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Caras y Caretas

           

“Gades buscó la belleza del arte y la libertad de los oprimidos”

El periodista Julio Ferrer publicó una biografía del bailarín y coreógrafo español, que también descolló en el cine y siempre sostuvo su compromiso con la Revolución Cubana.

Su cuerpo danza a tierra y el conjuro de sus brazos se eleva al misterio. Antonio Gades baila flamenco, español y clásico para transformar el mundo: bajo las luces y sombras escénicas expande su visión popular de la danza, de la coreografía y de la belleza para todos y todas. Gades enfrenta a los esbirros del franquismo –esa forma española del fascismo– y propugna la libertad de Cuba y su autodeterminación. De todo ello habla la biografía Antonio Gades. Arte y revolución, de Julio Ferrer: un hombre apasionado y comprometido con su tiempo.  

Con profusos testimonios, fuentes y archivos, el libro de Ferrer expone las múltiples facetas del emblemático bailarín, actor y coreógrafo nacido el 14 de noviembre de 1936 en Elda, Alicante, y quien llevó la danza española y el flamenco a terrenos inigualables de creatividad y de renovada exigencia. “En mi libro, busqué armar un mosaico para mostrar a este personaje universal y poder expresar la belleza que logró durante los últimos setenta años de la historia del siglo XX y parte del siglo XXI”, dice Ferrer.  

¿Cuáles fueron los interrogantes que guiaron la biografía Gades. Arte y revolución? ¿Cuál es la fascinación que ejerce el referente español en el periodista platense? Contesta Ferrer: “Quise develar cómo un hombre de bajos recursos, que había nacido en una familia pobre, de padre republicano, llegó a convertirse en un genio cosmopolita de la danza y de la política, absolutamente consustanciado con la Revolución Cubana”. Y reconoce: “Me atraparon la ética gadesiana y todas las visiones de un hombre que revolucionó no solo los clásicos del baile, sino también el arte coreográfico”.  

La memoria veloz asociará a Antonio Gades con tres puestas escénicas emblemáticas, que a la vez devinieron tres clásicos del cine musical español junto al director Carlos Saura: Bodas de sangre (1981), Carmen (1983) y El amor brujo (1986). Julio Ferrer, quien ya había publicado Osvaldo Bayer íntimo (2007), El oficio del periodista (2010), Stella Calloni íntima (2013) y D10S, Miradas sobre el mito Maradona (2021), entre otros, desgrana el mito Antonio Gades con rigurosidad periodística, selectos detalles, estratégicas voces y cariño universal. Hacia un mito hecho de entrega y rebeldía. 

Danza y revolución

Dice Ferrer: “A la par del Antonio Gades bailarín, que era incomparable y un gran ser humano, como manifiestan en el libro todos los que lo conocieron y trabajaron con él, me atrapó el Gades político, que siempre estuvo ligado al proceso revolucionario cubano. Es claro que nadie le va a discutir su belleza artística arriba del escenario. Lo que le podrán discutir las derechas a nivel internacional, como podemos ver actualmente, es que haya sido un hombre comprometido con las causas populares: Gades jamás dejó de creer en la revolución”. 

¿Cómo avanzó la faz investigativa para el libro? “Hablé con casi sesenta personas de España, Italia, Francia, Cuba y la Argentina –responde Ferrer–. Todas ellas confirmaron la ética de trabajo de Gades. Y corroboraron la manera del bailarín de vincularse con personajes clave de la historia cultural y política del siglo XX.” Por ejemplo, “pude reconstruir el mundo de Gades ligado con la pintura y con Pablo Picasso: para bailar y diseñar sus puestas también se dejó influir por lo pictórico y por diversas disciplinas. Y fue un gran actor de las décadas de los 60 y 70 en el cine español”. 

Otro de los films emblemáticos en los que Gades volcó su impronta de danza, y su vigor escénico, fue Los Tarantos (1963), de Francisco Rovira Beleta, que compitió en los Oscar. Para reflejar su éxito y su esfuerzo constantes, Julio Ferrer divide su libro Antonio Gades. Arte y revolución en diversos segmentos, en sintonía con la capacidad multifacética del bailarín. Entre ellos: “Su infancia y juventud”, “Su maestra Pilar López”, “Fotógrafos en la vida de Gades”, “La Revolución Cubana en la vida de Gades”, “La solidaridad internacional de Gades” y “Ballet Nacional de España y la Cooperativa GIAD (Grupo Independiente de Artistas de la Danza)”.  

El libro de Ferrer también registra los momentos clave de la trilogía gadesiana del arte flamenco en cine con Carlos Saura; recorre sus últimos años; explora la fascinación de Gades por el mar y por la navegación y reconstruye cómo se expandió, tras su muerte, el 20 de julio de 2004 –por un cáncer de pulmón–, la actividad de la Fundación Antonio Gades. “Sin ser gitano, él reflejó el flamenco como nadie –relata Ferrer– y lo vinculó con las causas populares, por ejemplo, adaptando escénicamente Fuenteovejuna, de Lope de Vega, como una obra que reflejara la rebelión de las masas contra un poder tiránico. Gades se comprometía con un lenguaje teatral y coreográfico sencillo para que todo el público lo pudiera entender.”  

Aristas de una vida compleja

En concordancia, el libro habla “del hombre de izquierda, del comunista y del humanista que luchaba por un mundo más justo. Y se respira la propia voz de Gades, al que traigo gracias a la infinidad de entrevistas que le hicieron en toda su vida”, expone Ferrer. ¿Cuáles fueron las dificultades durante su investigación? “Me quedó material para dos o tres tomos sobre su vida. Parte de todo ello lo fui a buscar a España y di con la Fundación Antonio Gades, una entidad sin fines de lucro, y cuya directora ejecutiva es su última compañera de vida, Eugenia Eiriz. La presidenta es María Esteve, la hija mayor que tuvo Gades con la gran artista española Pepa Flores.”   

Así, “la Fundación me abrió el acceso a muchos documentos históricos. Ellos siguen preservando y manteniendo una compañía de baile para poner en vigencia la ética de Gades en los distintos escenarios del mundo”. Además, Julio Ferrer obtuvo mucho material “sobre la entrañable relación de Antonio Gades con Cuba, con Fidel y Raúl Castro. Y se muestra el vínculo del bailarín con los exiliados argentinos por culpa de la última dictadura cívico-militar-eclesial de 1976. Gades fue muy generoso e impulsó la solidaridad internacional con todos los refugiados políticos en Europa”.  

Prosigue Ferrer: “Muchos desconocen que, a poco de morir en julio de 2004, Gades pidió como último deseo que sus cenizas descansaran en la isla rebelde de Cuba, adonde había llegado navegando varias veces con sus veleros”. En paralelo, “hay un capítulo muy lindo sobre el Gades navegante, como si fuera un personaje de un cuento de Ernest Hemingway o de Herman Melville. Era un hombre de mar y supo danzar en una odisea de dos meses desde un puerto del Mediterráneo al puerto de La Habana, sorteando huracanes y hasta a la Guardia Costera norteamericana. Cuba había sido su puerto de vida”.  

Así, el referente español “fue un hombre muy intenso y vivió apasionado: amó la literatura, la amistad, la bohemia, las mujeres, y marcó un antes y un después en la historia española y universal –establece Ferrer–. Creo que, ante todo, Gades buscó la belleza del arte y la libertad de los oprimidos”. Y “siguió amando la vida con el mismo fervor como cuando, de niño, descubrió el duende del baile”. Por eso dijo, ya enfermo: “‘Hasta que pueda, seguiré amando la vida en todas sus formas’. Hasta el último minuto buscó transmitir su fe en que el arte siga siendo una herramienta de transformación. Es un personaje muy necesario en los tiempos que corren”.  

¿Qué le sucede a Julio Ferrer cuando ve bailar a Antonio Gades? ¿Qué se dispara cuando ese cuerpo eleva su conjuro de danzas más allá de lo inexpresable? “A mí me produce fuego –reconoce el periodista–. Es un fuego interior que me transporta y me emociona enormemente. Eso es lo que me transmite Gades con una farruca, con un taconeo gitano o con un baile folklórico español. O incluso, representando un poema de Federico García Lorca con todo su cuerpo y su corazón.”  

Antonio Gades baila farruca, en 1970. La foto es del gran Pepe Lamarca.

El alma implosiona al hallar a Antonio Gades arriba de un escenario; crecen los sentidos y los sujetos danzantes transmutan en poesía bajo la guía del maestro. Así lo capta Ferrer: “Puedo decir, sin ser un especialista, que no he visto algo así en ningún lado. Gades supo fusionar la danza española, el flamenco y lo clásico en forma muy inusual e irrepetible. Por eso es tan importante. Y yo escribí el libro por una razón sustancial: para intentar compartir con todos las diversas sensaciones que me producen el ver bailar a Antonio Gades”.  

Escrito por
Patricio Féminis
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