The Murder Capital sorprendió a propios y ajenos con un debut contundente: When I Have Fears (2019). Allí establecieron sus bases de post-punk poético, visceral y sin concesiones. Por eso las expectativas sobre su sucesor eran particularmente altas. Aunque los resultados no fueron del todo felices. En Gigi’s Recovery (2023) el quinteto irlandés decidió no quedarse quieto y exploró en la introspección y las atmósferas densas. Pero perdió poder de fuego y las canciones parecían pensar demasiado y, a veces, olvidando latir. Con Blindness la banda de Dublín retoma su urgencia primigenia, la multiplica y desarrolla con una claridad feroz: cada riff, cada frase son capaces de conmover hasta a los más incautos.
Desde la apertura con “Moonshot”, queda claro que no habrá concesiones: guitarras cortantes y percusión que explota con violencia acompaña la voz de James McGovern, cada vez más expresiva, en una especie de tsunami que envuelve y aplasta. La canción no es solo una introducción: es una declaración de intenciones: “Come on, be that moonshot / We can take the moon’s clock / And turn the face away” (“Vamos, sé ese disparo a la luna / Podemos tomar el reloj de la luna / Y girar su cara hacia otro lado”), canta McGovern, con un fraseo que mezcla irritación y vulnerabilidad. Acá reside uno de los ejes de Blindness: la tensión entre lo abrasivo y las emociones internas, entre la ansiedad post-punk y los momentos de pausa contemplativa.
Esa dualidad se repite en “The Fall” y “Death of a Giant”, donde el caos controlado de guitarras convive con letras existencialistas y referencias emotivas.
En la bella y conmovedora “The Fall”, McGovern recita con desesperación: “I can’t be told / I can’t be dressed / I can’t be held / I can’t be fed / I can’t be whipped” (“No acepto órdenes / No me dejan vestir / No me pueden retener / No me pueden nutrir / No me pueden domar”), un mantra que condensa la ansiedad contemporánea y la alienación urbana que siempre fue una marca de estilo del grupo.
Por su parte, “Death of a Giant” es un homenaje al recientemente fallecido cantante Shane MacGowan que mezcla reverencia y fuerza eléctrica. Pero la banda sabe respirar. “Swallow” y “A Distant Life” son ejercicios de tensión y alivio: guitarras que murmuran en espacios amplios y un bajo hipnótico que crea atmósferas que invitan a la reflexión. La primera ofrece un momento casi fantasmal, donde el silencio se convierte en protagonista; la segunda juega con melodías indie y un groove bluesy que recuerda a DEVO y Guided by Voices, mientras McGovern canta: “I take your compliments with me / I pack them tight to my chest / The test of solitude kills / I kiss your head like a crest” (“Me llevo tus elogios conmigo / Los aprieto fuerte contra el pecho / La soledad pone a prueba y destruye / Beso tu frente como un emblema”), describiendo la soledad y la distancia con un lirismo inquietante.
El disco también indaga en lo social y lo político. “Love of Country” desmonta patriotismos mal entendidos, con una crítica que golpea con la misma intensidad que los riffs: “Could you blame me for
mistaking / Your love of country for hate of man?” (“¿Podrías culparme por creer / que tu amor a la patria era odio a la gente?”). Aquí se mezcla introspección personal con conciencia colectiva, otra de las virtudes de la banda.
Blindness no reniega de su pasado ni se enreda en la sobriedad de Gigi’s Recovery. Es un retorno a la inmediatez de When I Have Fears, pero con madurez adquirida y muy bien aprovechada. The Murder Capital aprendió a dejarse llevar por la intuición, a confiar en la furia y la fragilidad simultáneamente, y a expresar emociones sin filtrar ni retocar. Y suena mejor que nunca.
