A los 89 años, Buddy Guy sigue siendo un faro inextinguible del blues. La historia del género, desde los pantanos de Luisiana hasta los clubes del South Side de Chicago, pasa por sus dedos y su voz. Guy no solo encarna la tradición del blues eléctrico: también es su puente hacia nuevas generaciones, mentor de talentos como Christone “Kingfish” Ingram y custodio de un legado que sigue vivo en cada acorde.
Su nuevo disco, Ain’t Done with the Blues, funciona como una sentencia clara: el blues tiene quien lo toque y quien lo escuche. Y seguirá así por mucho tiempo, más allá de modas y tendencias. Producido por su socio de larga data Tom Hambridge, el álbum reúne 18 canciones que mezclan composiciones originales y versiones de clásicos, con invitados de primer nivel que incluyen a Joe Walsh, Joe Bonamassa, Peter Frampton, los Blind Boys of Alabama y un grupo especialmente para la ocasión que le da un soporte exacto a la inconfundible voz y guitarra de Guy.
El disco abre con “Hooker Thing”, un minuto acústico en homenaje a John Lee Hooker, donde Guy recuerda: “That’s the first thing I ever learned how to play, man…” (“Eso fue lo primero que aprendí a tocar, hermano…”), estableciendo el tono de una obra autobiográfica y pedagógica. A partir de allí, se despliega un repertorio que combina introspección, celebración y exploración sonora. “Been There, Done That” es un relato vívido de su historia personal: “I picked a lot of cotton before I picked a guitar” (“Coseché mucho algodón antes de tocar una guitarra”). Guy traza su camino desde la niñez hasta el estrellato, con un groove potente que mezcla slide y Stratocaster negra con la pericia de Chuck Leavell al órgano. La canción funciona como un manifiesto: sobrevivió al tiempo y a las adversidades, y todavía tiene algo que decir. “Blues Chase the Blues Away” es una lección sobre el poder sanador del género. Guy recuerda a sus maestros –B.B. King, Little Walter– mientras despliega riffs y piano impulsivo: “Blues, blues chase the blues away” (“Blues, blues que espantan la tristeza”). La canción combina tradición y alegría, recordando que el blues no es solo dolor sino también resistencia y disfrute.
En “How Blues Is That”, junto a Joe Walsh, se revisitan las raíces del blues rock con humor y destreza: la letra es simple pero elocuente, reflejando la ironía de la vida y la música: “I went to Chicago to try and get a buck / but had a lot of doors slammed in my face. How blues is that?” (“Fui a Chicago a intentar conseguir algo de dinero, pero me encontré con muchas puertas que se me cerraron en la cara. ¿Qué más blues que eso?”). La química entre Walsh y Guy es un recordatorio de que la colaboración es un pilar del género, mucho antes de los prefabricados featurings. “Dry Stick”, con Joe Bonamassa, y “It Keeps Me Young”, junto a Peter Frampton, ofrecen diálogos que le dan nuevos colores al disco. Las dos equilibran introspección y energía, conectando pasado y presente. Pero “Where U At?” con Kingfish parece conectar el blues hacia el futuro. Funk, ritmo y armonías modernas se combinan en un diálogo entre generaciones, demostrando que el género puede mutar sin perder esencia. La elección de jóvenes talentos como Kingfish es una apuesta por la continuidad de un lenguaje musical que, como dice el propio título del disco, todavía tiene mucho por decir.
