JACK WHITE
El cantante, guitarrista y compositor de Detroit (EE.UU.), se sabe, oficia como la última gran reserva del rock mainstream de autor. White es un hombre talentoso y obsesivo –también es de público conocimiento–, pero acaso algunas de sus mayores virtudes sean la convicción y el detalle que pone en cada disco. Desde lo musical a lo estético, pasando por lo conceptual y por cómo va contrastando sus diferentes proyectos. Tanto con The White Stripes, como en The Raconteurs, The Dead Weather y en su carrera solista, White siempre parece ver la gran foto para encontrar una vuelta de tuerca exacta que le permita sorprender sin acudir a poses estridentes o maquillajes de ocasión.
Después del brillante Fear of the Down (2022) –un cóctel explosivo de melodías encantadas y efectos chirriantes en high-fi– y Entering Heaven Alive (2022) –su contraparte acústica–, el último gran ídolo de acción rockera acomete con un álbum de tono casi clandestino: no tiene nombre y su portada apenas exhibe tonalidades graníticas de azul. ¿Y la música? White vuelve decididamente a sus fuentes garageras, pero sin caer en la tentación de echar mano a la fórmula de los primeros discos de The White Stripes. Así las cosas, las trece canciones de No Name suenan low-fi, rockeras, bluseras, con el descaro del primer punk, pinceladas soul y toda la magia –acaso más urgente y barullera que nunca– de un White comandando una banda sin florituras.
“Old Scratch Blues” atrapa por groove y descaro, “Bless Yourself” hasta parece retomar el espíritu de R.A.T.M., el slide de “Underground” dirige una aventura imperdible, el fervor punk gana centralidad en “Number One With a Bullet” y la lista de aciertos podría seguir por un rato largo.
White no logra retomar su cenit creativo, pero tampoco acude ni a un tema de relleno. El tiempo pasa y el alquimista del rock del siglo XXI sigue confirmando que no está en sus planes dormirse en los laureles.
