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EL CONTEXTO QUE RECIBE A ALBERTO PRESIDENTE

Una región convulsionada y con la injerencia de Estados Unidos, siempre detrás de los recursos naturales latinoamericanos, es el escenario en el que asume el nuevo mandatario argentino.

Después del golpe de Estado en Bolivia ya no quedan dudas de que Estados Unidos ha decidido recuperar el control total de nuestro continente a como dé lugar. Ya no simula defender el sistema democrático ni apela –como hasta hace poco con Venezuela– a la narrativa de “país descarriado” y la necesidad de hacerle respetar las normas de la comunidad internacional.

Washington, como todas las potencias hegemónicas de la historia, en el transcurso de su ciclo declinante pierde los buenos modales y las máscaras. En esta fase, EE.UU. todavía preserva una: la acción directa. En América latina no es el Pentágono el que derroca gobiernos (como en Irak, en 2003) ni la OTAN (como en Libia en 2011) sino que delega el baño de sangre en las elites y las Fuerzas Armadas locales.

¿Cuáles son las razones de esta virulencia? Muchos analistas aluden a nuestras riquezas: agua potable, alimentos, petróleo, entre muchos otros bienes, como los minerales estratégicos. Bolivia tiene el 70 por ciento de las reservas mundiales certificadas de litio, un mineral codiciado por ser fundamental en la matriz energética posfósil que se viene. La apropiación de nuestros recursos es una explicación certera pero no suficiente.

Hoy las prioridades de la Casa Blanca se organizan en torno a su rivalidad con China, y es en ese marco en el que el gobierno de Alberto Fernández (AF) tendrá que diseñar el futuro doméstico y regional de la Argentina.

La tarea es difícil pero estimulante porque el próximo gobierno encontrará a la región en medio de una intensa disputa de modelos y cambios en la correlación de fuerzas. La apabullante victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), por 31 puntos, en México y el triunfo del Frente de Todos indican por lo menos dos cosas: primero, que se equivocaron quienes auguraban un ciclo conservador largo, convencidos de que América latina había abandonado el progresismo y, segundo, que una nueva ola antineoliberal está en marcha en la región.

 

OCTUBRE RÁPIDO Y FURIOSO

“A comienzos de 2019, las derechas estaban en su zona de confort”, observa Inés Nercesian, doctora en Ciencias Sociales y directora de Oblat, uno de los observatorios electorales más importantes de América latina. El triunfo de AMLO despertó algunas alertas, pero con Jair Bolsonaro en Brasil, Sebastián Piñera en Chile, Lenin Moreno en Ecuador y una oposición fragmentada en la Argentina, el giro conservador parecía asegurado. No obstante, a mitad de año, a la presidencia de AMLO se sumó, sorpresivamente, un hecho muy significativo: AF y Cristina Fernández de Kirchner destronaban a Mauricio Macri en la Argentina.

“La gestualidad de AF al visitar a Lula en la cárcel en plena campaña electoral, su primera visita como presidente electo a México y el impulso al Grupo de Puebla –agrega Nercesian– trazan un nuevo mapa latinoamericano, posneoliberal, diferente al de comienzos del siglo XXI. Antes no se incluía a México. El Cono Sur le había regalado la historiografía mexicana a EE.UU. AF la recupera, reavivando el histórico vínculo argenmex”.

Paralelamente, un octubre furiosamente anti- neoliberal comenzó a mover todas las estructuras latinoamericanas. El economista Claudio Katz condensa esta nueva etapa de “giro regional” en tres tipos de victorias.

“La victoria popular en las calles se vio en Ecuador y sus manifestaciones antigubernamentales; en Chile, el caso más emblemático porque quiebra el emblema del modelo neoliberal no sólo en América sino que, diría, en el mundo; Puerto Rico, donde por primera vez un mandatario es derrocado por una demanda de la población; los haitianos que hace meses están en las calles, y los hondureños que marchan contra un fraude electoral. Las otras dos victorias son las electorales (a las de México y la Argentina debe sumarse la de Bolivia, interrumpida violentamente) y la de la resistencia del gobierno y el pueblo de Venezuela, que desde hace muchos meses vienen impidiendo un golpe de Estado destinado a cambiar toda la política regional”, asegura Katz.

Ambos especialistas señalan que lo que se juega hoy en América latina es la disputa entre un modelo social, político, económico-cultural latinoamericano y el neoliberalismo salvaje. Y coinciden en que, para Estados Unidos y las elites locales, el escenario para imponer un neoliberalismo duro es cada vez más adverso.

Escrito por
Telma Luzzani
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Escrito por Telma Luzzani
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