• Buscar

Caras y Caretas

           

No viajó jamás escondida

Se podría decir que Blanca Luz Brum tiene un puesto de honor en el podio del peronismo. Se forjó una vida de película donde nunca estuvieron claros los límites justos entre ficción y realidad. Demasiado avanzada para una mujer que había nacido en Uruguay en 1905 y que fue creciendo al mismo paso y pulso que las revoluciones latinoamericanas a las que acompañó sin dudar y con su presencia. Fue poeta, escritora, periodista y militante. Tan hermosa como intrépida. Amó las artes tanto como a los hombres que marcaron el siglo: el muralista David Siqueiros; el dueño del diario Crítica, Natalio Botana; el peruano César Miró, heredero de El Comercio, entre muchos otros hombres que solo demuestran que su pasión y su lealtad eran ilimitadas.

Tan ilimitadas como su soledad devastadora en la isla Robinson Crusoe (Juan Fernández), donde terminó sus días pintando y escribiendo versos que hablan del dolor infinito de una madre que enterró tres hijos y que defendió, vaya a saber por qué, la gestión de muertes y desapariciones del dictador Augusto Pinochet. “Pero la historia la llamó varias veces para protagonizar escándalos y revoluciones —cuenta nuestra eterna María Seoane en un texto editorial de Caras y Caretas de 2018—. Varios historiadores como Horacio Tarcus y Araceli Bellotta cuentan que Blanca Luz fue decisiva en el surgimiento del peronismo. Se dijo que participó en impulsar a los obreros y la CGT para converger en Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945. Como jefa de prensa de la campaña electoral de Perón en 1946, se le atribuyó la creación de la gran consigna ‘Braden o Perón’. Desterrada por Eva Perón, dicen que por celos, nunca fue olvidada por Perón.

Ya derrocado, y desde su exilio en Panamá, le pidió que ayudara en 1957 a John W. Cooke, Héctor Cámpora, Guillermo Patricio Kelly, Jorge Antonio y Pedro Gómiz, fugados hacia Chile desde el penal de Río Gallegos, donde los había recluido el golpe antiperonista de 1955. Terminó rescatando de la cárcel —hecho por el que ella deberá pagar con la prisión— a Kelly, ayudándolo a fugarse de la penitenciaría de Santiago vestido de mujer. Cuando Perón regresó a la Argentina en 1973, pidió que ella estuviera en la asunción de su tercera presidencia. Fue la última vez que se supo de ella en el país. Su rastro se perdió en Chile”. Fue peronista por tres décadas. Siempre oculta.

Y ella lo escribió así: “En Perón hay conducción, en sus enemigos solo retórica. El peronismo no nace de los libros, nace del hambre, del trabajo y de la esperanza”. Blanca Luz nunca se traicionó como lo hicieron con ella. Una adelantada. Y contradictoria como toda hacedora que intenta vivir sin pedir permiso. Eso no se perdona. Ni ayer ni hoy.

Escrito por
Víctor Santa María
Ver todos los artículos
Escrito por Víctor Santa María

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo