Dicen los sabios de la tribu que desde que el boxeo es boxeo y se perfeccionaron los kilajes, los controles, todo lo que atañe al profesionalismo, las tres categorías más importantes son pesado, mediano y medio mediano. Pesado carece de límites de kilogramos, mediano 72,6 y medio mediano (o welter), 66,7.
El devaluado boxeo argentino de estos años no ha dejado de ostentar el orgullo de haber dispuesto de cinco reyes del peso mediano. Por estricto orden cronológico, el santafesino Carlos Monzón, el mendocino Hugo Corro, el santacruceño Jorge Castro (Locomotora), el quilmeño Sergio Martínez (Maravilla) y el geselino Héctor Velazco.
Por una cuestión de pudor omitimos a Mariano Carrera, de San Isidro, que en 2006 ganó la pelea titular versión Asociación Mundial de Boxeo (AMB) a expensas del español Javier Castillejo, pero la detección de un doping con Clembuterol devino en la declaración de pelea nula. Es una verdadera vergüenza que la Federación Argentina de Box (FAB) considere a Carrera campeón mundial.
Monzón es nuestro hombre: un centenar de combates con apenas tres perdidos por puntos, un reinado que transitó desde noviembre de 1970 hasta julio de 1977, 14 defensas, nada menos que una serie invicta de 13 años, miembro del Salón de la Fama y como mínimo considerado uno de los mejores cinco medianos de todos los tiempos. El 8 de enero próximo se cumplirán treinta años de su muerte y qué mejor que convocar al mismísimo Maravilla Martínez, en su momento sentado a la mesa de los más prestigiados pugilistas del planeta, libra por libra.
Relajado, cordial y expansivo como siempre, Maravilla aceptó gustoso y honrado una entrevista de Caras y Caretas. Allá vamos.
–Según mi humilde entendimiento, después de haber visto más de veinte peleas de Monzón, a la hora de definir sus características no lo ubico como estilista, pero tampoco como peleador o contragolpeador. Más bien diría que Monzón era un boxeador de control. De control del centro del ring con extrema maestría. ¿Cómo lo definirías vos?
–No sé si Monzón fue el más grande, el mejor, porque yo no llegué a ver a Pascualito Pérez. Hay gente mayor, que llegó a ver a Pascualito y suele opinar que es el mejor, pero no llegamos a verlo. Mejor dicho, no llegué a verlo. Entonces me quedo con Monzón como el más inteligente. Sobre todo era muy preciso y muy tiempista. Monzón no cometía errores. Si bien no era un boxeador de provocar los errores en el rival, como por ejemplo lo hacía (Nicolino) Locche, que provocaba los golpes y en base a eso dejaba en evidencia a sus rivales. Pero Monzón tenía una extrema precisión y un control de tiempo y distancia, acompañada de una frialdad maravillosa. Sus detractores dicen “Monzón era lento”. ¿Qué lento? ¡Monzón no era lento! Era preciso. Si no, no hubiera ganado todo lo que ganó. No hubiera podido hacer mucho. Para mí, el boxeo podría definirse así: mente superior domina a mente inferior. Y da igual la velocidad con la que el boxeador se maneja. Mente superior, domina. Y Monzón dominaba. Dominaba muy bien todos los terrenos. La corta distancia no le convenía. Era flaco, espigado, alto, largo, pero en media y en larga distancia hacía lo que quería. Tenía un control absoluto de la distancia.
–Podría hacer una enumeración de las virtudes más claras de Monzón y de los defectos que él sabía disimular. Julio Ernesto Vila decía que Monzón también era hábil para que no se notaran sus fragilidades.
–En la respuesta anterior le di una descripción general de sus virtudes. Lo que era control de tiempo y distancia. Controlaba la mente de sus rivales gracias a algo que es maravilloso: el provocar frustración a sus rivales. Frustración y dolor físico. Locche destruía internamente el entusiasmo, el espíritu de la persona. Locche hacía eso. Monzón también hacía eso, pero además destruía el cuerpo, porque tenía manos pesadas y conectaba con claridad, con limpieza. Era evidente esa limpieza a la hora de golpear. Pegaba él y el rival no tenía la chance de contragolpear. En ese sentido, era fantástico. Tenía un dominio de las acciones, pero, sobre todo, dominio de las pausas. Ese es mi punto de vista. No siempre dominar las acciones es dominar la pelea. Monzón dominaba las pausas con una claridad y una inteligencia arrolladora. Magistral. Todos eran rápidos, todos eran fuertes, todos eran potentes, hasta que peleaban con Monzón. Se topaban con él y se terminaban las virtudes de los rivales. ¿Defectos de él? Si yo tengo que ver la época del prime time de Monzón para mi punto de vista, los dos mejores combates de él, o los que más me gustan, son frente a Mantequilla Nápoles y Rodrigo Valdez, la última, cuando cayó en el segundo asalto. Hasta en ese combate, aun cayendo, mostró una superioridad absoluta, con un dominio, una frialdad y con una tranquilidad pasmosas. Creo que fue Angelo Dundee el que dijo: “La perfección no existe, pero si existiera la perfección, Carlos Monzón hubiera estado muy cerca”. Monzón tenía muy pocos defectos y para eso tuvo que tener una evolución. Si hablamos de su prime time, él era casi imbatible. No tenía defectos.
–¿Cómo describirías la fortaleza de un Monzón que de chico tuvo serios déficits de alimentación? Vila juraba que Monzón era de mandíbula frágil. Pero en la primera pelea que hicieron, (Jean Claude) Bouttier le metió una derecha tremenda, en el sexto round, que era para noquear a un búfalo y no lo noqueó. La propia famosa derecha de Benny Briscoe en el Luna era para noquearlo y tampoco lo noqueó. Amén de la caída, Valdez lo cruzó varias veces y tampoco lo noqueó.
–No creo que haya tenido quijada frágil. Lo que tenía era un cuerpo muy espigado y eso hacía que los golpes fueran más evidentes. A notarse más, pero la verdad es que Monzón era durísimo. Muy fuerte. Muy duro. Un indio tremendo. Un roble.
–¿En qué lugar lo colocarías entre los mejores campeones del mundo argentinos de todos los tiempos? ¿Y en qué lugar te pondrías vos?
–Insisto, no tuve la suerte de ver a Pascual Pérez, pero considero que Monzón fue el mejor, lejos, y después venía el resto. Por respeto a la gente mayor, pondría a Pascualito segundo. Un grande: brutal. Pero Monzón subía al ring y se congelaba el tiempo. Era un diferente. Hasta tenía unos movimientos defensivos increíbles, incluso por delante de Locche. Por jugar un día me puse sexto o séptimo. Si no me olvido estaban Monzón, Pascualito, Locche, (Víctor) Galíndez, Falucho Laciar… Castro no, porque no quiso. Siempre fue un vago. (Látigo) Coggi fue un grandísimo campeón, pero pelear en Estados Unidos es otra cosa. El Zurdo Vásquez era un animal. Yo soy muy crítico, muy duro, pero conozco mis virtudes y mis defectos. Entre los primeros diez ya es un lujo, una locura. Yo soy fanático del boxeo argentino.
–¿Qué hubiera pasado en una pelea entre Monzón y vos?
–Hay boxeadores que no tienen tiempo ni década. Ray Sugar Robinson, Muhammad Alí, Floyd Mayweather, pero al haber cuatro décadas de diferencia entre Monzón y yo, se hace muy difícil imaginar esa pelea. Habría que ver mi cuerpo cómo se adaptaría a los 70 y el cuerpo y la mente de Monzón a mi tiempo. Yo tendría una gran primera parte. A 15 rounds tendría ocho rounds estupendísimos y el resto los sufriría como una madre. Si es a 12, veo un Monzón ganando por nocaut en el décimo round, una cosa así. Yo tendría que tener una pelea perfecta, una pelea sin fallos. Pero yo tenía fallos. Delante de Monzón te equivocabas y te arrancaba la cabeza. Hubiera sido un lindo duelo de estilos.
