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Caras y Caretas

           

El señor de los helicópteros

El investigador Leandro Colombano reconstruye la historia del inventor argentino Augusto Cicaré, uno de los pioneros de la aeronáutica en Latinoamérica.

“La pasión de mi vida siempre fueron los helicópteros. Me siento con esa alegría de cuando era niño al ver mis helicópteros volando”, contó alguna vez el inventor argentino Augusto Cicaré, un apasionado por hacer y volar helicópteros. Un autodidacta que buscaba. “Cicaré es uno de esos raros hombres a los que con su fórmula de sudor y talento les sobra para desarrollar obras que proyecten a su patria”, dijo sobre él Juan Manuel Fangio. Construyó su primer motor cuando tenía 10 años . En 1970, fue declarado uno de los diez jóvenes más destacados de la Argentina por su innovación. Caras y Caretas conversó con Leandro Colombano, autor de Augusto Cicaré. El desafío de volar, editado por Motorlibros.

“Augusto Cicaré fue antes que nada un soñador, que se propuso en la niñez construir helicópteros como objetivo de vida. A los pocos años se convirtió en un constructor, con un dominio destacado de las tecnologías de fabricación de la época, y una intuición particular para el desarrollo que le permitió desde temprano dominar los aspectos más complejos de la mecánica, como la motorización, las transmisiones y las estructuras livianas. Finalmente y observando su vida como legado, podemos decir que fue uno de los principales pioneros de la aeronáutica en Latinoamérica, quizás el más destacado en el vuelo vertical”, cuenta Colombano.

–¿Por qué decidiste investigarlo? ¿Qué te llevó a Cicaré?

–Buscaba investigar cómo es que se genera y se gestiona el conocimiento tecnológico en una empresa. Dado este planteo, llegué a Cicaré como caso de estudio por excelencia en este aspecto. Su manejo de los prototipos, la metodología de ensayos como base para el desarrollo y su impacto en la industria internacional de los ultralivianos conformaron una oportunidad perfecta para elaborar un estudio de caso desde la perspectiva de la sociología de la ciencia y la tecnología. Gracias a una beca de estudio otorgada en ese entonces por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, tuve la oportunidad de gestionar viajes de inmersión dentro de la fábrica de Saladillo que permitieron largas jornadas de entrevistas con todo su personal y directivos, además de una observación de primera mano de la dinámica con la que se trabajaba en el taller.

–¿Cómo obtuviste el archivo fotográfico?

–El archivo fotográfico es uno de los aspectos más destacados del libro. Fue el resultado de la creatividad y dedicación de la editora de Lenguaje Claro y Motorlibros, que luego de un largo trabajo de exploración conformó un banco de imágenes excepcional, que además fue posible por la amabilidad y generosidad de la familia Cicaré, de los fotógrafos aeronáuticos Carlos Núñez Padín y Horacio Clariá, entre otros participantes que hicieron este libro posible.

–¿A qué desafíos se enfrentó?

–Augusto Cicaré enfrentó en sus primeras etapas los desafíos técnicos que demanda la aeronáutica como tecnología de alta complejidad. Sin embargo, luego de lograr el dominio del vuelo vertical, uno de sus máximos desafíos sin duda fue comprender las dinámicas del mercado aeronáutico, desde las fuentes de financiamiento para el desarrollo tecnológico, pasando por las sociedades comerciales, hasta la colocación de sus productos en la industria. Finalmente, es necesario destacar la fortaleza y perseverancia que debe mantener toda empresa de desarrollo y comercialización como Cicaré S. A., profundamente inmersa en los vaivenes económicos de la Argentina como desafío constante.

–¿Cuáles fueron sus éxitos y fracasos?

–Augusto Cicaré logró imponer la marca de su empresa en la industria aeronáutica y convertirse en un referente del vuelo vertical en el mundo, por lo que podemos reconocer la experiencia como un caso de rotundo éxito. Sin duda, en el camino enfrentó muchas frustraciones, las más destacadas seguramente fueron las asociaciones comerciales, con al menos dos casos en donde no se logró gestionar la comercialización del conocimiento tecnológico desarrollado por Cicaré y usufructuado por otras marcas en Estados Unidos y Europa occidental, entre otras regiones.

–¿Cómo está estructurado el libro?

–Los primeros capítulos introductorios llevan al lector a comprender la historia y estado del arte de la aeronáutica, el vuelo vertical y la industria de los helicópteros.  Una vez que el lector comprende los aspectos básicos de la técnica particular, el libro conforma un viaje por la historia de Augusto Cicaré y su fábrica de helicópteros desde sus primeros pasos como herrero en su pequeño taller de Polvaredas, en la provincia de Buenos Aires, hasta sus presentaciones como pionero de la industria en las exhibiciones de Oshkosh en Estados Unidos. Se divide en capítulos que conforman fases de desarrollo, de acuerdo con el grado de evolución del conocimiento tecnológico de la marca Cicaré a través de sus modelos de vuelo  funcionales.

¿Tenés alguna anécdota en torno de la realización del libro?

–La realización de este libro es una de las experiencias que recordaré para siempre en mi vida. La investigación comenzó con un trabajo de tesis que me permitió no solamente conocer a Augusto Cicaré y su empresa, sino compartir momentos inolvidables con cada uno de ellos que guardaré como un tesoro personal en mi memoria. Me quedo con el recuerdo de la humildad de Pirincho y su inmensa solidaridad, quien no solamente me brindó incontables horas de charlas y entrevistas, sino que además se encargó de mostrarme cada uno de los primeros modelos de cada helicóptero que desarrolló en su vida, a los que me invitó a subir y examinar minuciosamente. Como menciono en el libro, sentí en su entusiasmo la energía de un niño que muestra a un amigo sus juguetes más preciados.

–¿Qué representa Augusto Cicaré para nuestro país, qué legado deja?

–Augusto Cicaré es sin duda uno de los principales responsables de convertir a la Argentina en referente mundial del desarrollo aeronáutico. Nuestro país ha alcanzado por una gran cantidad de casos un dominio destacado de la tecnología aeronáutica, principalmente en la aviación. Sin embargo, Cicaré aportó el eslabón que faltaba a nuestra industria aeronáutica con el desarrollo del vuelo vertical ultraliviano. El legado de Cicaré es una experiencia de desarrollo intensivo de tecnología en contextos económicos dinámicos y muchas veces adversos, por lo que representa un caso de estudio estratégico para la industria en general. Es un ejemplo de emprendimiento y de imposición de marca en el mercado mundial con la innovación como valor agregado y fortaleza de comercialización. En definitiva, la experiencia de Cicaré deja como legado la evidencia de que la inversión en ciencia y tecnología es por excelencia un mecanismo de desarrollo económico y social para un país.

–¿Qué representa Cicaré para vos y qué te interesa producir en el lector?

–Para mí, Augusto Cicaré representa un máximo referente profesional, un ejemplo al cual acudir en el camino de alcanzar a través de la ingeniería el desarrollo tecnológico y la gestión del conocimiento. No solamente en el día a día profesional es una fortaleza su imagen, sino que su calidez humana se ha mantenido indeleble en mi memoria, ponderando la humildad y la austeridad por sobre todo valor. Antes que nada, siempre fue mi objetivo principal dar a conocer la historia de Cicaré para que su legado llegue a la mayor cantidad posible de personas. Sin embargo, deseo profundamente que los lectores comprendan la potencia innata de la industria argentina como sostén de la economía del país, y nuestro deber de protegerla y fomentar su crecimiento día a día como estrategia de soberanía nacional.

Sobre el autor

Leandro Colombano nació el 15 de noviembre de 1986 en la zona rural de Luca, en la provincia de Córdoba, rodeado de máquinas agrícolas que despertaron su interés por la mecánica. Completó sus estudios iniciales en su pueblo natal para luego completar la carrera de Ingeniería Mecánica de la Universidad Tecnológica Nacional, en 2012, y dedicarse a su pasión por el diseño de máquinas. Tras unos años en la agroindustria, se mudó a San Carlos de Bariloche para trabajar en Invap, en donde se dedicó al diseño de estructuras de satélites como el SABIA-Mar, de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.

Egresado de la Maestría en Ciencia, Tecnología e Innovación por la Universidad Nacional de Río Negro en 2019, se dedicó a investigar sobre el diseño de helicópteros Cicaré, y pudo compartir días en la fábrica y largas jornadas junto a Augusto Cicaré. Esto le permitió presentar artículos en jornadas como el Congreso Argentino de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (Caescyt), así como también en la revista Ciencia y Poder Aéreo, de la Escuela de Posgrados de la Fuerza Aérea Colombiana, junto al investigador Diego Aguiar.

Posteriormente fue entrenado en ingeniería de sistemas satelitales por la Indian Space Research Organisation en Bengaluru, India, en 2019. Luego de un tiempo al mando de los equipos de diseño de estructuras y mecanismos aeroespaciales y de óptica aeroespacial, actualmente se desempeña como coordinador de Ingeniería en el Departamento de Ingeniería Mecánica de Invap y como docente de Estructuras y Mecanismos en la Especialización en Industria y Sistemas Aeroespaciales de la Universidad de Buenos Aires.

Augusto Ulderico Cicaré Ercoli

Nació el 25 de mayo de 1937 en Polvaredas, un humilde paraje rural del partido de Saladillo, en la provincia de Buenos Aires. Hijo de inmigrantes italianos, creció en un entorno de escasos recursos, pero su innata curiosidad por la mecánica lo impulsó desde niño a experimentar con artefactos. A los 11 años, aún en quinto grado, construyó su primer motor de cuatro tiempos, que utilizó para accionar una máquina de lavar. Poco después, a los 15, ensamblaba motores de motocicletas, con un talento  autodidacta que lo definiría toda la vida.

A fines de la década de 1950, fascinado por la aviación vertical, Cicaré se sumergió en el estudio de helicópteros sin haber visto uno real. En 1958, con apenas 21 años, diseñó y construyó el CH-1, el primer helicóptero íntegramente desarrollado en Sudamérica. El prototipo voló exitosamente con él como piloto de pruebas, que aprendió a volar en el proceso. Este hito lo catapultó como ingeniero aeronáutico, pese a no tener formación formal en la materia.

Durante los años 60, incursionó en el automovilismo al diseñar un motor V-4 para autos DKW, probado exhaustivamente por el legendario piloto Juan Manuel Fangio. Sin embargo, el cierre de la marca truncó el proyecto.

Cicaré fundó Cicaré Helicópteros S. A., empresa dedicada a la aviación experimental. Sus diseños posteriores incluyen el CH-3 (1973, con rotor rígido de cuatro palas), el ultraligero CH-4 (1982, monoplaza de alta maniobrabilidad), el CH-6 (1987, exhibido en EE.UU.) y el CH-7 (1991, versión mejorada). En 1987, ganó el Premio Juan Manuel Fangio por una bomba de inyección para motores diésel. En 1994, desarrolló el simulador de vuelo SVH-3, galardonado como la  mejor invención nacional argentina en 1998 y con medalla de oro en Ginebra en 1999. En 1996, fue nombrado “Amigo de la Fuerza Aérea Argentina”.

A lo largo de su carrera, Cicaré acumuló patentes en sistemas hidráulicos, rotores compuestos y  combustibles duales, y promovió la accesibilidad de la aviación ligera. Falleció el 26 de enero de 2022 en su provincia natal, y dejó un legado de perseverancia y genialidad que inspiró a generaciones de inventores. Su obra, forjada en la adversidad, simboliza el ingenio argentino en la conquista del cielo.

Escrito por
Claudia Ainchil
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