Debe anotarse que este tipo de propuestas, lejos de estar solamente en la imaginación de algunos autores, constituyen uno de los más concretos programas que circulan en el mercado, así como entre los sectores conservadores que rechazan los contenidos avanzados, como los vinculados con la educación sexual integral (ESI) o las teorías científicas que ponen en cuestión ideas tradicionalistas.

Mientras las ideas de Illich son bienvenidas por el neoliberalismo, ha sido un hecho significativo que el ultraneoliberal presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, esté tratando de desplazar, prohibir, censurar, las ideas, libros, enseñanzas de Paulo Freire. El autor de La educación como práctica de la libertad sigue aportando significados a ese último término que renuevan a la educación su potencial emancipador.

Escrito por
Adriana Puiggros
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Escrito por Adriana Puiggros
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