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Caras y Caretas

           

Los conflictos en cuestión

Ilustración: Juan José Olivieri

Sin acuerdos para el programa nuclear iraní, del que Estados Unidos se retiró unilateralmente en 2018, Israel y el gobierno de Trump arremetieron contra Irán en una escalada de final incierto que tiene en vilo al mundo por el precio del petróleo.

En 2015, durante la presidencia de Obama, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Alemania, la Unión Europea e Irán firmaron el JCPOA, el acuerdo nuclear iraní, que restringió el número y tipo de centrífugas en operación, el nivel de enriquecimiento de uranio y el tamaño de sus reservas. Irán obtuvo una reducción en sanciones impuestas por la ONU y otros países, pero muchas de las sanciones de EE.UU. continuaron vigentes. EE.UU. se retiró del acuerdo unilateralmente durante la primera presidencia de Trump en 2018. Irán, al mismo tiempo, comenzó a almacenar uranio enriquecido y suspendió las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica. Luego del ataque de Hamas en el sur de Israel el 7 de octubre de 2023, Israel entró en guerra contra Hamas y Hezbolá.

Entre el 13 y 24 de junio de 2025, y a pesar de negociaciones entre EE.UU. e Irán entre abril y junio de 2025, Israel bombardeó varias instalaciones militares y nucleares en Irán, asesinando a funcionarios y científicos nucleares. Irán respondió con ataques de misiles y drones suicidas sobre Israel. EE.UU. intervino interceptando ataques iraníes y bombardeando tres instalaciones nucleares el 22 de junio, e Irán respondió con un ataque sobre una base estadounidense en Qatar. El 24 de junio, Irán e Israel acordaron un cese del fuego bajo presión de Washington.

LA “SOLUCIÓN” MILITAR

Con difíciles negociaciones para un nuevo acuerdo que reemplazara al JCPOA en 2025 y 2026, un Irán debilitado por las sanciones, crecientes protestas internas, deterioro a la infraestructura luego de la guerra de Doce Días y Hamas y Hezbolá con menor margen de acción, EE.UU. e Israel se decidieron por una solución militar para poner fin a las diferencias sobre el programa nuclear, los misiles y los aliados regionales de Irán. Después de grandes manifestaciones contra el régimen a comienzos de 2026, fuertemente reprimidas, el gobierno de Trump comenzó a concentrar activos militares en la región.

En medio de negociaciones en Muscat y Ginebra sobre el programa nuclear mediadas por Omán, el 28 de febrero EE.UU. e Israel comenzaron su ataque. La decisión de Trump, sostienen los analistas, fue una guerra de elección –Israel trató en las últimas décadas de que EE.UU. atacara a Irán– ya que no existía ningún peligro inmediato. Irán no estaba más cerca de producir una bomba en febrero que en los últimos años y la Defense Intelligence Agency de EE.UU. concluyó en 2025 que tampoco tenía la tecnología y capacidad de producción para tener misiles de largo alcance que representaran un peligro para EE.UU. Trump ofreció solo razones contradictorias para el comienzo de la guerra: cambio de régimen, autodefensa por el desarrollo de misiles y las ambiciones nucleares, y campaña punitiva por las décadas de acción iraní y el apoyo a su red de aliados regionales.

Se lanzó una serie de bombardeos sobre edificios gubernamentales y bases militares y se asesinó a funcionarios iraníes incluyendo al líder supremo Alí Jamenei. Ari Larijani, secretario del Supremo Consejo Nacional de Seguridad, cumplió el rol de líder de facto hasta la elección por la Asamblea de Expertos de Mojtaba Jamenei como sucesor de su padre a comienzos de marzo. Tras el asesinato de Larijani el 17 de marzo, el nombramiento de su reemplazante, Mohammad Bagher Zolghadr, reflejó el ascendiente del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) sobre el establishment político y clerical. Los ataques de represalia iraníes con misiles y drones afectaron a toda la región. La estrategia fue extender las operaciones desde la esfera militar a la política y la económica. Así, los ataques iraníes alcanzaron a embajadas e instalaciones militares norteamericanas en los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Bahrain, Irak, Omán y Jordania. También afectaron la infraestructura petrolera y gasífera incluyendo el estrecho de Ormuz, por el cual pasa el 20 por ciento del petróleo y gas del mundo y aeropuertos y puertos de la región. Irán usó las minas como arma asimétrica para controlar el estrecho.

Para fines de marzo, los IRGC sugirieron que los hutíes, aliados de Irán en Yemén, podrían bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta del Mar Rojo. El estrecho de Ormuz se convirtió en el epicentro de la guerra. El 30 de marzo, Trump amenazó con destruir la infraestructura energética iraní si Ormuz no era reabierto. Luego extendió su amenaza a la isla de Kharg, la terminal exportadora del petróleo iraní, y fijó una fecha límite para el 7 de abril con mensajes cada vez más amenazantes. En la mañana del 7, dijo que toda una civilización iba a ser exterminada para nunca reaparecer. El 7-8 de abril, Trump anunció un cese del fuego negociado por Pakistán, lo que fue confirmado por Irán, que supuestamente incluía al Líbano (donde las acciones entre Israel y Hezbolá se reanudaron a comienzos de marzo), lo que fue negado por EE.UU. e Israel. Las negociaciones entre el vicepresidente Vance y el presidente del parlamento iraní Mohammad Bagher-Ghalibaf tuvieron lugar en Islamabad entre el 11 y 12 de abril sin un acuerdo concreto. Trump ordenó entonces a la Marina de EE.UU. que empezara un bloqueo del estrecho para impedir el paso de buques desde o hacia Irán. Al terminar la fecha límite impuesta por EE.UU., Trump anunció que continuaría con el cese del fuego hasta que le presentaran una opción respaldada por todas las facciones del gobierno de Irán. No se ha fijado una fecha límite para este nuevo cese del fuego. También existe un alto al fuego en Líbano desde el 16 de abril. Las negociaciones se reanudarían en Pakistán el 25 de abril.

A pesar de todo, Trump puede verse obligado a aceptar las mismas condiciones que aceptó Obama en el JCPOA de 2015. Con el conflicto pausado, el estrecho de Ormuz sigue cerrado debido al bloqueo estadounidense a los puertos iraníes e Irán mantiene el control de su uranio enriquecido. Parecería que la administración de Trump quiere descongelar 20.000 millones de activos iraníes a cambio de obtener el uranio enriquecido de Irán. Para algunos analistas, el gobierno de Trump enfrenta los mismos problemas de Obama en 2015: Irán no se quiere mover sobre la cuestión del uranio enriquecido, solo está dispuesto a aceptar compromisos en términos de fechas y niveles de enriquecimiento. Trump también está interesado en discutir cuestiones que Obama no tocó, como los misiles y la red de aliados regionales. Pero el mundo cambió. En 2015, Irán tenía muy poco uranio enriquecido; hoy tiene 970 libras de ese material enriquecido al 60 por ciento, un poco por debajo del nivel para desarrollar armas nucleares. El actual gobierno iraní es mucho más extremista que el que negoció con Obama en 2015. Y si bien Hamas y Hezbolá están debilitados y Rusia está ocupada en Ucrania, Irán se dio cuenta de su poder en controlar el tráfico a través de Ormuz y el régimen está en pie aún.

LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

Los efectos de la guerra se pueden ver en cifras (actualizadas al 23 de abril). Antes del comienzo de la guerra, 130 navíos pasaban diariamente por el estrecho de Ormuz (cerca de 20 millones de barriles de petróleo por día, de los cuales 80 por ciento iban a Asia); el 22 de abril fue uno. Desde el comienzo de la guerra, el diésel aumentó 45 por ciento en EE.UU. y el gas 50 por ciento en Europa. EE.UU. e Israel mataron a unos 250 funcionarios iraníes. Se calcula que hay 3.000 muertos en Irán que incluyen a 1.700 civiles. Los muertos en Líbano no llegan a 2.300. El FMI espera un crecimiento más moderado y una mayor inflación en 2026. Se sabe que los países árabes perdieron cerca de 200 mil millones de dólares en un mes. EE.UU. lleva gastados casi 30 mil millones de dólares. Un alza durable de los precios de la energía reduciría 0,2 a 0,3 puntos al crecimiento mundial, o sea, 200 mil a 300 mil millones de dólares en menor riqueza.

El conflicto podría evolucionar hacia varios escenarios. Un primer escenario es el fin negociado del conflicto. Irán mantiene su régimen y EE.UU. e Israel mencionan éxitos parciales. Irán continúa su estrategia nuclear, los mercados se estabilizan.

Un segundo escenario muestra a un Irán degradado. El régimen sobrevive pero pierde capacidad de actuar, se vuelve más defensivo, tiene menos poder en el exterior, aunque puede infligir daños, sobre todo en Ormuz.

En un tercer escenario, Irán escalaría hasta tener armas nucleares, lo que provocaría un efecto en cascada. Probablemente sería imitado por Turquía y Egipto.

Un cuarto escenario es una guerra prolongada, sin victoria decisiva, con consecuencias globales (mayor crisis en Ormuz, inflación, creciente inseguridad alimentaria).

Un quinto escenario es el colapso del régimen iraní.

Un sexto escenario es una guerra ampliada con la participación directa de los Estados del Golfo, el Levante y quizá Rusia y China, con serias implicancias.

Escrito por
Ricardo Torres
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