“Tengo que luchar por lo grande y demostrar en la chica, compartir mi rancho con los que están jodidos. Con eso no arreglo el mundo, pero no me traiciono a mí mismo. Esta conversación la tuve con Lula, le dije: ‘Si sos presidente, andate a vivir al barrio que naciste, entre los obreros de San Pablo, no sé. No arreglás al mundo, arreglás la fe, porque la gente tiene que tener fe, tiene que tener confianza. Hay que ser uno más de aquellos por los que estás luchando. Tener la confianza de la gente es tener un tesoro’”. Imposible para mí recordar a Pepe Mujica sin admiración y nostalgia. Frases como la que evoco son solo una síntesis de las tantas charlas que tuve el privilegio de tener cara a cara aquí en la Argentina o compartiendo unos mates en su chacra uruguaya, donde la austeridad y la vida cotidiana se entrelazaban para mostrar un modelo de ética que dominaba en su modelo de gestión humanista puro, ese que casi no vi en nadie más.
Era un ferviente admirador de los emprendimientos culturales de nuestro sindicato. Cuando lo convocamos estuvo. En 2016 junto a Lucía Topolansky, su eterna compañera de lucha cotidiana y militante, dijeron presente en un acto de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). Cuando el Suterh cumplió ochenta años, mandó su saludo virtual con palabras tan sabias como elogiosas, en las que nos contaba por qué nuestra obra era tan importante. Porque educación, cultura y trabajo son la base del crecimiento de los más desposeídos.
Y aceptó generosamente publicar su libro Semillas al viento en nuestra Editorial Octubre. Fue en abril de 2023. Ese día, con una sala desbordada en la Feria del Libro, sufrimos el agravio patotero del mileísmo incipiente –el huevo de la serpiente–, que lo llenó con insultos propios de personas empáticas solo con los despiadados. Pepe les sostuvo la mirada fijamente sin una pizca de temor y lo tomó como un elogio. Y con una sonrisa nos dijo: “Como si ser viejo y pobre fuese un agravio. ¿Quiénes son estos mocosos que quieren que me vaya a Uruguay de vuelta?”.
Pepe ya no está físicamente. Pero nos dejó demasiado. Fue mi compañero de lucha, un militante del pueblo y un ejemplo de humildad. Nuestro primer contacto fue en 2009. Hoy nos toca despedirlo. Será por siempre un líder intachable de la Patria Grande. Esa que nos explicó con paciencia infinita. Y sé que tenemos la obligación de no defraudar su sueño. La lucha de Pepe es la nuestra. Y no bajaremos ninguna consigna.
