Estados Unidos, un país que bordea los 350 millones de habitantes, es conocido en su faceta económica y productiva por sus corporaciones gigantescas, que dominan los mercados industriales y de servicios. Un panorama que incluye a los conglomerados de las finanzas, la energía, la informática y los ramos audiovisuales, con ofertas que llegan a los puntos más distantes del planeta.
A ese potencial –acaso simbolizado por las emblemáticas Coca Cola y Pepsi Cola, los automóviles Ford o la cadena de fast food McDonald’s– se agregan nuevos y viejos negocios en materias tales como los equipos militares, el consumo masivo, la consultoría económica y los dispositivos tecnológicos.
La primacía de empresas estadounidenses se despliega asimismo en áreas que satisfacen demandas culturales y de entretenimiento (como es el caso de la industria cinematográfica) o bien satisfacen requerimientos específicos, por ejemplo, los relacionados con fertilizantes y maquinaria agrícola.
Lo que pocas veces se difunde es que la economía estadounidense no se sostiene solo por esa poderosa cúpula, conformada al fin y al cabo por no más del 0,1 por ciento del universo empresarial que opera desde EE.UU. como plataforma para acceder a cualquier punto del planeta.
Desde luego, aunque poco numerosas, la relevancia de esas megacompañías suele amplificarse a partir de la identificación de sus aportes con el progreso de la humanidad en sus múltiples aspectos. A lo cual se añade su presunto respeto a valores éticos y morales asentados en los pilares de la “libertad”.
La influencia de las trasnacionales estadounidenses en países de mediano desarrollo, como es el caso de la Argentina, se refuerza en gran medida gracias a los abundantes recursos publicitarios y de marketing de un aparato propagandístico-cultural orientado a apuntalar la percepción de supremacía de esos grupos empresariales.
En todo caso, la convicción de gobiernos regionales conservadores y ultraliberales acerca del impulso que las compañías de EE.UU. podrían imprimir a las economías locales genera decisiones contrapuestas.
Por un lado, como se ve en el caso argentino, se abren puertas a los capitales de ese origen como factor decisivo para incrementar las chances de expansión de la economía.
No obstante, la decisión local de desarticular y desfinanciar al Estado en sus distintos niveles (nacional, provincial y municipal) minimiza o suprime cualquier tipo de apoyo a las pymes, en un contexto de fuerte caída de la demanda, aumento de costos (tarifarios, crediticios, impositivos) y mayor competencia de importaciones.
Participación
Un primer parámetro para precisar magnitudes y justipreciar el verdadero aporte de las megacompañías de EE.UU., dentro y fuera de su territorio de base, es apelar a datos oficiales.
Esa tarea fue encarada formalmente por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el club de países ricos, en su reciente informe “Financiamiento para pymes y emprendedores 2026: Estados Unidos”.
El análisis se publicó a fines de septiembre pasado y pone el foco, a diferencia de otros muchos abordajes de consultoras o académicos, en lo que apenas suele entreverse en los debates públicos.
La OCDE toma nota de datos proporcionados por la Administración de Pequeñas Empresas (Small Business Administration, SBA por sus siglas en inglés), y cita resultados de relevamientos realizados por la Oficina de Defensa.
Según ambas entidades con sede en Washington, las firmas pequeñas o medianas representan el 99,9 por ciento de las 34,8 millones de compañías registradas en Estados Unidos.
Un dato adicional ilumina ese panorama: el 98 por ciento del universo empresarial estadounidense estaba integrado en 2024 por compañías con menos de veinte empleados.
Tan potente retaguardia fue, y es en gran medida, la que permitió a las casi 35 mil mayores compañías transnacionales estadounidenses aumentar su presencia en decenas de mercados extranjeros.
La mayor parte de esa expansión, por cierto, fue facilitada desde tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial (en América latina sobran los ejemplos) por gobiernos dictatoriales aliados a grupos oligárquicos locales.
Más recientemente, el desembarco de empresas de Estados Unidos se ve facilitado en países cuyos gobernantes se ilusionan con las políticas neoliberales o libertarias, al punto de poner en práctica todo tipo de incentivos y reglas “amigables” orientadas a atraer capitales de las economías a las que definen como “adelantadas” y a cuyas reglas procuran adaptarse.
En la Argentina, los perjuicios socioeconómicos atribuidos a las políticas “populistas” y la persistencia de la alta inflación dieron lugar a camadas de nuevos representantes locales que –en sólidas alianzas de intereses con los gobiernos y empresas de EE.UU.– fueron encontrando las vías para obtener y mantener el respaldo político necesario, mediante la captación del voto de las mayorías ciudadanas.

Contribución
En lo que respecta a la economía estadounidense, en tanto, es insoslayable la contribución de las empresas de menor tamaño relativo, las mismas que en 2024 empleaban a 59 millones de trabajadores, es decir, el 45,9 por ciento de la fuerza laboral privada.
De todos modos, evalúa la OCDE, sin la extendida presencia de las pymes en EE.UU. no sería posible explicar la resiliencia ante la persistente incertidumbre global, el crecimiento de la producción, la permanencia de un mercado laboral sólido y una baja inflación, según surge de las estadísticas que compilan el Departamento de Comercio, la Oficina de Análisis Económico y el Departamento de Trabajo.
Desde luego, la heterogeneidad de situaciones sectoriales y particulares muestra, a lo largo de sucesivas y a veces traumáticas coyunturas, un proceso dinámico de ascensos y caídas de esas compañías de menor dimensión en cada una de las actividades.
Así, entre marzo de 2023 y el mismo mes de 2024 se registró en Estados Unidos 1,1 millón de aperturas de nuevas pymes y, en forma simultánea, hubo 983 mil cierres de pequeñas empresas.
Tal renovación reflejó no solo el resultado de las respectivas actuaciones individuales en medio de las señales emitidas por el mercado. También incidieron los variados beneficios recibidos en el marco de las políticas gubernamentales de respaldo.
Por ejemplo, la Administración de Pequeñas Empresas y el Departamento del Tesoro apoyaron a las pymes de EE.UU. a través de generosos programas de créditos.
Líneas
La SBA trabaja con aproximadamente 5.000 bancos y cooperativas de crédito, 250 Corporaciones de Desarrollo Comunitario (CDC), más de 170 intermediarios financieros sin fines de lucro e Instituciones Financieras de Desarrollo Comunitario (CDFI) y trescientas compañías de inversión para pequeñas empresas (SBIC).
La Oficina de Acceso al Capital de la Small Business Administration cuenta con varios programas que ofrecen créditos directos y garantías de préstamos para una amplia gama de productos diseñados para satisfacer las diversas necesidades financieras de las pequeñas empresas a lo largo de su ciclo de vida. Es decir, desde sus etapas de emergencia hasta su consolidación.
El mayor de estos programas es el conocido como 7(a), que ofrece garantías de préstamos para capital de trabajo de hasta 5 millones de dólares a pequeñas empresas nuevas y existentes.
El respaldo se puede utilizar para adquirir, refinanciar o mejorar bienes inmuebles y edificios, capital circulante a corto y largo plazo, refinanciación de la deuda empresarial; compra e instalación de maquinaria y equipos, incluidos los gastos relacionados con la IA; compra de muebles, accesorios y suministros; cambios de propiedad (totales o parciales); fines múltiples, incluyendo cualquiera de los anteriores.
La segunda ventanilla de asistencia, por el volumen de sus operaciones, es el Programa de Préstamos CDC/504, que ofrece garantías de préstamos de hasta 5,5 millones de dólares para la compra de activos fijos importantes, como nuevas instalaciones o equipos.
Estos préstamos están disponibles a través de las Compañías de Desarrollo Certificadas (CDC, por sus siglas en inglés), organizaciones sin fines de lucro asociadas a la SBA que promueven el desarrollo económico en sus comunidades. Las CDC están certificadas y reguladas por la SBA.
Los créditos otorgados por esta vía están destinados a empresas con un patrimonio neto tangible inferior a 15 millones de dólares y pueden ser utilizados para una variedad de activos que promueven el crecimiento empresarial y la creación de empleo.
Incluyen la compra o construcción de edificios o terrenos existentes; nuevas instalaciones; maquinaria y equipos de larga duración con una vida útil restante mínima de diez años (incluidos los equipos con soporte de IA relacionados con el proyecto o la maquinaria para la fabricación de productos), consolidación de deudas bajo ciertas condiciones y amortización o refinanciación de “deudas calificadas”.
La asistencia también se otorga para la compra de terrenos, calles, servicios públicos, estacionamientos y paisajismo, así como para mejoras de instalaciones existentes.
En el año fiscal 2024, la SBA proporcionó en total 146.400 millones en préstamos 7(a), préstamos 504 y financiamiento de micro préstamos, precisó la repartición.
Asistencias
Se suma además la Iniciativa Estatal de Crédito para Pequeñas Empresas (SSBCI, por su sigla en inglés), que para marzo de 2024 había asignado 8.400 millones de dólares a estados, territorios y gobiernos locales, según informó el Departamento del Tesoro.
Ese mismo año se presentó el primer nuevo producto de préstamos de la agencia en más de diez años, denominado Programa Piloto de Capital de Trabajo (WCP). Una línea de crédito otorgada por prestamistas 7(a) y respaldada por la SBA, diseñada para brindar mayor flexibilidad a las pymes que un préstamo a plazo tradicional.
Los créditos WCP pueden estructurarse como préstamos basados en la transición o en activos, y ofrecen una estructura de comisiones innovadora para apoyar a las empresas orientadas al crecimiento que los productos de préstamos anteriores de la SBA no siempre podían respaldar.
Estos préstamos pueden utilizarse tanto para ventas nacionales como de exportación, lo que proporciona una nueva opción de financiamiento para las pymes exportadoras estadounidenses.
En total, los nuevos préstamos comerciales a las pequeñas y medianas empresas estadounidenses (medidos al 30 de junio de cada año) pasaron de un piso de 519.000 millones de dólares en 2013 a 800.000 millones en 2021. Con lo cual el volumen de esas operaciones pendientes de pago prácticamente se duplicó desde los 2,2 billones de dólares de 2007 a 4,3 billones en 2016.
Desde entonces el indicador repuntó en favor de las compañías más pequeñas hasta totalizar el 20,6 por ciento del total de asistencias financieras en el promedio 2020-21.
A la vez, los préstamos otorgados a las nuevas pymes fueron en el ejercicio 2022 prácticamente el doble de los concedidos en 2009.
La proporción de los préstamos a compañías pequeñas y medianas pendientes de pago, por su parte, siguió una tendencia descendente desde el 30,1 por ciento del total de créditos comerciales en similares condiciones, registrado en 2010 hasta el 17,1 en 2017. Pero luego subió al 20,3 por ciento en 2021.

Tamaños
Vale recordar que los estándares de tamaño definidos por la SBA para caracterizar a una empresa como “pequeña o mediana” varían según el sector y generalmente se basan en el número de empleados o los ingresos anuales promedio. Son requisitos asimismo el tener fines de lucro, ser de propiedad y operación independientes, estar ubicada físicamente en Estados Unidos y no ser líder nacional en su sector.
La Small Business Administration publicó en marzo de 2023 los estándares más recientes, según los cuales se incluye a las firmas con menos de quinientos empleados.
Esas empresas gozaron de un acceso al crédito mucho más amplio y en condiciones más ventajosas que las de la mayor parte de sus competidores, tanto de países desarrollados como emergentes.
Tras un período de subidas de las tasas de interés a lo largo de 2023, la Reserva Federal mantuvo un nivel estable durante los primeros ocho meses de 2024 y luego inició una serie de recortes que sumaron 100 puntos básicos, hasta cerrar el año con una tasa del 4,33 por ciento.
No obstante, según informó la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal, a partir de ese año los bancos endurecieron las condiciones de los créditos, alegando preocupaciones sobre las perspectivas económicas, el entorno regulatorio y la tolerancia al riesgo.
Los estándares para los préstamos comerciales e industriales se endurecieron gradualmente, incluyendo requisitos de garantía más estrictos y plazos de vencimiento más cortos.
La tasa de interés promedio de los préstamos para pymes aumentó del 6 por ciento en 2023 al 6,7 en 2024, de acuerdo con el relevamiento del Banco de la Reserva Federal de Kansas City.
En respuesta al endurecimiento de las condiciones crediticias bancarias, las fuentes de financiación no bancarias, incluidos el arrendamiento financiero y los préstamos con garantía de activos, experimentaron un modesto crecimiento a lo largo de 2024, a medida que las empresas diversificaban sus fuentes de financiación.
Estados
Los préstamos con fondos federales se suman a los que disponen los distintos estados y gran parte de las ciudades a disposición de los emprendedores que los requieran.
La oferta incluye garantías, ayuda de emergencia y programas de asistencia financiera que respaldan préstamos del sector privado y/o subvenciones federales. Comprende asimismo programas y productos que apoyan préstamos para pequeñas empresas de nueva creación, recién establecidas o en crecimiento.
Es el caso de los programas de inversión de capital de emergencia o de beneficios fiscales y herramientas de financiación a largo plazo para mejorar, desarrollar o financiar negocios.
Las ayudas federales son complementadas, en muchos casos, con la asistencia, a niveles locales, de una treintena de instituciones que ofrecen soportes financieros a las pequeñas empresas.
Tales respaldos se verifican en los estados de Alabama, Alaska, Arkansas, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Colorado, Connecticut, Georgia, Idaho, Indiana, Kansas, Kentucky, Luisiana, Maine, Maryland, Massachusetts, Minnesota y Mississippi.
Del mismo modo, las pymes de EE.UU. reciben financiamiento en Missouri, Nebraska, Nueva Jersey, Nueva York, Nuevo Hampshire, Oklahoma, Oregon, Pensilvania, Puerto Rico, Rhode Island, Tennessee,Texas, Utah, Virginia, Washington, Wisconsin y Wyoming.
A título de ejemplo, véase el caso de Accompany Capital, de Nueva York, cuyo menú de préstamos, por montos que oscilan entre 1.000 y 350.000 dólares, abarca las necesidades de una amplia variedad de empresas en diversos sectores e industrias.
