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“NO PUEDO QUEDAR ATRAPADO EN ESTE RECUERDO”

Juan Carlos “Toti” Giménez fue pareja y productor de Gilda en su momento de esplendor. Si bien rememora con cariño aquellos tiempos, ahora asegura que necesita dejarlos en el pasado para seguir su vida.

Hace 25 años que Juan Carlos “Toti” Giménez espera la misma llamada. Cada 7 de septiembre, el aniversario de la muerte de Gilda lo coloca nuevamente el lugar de testigo privilegiado de un momento recordado por millones. El accidente que se llevó la vida de una artista joven, luego convertida en mito hasta con poderes curativos, representa para Toti un episodio que –como un bucle infinito– lo atrapa para no dejarlo escapar hacia adelante. “Hace 25 años que hablo de lo mismo. Ella ya está instalada, es una figura más que pública. Fue una muy linda época, pero la vida continúa. No me puedo quedar atrapado en ese recuerdo. Ni yo, ni nadie”, dice a Caras y Caretas, con voz de pocos amigos.

El recuerdo lacerante invade su presente. De alguna manera, su propia historia quedó subsumida a la potencia de una figura como la de Gilda y una muerte trágica que no hizo más que elevarla al panteón de los ídolos nacionales. Su fastidio, entonces, suena lógico. Y no es que Toti desprecie esa posibilidad que le dio la vida. Todo lo contrario: sabe que fue el corolario de una búsqueda y un premio merecido.

“Estoy en la música desde que tenía seis años, cuando mi mamá me regaló la primera guitarra”, recuerda, ya más tranquilo. Toti dejó el secundario y se metió en el coro de niños del Teatro Colón. Su madre le regaló entonces un teclado y ahí descubrió todo un nuevo mundo. “La búsqueda fue a partir de que conocí los teclados. Trabajé durante ocho años como vendedor en casas de música, pero siempre buscaba mi propio sonido. Al final el sonido apareció a través de una voz, de una cantante”, cuenta.

–¿Se acuerda de la primera vez que la vio a Gilda?

–Fue a través de un casting que organizó un amigo, Bubi Morales. En los 90 no todo el mundo tenía teléfono y los avisos los publicábamos en el diario Clarín. Bubi me dijo que quería publicar un aviso para buscar una cantante, pero me pidió hacer el casting en mi casa porque yo tenía el teclado y un teléfono. En esa época yo tocaba con Ricky Maravilla. El aviso decía algo así como “Busco cantante femenina para armar un grupo tipo Las Primas”, una cosa así. Una de las chicas que se presentó fue Gilda. Me dijo: “Hola, vengo por el aviso, me llamo Miriam Alejandra Bianchi”. Así nos conocimos.

–¿Ahí identificó algo especial?

–Sí, había algo distinto. Su imagen, su forma de cantar. Ella nunca había cantado cumbia. Empezamos un camino que llevó su tiempo. En ese momento, el punto de arranque era grabar un disco. Nos conocimos en septiembre de 1990 y recién pudimos grabar en el año 92 y el CD salió en 1993. Hoy hacés un tema y al otro día lo subís a las redes. Igual, me gustaba más aquella época.

–¿Cuál fue el gran aporte desde el punto de vista musical? ¿Se siente orgulloso de ese momento particular?

–No, orgulloso no. Siento que hice lo que tenía que hacer, con mis falencias. No me gusta cómo toco, me parece terrible. Pero como dice un amigo: el éxito no se discute. Por algo a la gente le gustó. Es la magia de la música, es el momento universal. Quizá la canción sale diez minutos después y no pega. Si sale cuando tiene que salir, mata.

–Por algo, 25 años después se siguen escuchando.

–Es imposible saber por qué pasa esto. Nadie lo puede explicar. Yo sentía en ese momento que era algo distinto, que estábamos en una búsqueda diferente. Creíamos en la música que hacíamos. Y no fue por una búsqueda de dinero. No me puedo quejar, pero no es que ganamos fortunas. Tengo el mismo auto desde hace 25 años, me pude hacer un lindo estudio y nada más.

A Toti le cuesta hablar del trágico accidente en el kilómetro 129 de la Ruta 12, en la provincia de Entre Ríos, donde además de Gilda murieron la madre y la hija de la cantante, tres músicos de la banda y el chofer del micro que los trasladaba. Toti está cansado del tema. “Soy músico y no dejé de serlo luego del accidente. Si hubiese sido al revés, ella habría hecho lo mismo, hubiese seguido cantando. Era y es lo que somos”, dice.

–¿Para mucha gente se detuvo el tiempo en el accidente?

–Sí. Lamentablemente, la vida continuó, no sólo para su hijo, su familia, el resto de los músicos de la banda. Todos tuvimos que seguir porque es nuestro trabajo.

–¿Qué representa ese momento en su vida?

–Fue una época muy linda, había mucho trabajo, mucha creatividad, competencia. En general, nadie se copiaba, todos buscábamos crear un estilo propio. Nosotros lo logramos. Ella sigue sonando en todos lados, a veces con más o menos fuerzas, pero en general siempre está: en películas, publicidades, en trabajos futuros, como una miniserie que está en proceso de producción.

–Más allá del hartazgo que le genera hablar de Gilda, ¿hay algo que trascienda su imagen pública? ¿Algo que recuerde en particular de ella?

–No hace falta recordarla porque está siempre. Cada vez que resurge por algún trabajo puntual aparezco, porque en verdad fui coprotagonista de esta historia, aunque muchos, si pudieran, me borrarían. Pero, bueno, en la vida la historia es una sola. Yo estoy agradecido, me hizo un poco conocido, en ese momento hice lo que pensé que tenía que hacer. Es un sabor agridulce, fue una producción diferente, una estética distinta a lo que se venía produciendo. Creo que no me equivoqué. Trascendió todos los límites. Nadie se imaginaba que esto podía pasar. Porque hoy nadie se acuerda de que al principio fue muy combatida, no es que ingresó directamente y fue todo fácil. No. Luchamos mucho. Hoy la lucha sigue.

–¿En relación a qué?

–Es mentira que los músicos somos todos amigos. Cuando a vos te va bien, está todo bien; ahora, cuando a vos te va muy bien, ya las cosas para los demás no están tan bien. No sé por qué, pero hay mucha envidia. La historia, en sí, fue muy fuerte. En lo humano, en lo social, en lo musical. Hay mucha gente a la que esto le genera bronca. Tal vez porque hubiese querido formar parte de esa historia. Entonces me ningunean, inventan cosas, que yo era esto y lo otro. Pero, insisto, la historia fue una sola. Desgraciadamente, no está ella para contarla.

–¿Cuál es la verdad de esa historia?

–Nosotros empezamos con esto por una idea mía, una locura: querer convertirla en una estrella. En ese momento vi lo que ahora ven todos. No la parte mítica, sino que tenía un gran carisma. Yo sabía que se iba a instalar. Me acuerdo de que a principios de 1996, Gilda me preguntó: “¿Cuándo voy a ser popular?”. Yo le dije: “El día en que la hinchada de Boca cante tus canciones”. Ella no llegó a verlo, pero creo que no me equivoqué. Las hinchadas siguen cantando sus canciones, que también son mías. Tuve esa visión. Ahora estoy produciendo a una cantante, que no tiene nada que ver con el estilo de Gilda, pero que tiene un don similar. Se llama Yamila Larreta. Con ella volví a producir de manera integral, por primera vez desde entonces.

–¿Sueña con Gilda?

–No, ahora no. Al principio sí, la soñaba viva. Pero pasaron muchos años. Me casé, tuve tres hijos, también tengo otra hija mayor de mi primer matrimonio antes de Gilda. Ahora estoy en proceso de divorcio de mi última mujer, de la que estoy separado hace seis años. Mis hijos son mi familia, tengo otra novia. No estamos viviendo una época muy fácil, ni siquiera para el amor. Hay que seguir trabajando, soy resiliente: siempre me levanto desde cero.

Escrito por
Franco Spinetta
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