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Caras y Caretas

           

Deftones y private music, una oscuridad hipnótica y desafiante

A casi 40 años de su nacimiento, la banda comandada por Chino Moreno suena más relevante que nunca alternando distorsión, climas envolventes y melodías. El resultado es profundo y revelador.

Pocas bandas en la historia del rock reciente pueden enorgullecerse de una trayectoria tan consistente como la de Deftones. Desde Sacramento (EE.UU.) en los 90 –cuando muchos los encasillaban como “nu metal”– hasta su atrapante presente con private music, su décimo álbum, el grupo comandado por Chino Moreno trazó una curva singular y atrapante. Nunca apelaron a golpes de efectos superficiales para llamar la atención ni enarbolaron las banderas de la identidad para hacer siempre lo mismo. A casi cuatro décadas de sus primeros pasos, no se inscriben en las ligas de los dinosaurios y la nostalgia: siguen vivos y sorprendiendo como uno de los proyectos más interesantes y comprometidos del rock pesado contemporáneo.

Private music no es un disco “seguro” ni una colección pulida de hits. Es, antes que nada, un registro que intenta traducir una idea compleja: cómo una banda puede sonar a sí misma después de décadas de carrera, sin repetir fórmulas ni traicionar una identidad que siempre se negó a ser esquemática. Ese gesto es, en sí mismo, un acto de consistencia artística y audacia. Deftones sigue afilando y mejorando en el arte de hacer riffs monumentales, que suenan y envuelven casi como maremotos, pero que también dan lugar a los tonos confesionales de Moreno. La producción de private music, nuevamente a cargo de Nick Raskulinecz –quien los había acompaña- do en etapas fundamentales, como Diamond Eyes (2010) y Koi No Yokan (2012)–, articula un equilibrio inusual entre espesura y claridad. Las guitarras de Stephen Carpenter tienen una densidad avasallante, pero también matices y sutilezas, lo que desemboca en grandes momentos de adrenalina y belleza, casi en simultáneo. Ese diálogo se siente en temas como “locked club”, donde el riff parece querer gruñir y susurrar al mismo tiempo, o en “infinite source”, que respira un aire de épica introspectiva difícil de encasillar, entre muchos otros. Chino Moreno, por su parte, balancea tonos que van del murmullo al grito con una facilidad inquietante. En “i think about you all the time” emerge como la encarnación de una sensibilidad romántica y nerviosa que pocos frontmen del rock pesado exploraron con semejante lucidez. Pero private music es mucho más que muy buenas canciones y una banda que tiene muy claro lo que quiere. La verdadera fuerza del disco radica en la alquimia exacta entre lo asfixiante y lo delicado, lo pe- sado y la belleza, lo introspectivo y lo extático. Esa tensión, icónica a lo largo de la carrera de Deftones, aquí se convierte en una gramática casi más implacable que nunca. Que se hace más valiosa y contrasta como un gesto desafiante en medio de una escena esquemática, abúlica y por momentos a la deriva. En un mundo musical que a menudo favorece lo instantáneo y trivial, un disco como private music se destaca todavía más desde una ambición que pulveriza lugares comunes.

Escrito por
Sebastián Feijoo
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