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Caras y Caretas

           

Tres madres y dos abuelas, la lucha sin fin

“Quedamos tres Madres y dos Abuelas, nada más. Pero la posta ya la hemos pasado. De a poquito, porque a pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie.” Así cuenta desde un lugar de resistencia que no cabe en palabras, y con sus 95 años, Taty Almeida. “Muchas veces nos han dicho ‘Qué heroicas han sido’. De ninguna manera. Hicimos lo que cualquier madre hace por su hijo. Y no hay que olvidarse de los padres de la Plaza de Mayo. En esa época el que trabajaba era el hombre. Y si los echaban, ¿qué hacíamos?”.

Tres Madres y dos Abuelas. Imposible no sentir el mismo nudo en la garganta. A cincuenta años de un golpe sanguinario y enajenado, producido el 24 de marzo de 1976 y que instaló en la Argentina un régimen de terrorismo de Estado que violó sistemáticamente y con un plan siniestro todos los derechos fundamentales, seguimos sintiendo las mismas heridas no cicatrizadas. Intentamos creer que hay luz de justicia al final de un camino por el que transitamos en medio de torturas, secuestros, desapariciones y robos de bebés, una de las noches más oscuras de la historia nacional.

“La dictadura provocó profundas transformaciones en la economía argentina, pero fundamentalmente dejó hondas marcas en una sociedad que convivió con el terror que significaban los secuestros a plena luz del día y la presencia de campos de concentración en plenas zonas urbanas como un secreto a voces. El terror buscaba, como sostiene Feierstein, romper con las prácticas solidarias. La desaparición de determinados cuerpos procuraba la eliminación de las prácticas contestatarias que esos cuerpos encarnaban. Lo que se buscaba era un cuerpo social dócil y disciplinado. El principal efecto que tuvo la represión es la ausencia de miles de personas, con todo lo que eso implica para la sociedad y para los más cercanos. Es una ausencia no explicada, que hace que el tiempo quede suspendido”, dice Graciela Lois, esposa de un desaparecido y presidenta de Familiares. “Pero también hay que mirar otros efectos en el tejido social y es que los dictadores dejaron voceros que reivindicaban su lugar y hoy ocupan lugares de decisión”, asegura Luciana Bertoia en la nota de tapa de esta edición de Caras y Caretas.

Los organismos de derechos humanos marcan con su ejemplo el camino a seguir. La Justicia argentina pudo juzgar sin evidencia de cuerpo. Las Abuelas continúan sin descanso, en su tarea de restitución. Hoy se intenta, desde el poder en nuestro país, que se naturalice la violencia, construyendo enemigos y persiguiendo políticamente con mentiras e impunidad. Los voceros nostálgicos de tiempos estallados de dolor intentan regresar disfrazados de modernidad y progreso individual. La única respuesta es Memoria, Verdad y Justicia. Esta bandera no se negocia. Por siempre y para siempre, Nunca Más.

Escrito por
Víctor Santa María
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