Emilio Massera condujo a la Armada durante la dictadura y los destinos de los detenidos en la ESMA, y se sentía poderoso y a gusto con tanta influencia. Quiso ser político pero terminó condenado.
El exmarido de Blanca Luz Brum, David Siqueiros, participó de un atentado contra el líder comunista. A través de ella y de Pablo Neruda, embajador en aquel país, lograron que saliera sano y salvo.
Sin saberlo, Osvaldo Soriano jugaba al gato y al ratón con la última dictadura militar.
El asesinato de John Lennon sigue estando entre los crímenes que parecen carecer no solo de una motivación, sino también de una lógica.
Pedro Giachino fue el primer militar muerto durante la recuperación de las Islas Malvinas. Pero antes, fue un fervoroso torturador obsesionado con una canción.
Jaime Lamont Smart era ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires y bajo su órbita estaba el centro clandestino en el que estuvo detenida Laura Carlotto. Finalmente fue condenado por delitos de lesa humanidad en 2012.
Como en el crimen de María Soledad Morales, la mano del poder también se metió en el de la nena de 11 años, secuestrada y asesinada en 2011. Detenciones, procesamientos e imputaciones a granel, piratas del asfalto, narcos y soplones que hacen tratos...
El 5 de junio de 1989, mientras llegaba a un set de televisión, hubo un intento de secuestro sobre Guillermo Vilas. Gracias a una de las sutiles formas que toma el azar, logró zafar de la situación.
Con la llegada de la democracia, los grupos de tareas de la dictadura se reconvirtieron y empezaron a hacer lo que sabían: secuestros extorsivos. Roberto Buletti fue uno de los casos más paradigmáticos.
José Barritta comandó la hinchada de Boca desde 1981 hasta 1994, cuando terminó preso por el crimen de dos hinchas de River después de perder un clásico en la Bombonera.










