En septiembre de 1974 la violencia paraestatal de la Triple A recrudeció: decenas de asesinatos de militantes políticos y sociales se registraron junto con una brutal censura. El gobierno, en tanto, le preparaba el terreno a la dictadura.
Enero de 1974. Perón había asumido su tercera presidencia meses antes y ahora, viejo y enfermo, parecía haberse corrido a la derecha, en buena medida por la impronta mesiánica de su ministro de Bienestar Social.


