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Caras y Caretas

           

“Este personaje es el desafío más grande que tuve como actor”

Luciano Cáceres brilla en el unipersonal Muerde, que está por salir de gira. En esta conversación repasa su trayectoria y cuenta sus preferencias como artista.

Muerde es un lindo ejercicio. Aunque sea por un rato ponerse en el lugar del otro”, dice Luciano Cáceres respecto del unipersonal de Francisco Lumerman que protagoniza, y que hoy a las 20 tendrá su última función en Timbre 4, antes de salir de gira por Madrid, Barcelona, Avilés y Berlín.

Caras y Caretas presenció una función y conversó con Cáceres sobre la obra, sus roles de actor en teatro, cine y TV y, sobre todo, su rol de director.

–¿Cómo surgió Muerde?

–La convocatoria es de Francisco Lumerman, el autor. Él escribió esta obra hace como diez años para un concurso de dramaturgia del Fondo Nacional de las Artes para unipersonales. Estaba con mucha rabia y encima en ese momento salieron los linchamientos en Rosario, donde a un pibe por robar un celular lo agarraron entre treinta y lo mataron a palos. A partir de ese hecho escribió la historia de un ser distinto, diferente, y quería explorar con este hábitat de pueblo chico, infierno grande. Me convoca para la obra, yo estaba filmando en Madrid. Nos conocemos desde Andamio 90, desde que éramos muy chiquitos los dos. Leí la obra y me di cuenta de que quería hacerla.

–¿Cómo fue la construcción del personaje?

–La primera imagen que tengo cuando leo la obra tiene que ver con los treinta años de mi mamá trabajando en la asistencia social y yo no teniendo clases y yendo con ella al trabajo. Los domingos, los sábados que tenía horas extra, y ver a los pibitos con el moco colgando y yo decirle: “Mamá, ¿por qué tienen moco?”. “Bueno, por eso se les dice mocosos.” “Pero, ¿por qué ellos tienen y yo no?” “Porque vos tenés una mamá presente que está todo el tiempo con el pañuelito limpiándote.” Esa fue la primera imagen de René. Un chico con el moco colgando y esa idea del abandono naturalizado. Después apareció el acento para construir un pueblo del norte y cierta cosa que había observado de una chica con la que me crié de pequeño: cómo hacía burbujas con la boca. Y así se fue construyendo.

–¿Qué te pasa con este personaje que fue quedándose sin palabras, sin habla?

–Este personaje es el desafío más grande que tuve como actor. Primero animarme al unipersonal y después físicamente, emocionalmente, vocalmente. Creo que hay una función que a veces tenemos los actores que nos sorprende con el laburo y que aparece una misión nueva. Primero darles voz a los que no suelen ser protagonistas, a los que no suelen tener voz, que es un poco una función nuestra. Y después la importancia de las palabras. Me hace acordar a Sarah Kane en 4.48 Psicosis, que decía: “Un montón de palabras en una hoja no es nada pero una sola palabra en una página, ahí está el drama”.

–Me sorprendió de Muerde, un unipersonal que lleva muchas funciones y es en día de semana, que convoque tanta gente. Les fue muy bien con la obra.

–Una gracia divina. Hay funciones con más gente, otras con menos gente. Pero siempre Muerde convoca. En todo el país y también cuando estuvimos en otros países. Es una alegría. Pero esa es la verdad del público y es el boca a boca que son los que la difunden. Obviamente la prensa ayuda y todo lo que hagamos nosotros de difusión, pero que te lo recomiende otra persona es lo que hace que te den más ganas de ver una obra.

–El que interpretás es un personaje de las minorías segregadas. Es emocionante ver gente conectada con la obra, emocionada, en este contexto tan terrible.

–Es un poco lo que te comentaba antes sobre la misión del actor y la función y misión del teatro: poder dar voz a los que no suelen tener voz, generar empatía, invitar a ponerse en el lugar del otro. Estos personajes muchas veces los vemos y cruzamos la calle o no los queremos ni mirar. Y cuando te acercás seguramente tenés mucho más en común de lo que imaginás. Es un lindo ejercicio Muerde. Aunque sea por un rato ponerse en el lugar del otro.

–¿Cómo sigue la obra?

Muerde sigue girando. Terminamos esta semana en Timbre y nos vamos a Madrid, Barcelona, Avilés y Berlín.

–¿En qué otros proyectos estás trabajando?

–Ya empecé a ensayar la nueva obra que se llama Paraíso, de Inmaculada Alvear, que la dirige Ignacio Rodríguez de Anca, y estamos trabajando un nuevo unipersonal, esta vez urbano. La idea es tener un díptico, uno rural y otro urbano y estamos trabajando en esto.

–Sos un actor que trabaja en todos los formatos. ¿En cuál te sentís más cómodo? ¿Cuál te desafía más?

–Sí, soy un actor de oficio y de oficio en el buen sentido. Tener un oficio es lo mejor que uno puede tener y estar atento a sus herramientas, a las técnicas y a lo que está pasando con este oficio a nivel global. Los formatos sí. Los formatos y los géneros. Porque de alguna manera mi formación es muy tradicional en Andamio 90, que agradezco un montón, y haber conocido los géneros siempre es un atajo para actuar porque no todo se trabaja igual . Obviamente el teatro es lo que más me tira. Incómodo no me siento en ningún lado pero la adrenalina del teatro, el resultado, el contacto con el público: hay algo ahí que no se compara con nada. Además la responsabilidad del actor es mucho mayor en el teatro. Después en lo otro podés volver a repetir. Si te equivocás, se edita. Y amo lo artesanal del cine. Tuve la suerte de tener el arco de todo y cómo lo vas contando de manera distinta, según la situación. Podés hacer el final al principio y cómo vas armando todo es hermoso y después la velocidad de la tele como entrenamiento también, me encanta, me potencia, me gusta, no me paraliza. Creo que me hizo mucho mejor actor, más resolutivo.

–¿Cómo llevás tus roles de actor y director?

–Mi rol de actor es el que empezó con este amor por el teatro, por este oficio. Después accidentalmente apareció el director. Con Sergio Surraco, otro amigo actor, hacíamos personajes chicos. Yo tenía diecinueve, dieciocho y ahí nos pusimos y él me dirigía a mí y yo a él y me encantó el rol. Y creo que es lo que más me gusta hacer porque me interesan mucho todas las áreas que hacen al teatro. La de director es mi parte más creativa. Esa responsabilidad que uno tiene como dirigente de construir un camino común para que todos los que hacen a esa obra lo transiten de la mejor manera y llegar al estreno y seguir con las funciones. Me gusta pensar espacios y laburar con cada actor en particular porque cada actor es distinto. Me apasiona. La dirección es lo que más me gusta.

Escrito por
Daniela Lozano
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