• Buscar

Caras y Caretas

           

Aterciopelados desafía a los algoritmos y la era del botox musical

La banda de Andrea Echeverri y Héctor Buitrago lanzó Genes rebeldes, un arsenal de canciones que abrazan el paso del tiempo, cuestionan el feminismo light y mezclan como nadie cumbia, bolero, electrónica y punk.

Pocas bandas pueden presumir del tipo de longevidad artística que ostenta Aterciopelados. Desde que irrumpieron en los 90 con una mezcla de punk, folklore colombiano e irreverencia poética, el grupo de Andrea Echeverri y Héctor Buitrago siempre fue una anomalía luminosa en el panorama del rock en español y más. Contra todas las modas, contra toda tentación de ablandarse o volverse “adulto contemporáneo”, Aterciopelados construyó una discografía que desafía estéticas dominantes, clichés de género y expectativas de la industria. Genes rebeldes, su décimo álbum de estudio, llega para reafirmar que la madurez, en su universo, no significa domesticación, sino todo lo contrario: una libertad creativa que incomoda, seduce y hace reír con la misma intensidad.

Desde su primera canción, el disco despliega un mapa sonoro diverso, híbrido, sin complejos. “Genes rebeldes” –el tema que da nombre al álbum– es un bolero retrofuturista con guitarras vintage, congas y ecos cósmicos: una historia de amor entre dos genes enamorados, literalmente. Es un manifiesto lúdico que parece escrito desde el ADN del dúo. “Rompan todo”, en cambio, suena como una cumbia digital sacada de una rave distópica, una explosión de sintetizadores y sarcasmo político que ataca –incluso– al FMI. “Eterno” es un homenaje confesional y sin solemnidades a Gustavo Cerati, que incluye la participación de Zeta Bosio, Richard Coleman e Hilda Lizarazu. “Mi nicho” baja las revoluciones y se vuelve minimalista: una reflexión íntima y juguetona sobre el espacio propio –“siempre los momentos son más lindos que las fotos”–.

Pero si lo musical es vasto, lo lírico directamente es incendiario. Aterciopelados no teme meterse con nadie: del feminismo mainstream a la dictadura de la juventud, pasando por la domesticación de lo alternativo. En “Mor”, Echeverri brama con humor y convicción: “Chica sexy, apretadita, a todos no hay que seducir (…) no es libertario ese juego (…) todo por sobresalir, súper superficial”. “Ruana vs bikini” es otra joya: una cumbia rockera donde se opone el tejido tradicional a la cultura de playa hegemónica, en una crítica divertida al edadismo, pero también a las exigencias estéticas sobre las mujeres. “Mamíferas”, por su parte, oficia de una especie de mantra feminista disfrazado de bambuco, “tratando de vivir la vida, vivir los años, sin tanta vanidad, fluyendo con naturalidad (…) tu cuerpo casi desnudo es patriarcal (…) Las hembras mamíferas engordamos”. “Apocalipsis” funciona como una especie de vals futurista que cuestiona con severidad el colapso ambiental y emocional que nos atraviesa, aunque sin perder el espíritu lúdico.

Así las cosas, Genes rebeldes es un disco generoso, para algunos incómodo, pero necesario e inspirador. Y todo eso –en un mundo obsesionado con las remakes, las colaboraciones de algoritmo y los liftings digitales– suena casi revolucionario.

Escrito por
Sebastián Feijoo
Ver todos los artículos
Escrito por Sebastián Feijoo

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo