Al ver esos rostros que habitan en la cuenta @IAbuelas de Instagram, surge una cierta sensación de melancolía, como del recuerdo de personas conocidas. Como si operase en nuestra percepción ese imaginario inconsciente de que los desaparecidos y sus hijos e hijas apropiados, están allí, compartiendo el mismo aire y el mismo suelo que nosotros. Los conocemos o lo sentimos así, de tanto invocarlos, de tanta reivindicación y tanto acompañamiento, sea físico o moral, con el cuerpo o el espíritu, de una lucha inacabable. Las caras de esos supuestos, posibles nietos y nietas son creadas por inteligencia artificial merced a la mano artística del diseñador Santiago Barros. Todavía existe ese resquicio que nos permite distinguirlas de una foto real. Alguna vez ya no existirá, cuando la IA se perfeccione tanto que nos engañe como lo haría el poderoso genio maligno cartesiano. Pero quizá esté allí, en esa irrealidad manifiesta, su mayor realismo, ese que logra interpelar a quien observa a los ojos esos rostros que hablan desde alguna profundidad indefinida. Debe ser ese el gran logro de quien puso su conocimiento gráfico y tecnológico al servicio de una búsqueda que en julio pasado logró restituir al nieto 140, de los 500 que se cree apropiados durante la última dictadura cívico-militar.
Desde mediados de 2023, IAbuelas fue nutriéndose de decenas de rostros posibles de los nietos buscados por Abuelas de Plaza de Mayo. Hombres y mujeres de aspecto que promedia los 48 años. Por cada apropiado hay una versión en masculino y femenino. Barros lo consiguió cruzando las imágenes de los padres desaparecidos que publica Abuelas en su página. Según él mismo contó en entrevistas, se había interesado en el campo de la generación de imágenes, un poco para entender los alcances de esta herramienta, otro poco para ver cuán reemplazable podía ser su tarea por este nuevo artilugio. Interesado en lo que resultaba del cruce entre dos imágenes diferentes, vio que el resultado era similar al que hace la propia genética: el nuevo espécimen tenía, más o menos en proporciones semejantes, rasgos de cada uno de los que habían servido de “fuente” para su creación. “Un día se me ocurrió probar con las fotos de los desaparecidos para ver a qué resultado llegaba, y a medida que fui encontrando los resultados, estos tenían un grado de realismo, porque la imagen que genera es realista, de una persona que podría existir. Es una de las infinitas posibilidades que surgen de cruzar dos fotos, así como en nuestras familias nosotros no somos todos iguales a nuestros hermanos”, comentó hace tiempo en una entrevista con Mex Urtizberea.
IMAGINACIÓN ARTIFICIAL
El hecho de que se trata de una herramienta más es un aspecto que Barros destaca con énfasis, acaso por el respeto necesario que infunde la inmensa tarea de las Abuelas. Considera su trabajo como un ejercicio para imaginar, una “imaginación artificial”, dice. Sabe que no ofrece las certezas que sí brindan los resultados del Banco Nacional de Datos Genéticos, con el que trabaja la organización, ni cuenta con el respaldo de una historia de lucha y búsqueda que comenzó prácticamente con la dictadura iniciada en marzo de 1976. Algo que pudo conversar con la organización.
“Hablé con Abuelas; su opinión es que es una herramienta válida para la difusión de su trabajo. Porque obviamente la reputación de las Abuelas está basada en certezas, porque ellas desarrollaron una herramienta del banco de datos, fueron innovadoras, es una herramienta absolutamente infalible. Esto no viene ni a reemplazar ni a competir, es nada más un ejercicio que nos permite imaginar y que haya difusión”, expuso en aquella entrevista.
Barros milita en una agrupación y la política atraviesa su historia. Nació, como tantos nietos buscados, en 1976. El primo de su padre está desaparecido. No lo conoció, pero tiene una estrecha relación con su hija. Por eso, este trabajo representa para él también un acto de militancia, de difusión y también de denuncia: “Le tuvimos que poner esta cara porque no conocemos cuál es su cara real”, reflexiona.
Los rostros miran al frente, “a cámara”, y ese gesto hallado por casualidad en una de las primeras pruebas y luego buscado intencionalmente, logra el efecto que impactó a su propio autor cuando surgió en sus obras preliminares: “Yo sentía que esa persona mirando a cámara generaba que uno se sienta interpelado por esa imagen”.
No ocurrió hasta el momento que apareciera un nieto o nieta que pudiera compararse con las identidades recreadas por inteligencia artificial. Pero Barros sí realizó las pruebas cruzando las fotos de los padres de algunos nietos recuperados que se dieron a conocer, y en algunos casos, las similitudes fueron “inquietantes”, en sus propias palabras. En casos hubo coincidencias casi absolutas. En otros, los rostros podían relacionarse con esa familia. En algún momento, el hermano de un nieto buscado le pidió hacer una composición con las imágenes de los padres desaparecidos. Barros estaba enviándole la imagen obtenida justo cuando el hombre le ofrecía una foto suya, para que usara en la composición, o simplemente para tenerla de referencia. La comparación fue conmocionante. “Cuando abro la foto que él me mandó, literalmente era la misma persona. Le digo: ‘Loco, estoy en shock’. Y me dice: ‘Imaginate yo’. Pero ese es un caso y no quiere decir que vaya a pasar siempre”, advierte.
La respuesta de los familiares fue en general positiva. Incluso, Barros se convirtió en un polo de atracción para otra gente que duda de su identidad o de la de alguien cercano. De alguna manera, es un objetivo logrado, aunque cada vez que eso ocurrió, el creador de IAbuelas actuó con la firme convicción de sugerir que se recurra a Abuelas para continuar formalmente con la búsqueda.
