El 30 de diciembre de 2004 Cromañón abrió una herida que atravesó a la Argentina. Los números pueden hablar de la magnitud (194 personas muertas, 1.432 heridas), pero seguirán siendo fríos al lado de lo vivido esa noche de asfixia y dolor en eso que no es formalmente un barrio (Once), pero que está asociado a las peores tragedias de las últimas décadas. Al igual que en el choque del tren Sarmiento ocho años más tarde, se repiten patrones: corrupción, falta de control estatal, alertas desoídas, avaricia de empresarios que nunca ponen a la seguridad y al público en su lista de prioridades.
Silvia Bignami es madre de Julián Rozengardt, una de las víctimas de la anteúltima noche del 2004, cuando fue a ver a Callejeros con su novia y amigos. Fue la chica quien la llamó desde una guardia. Lo había perdido en medio de la conmoción. “Yo no entendía nada, me dice ‘poné la tele’. Ahí empezó la ordalía de recorrer hospitales, comisarías. Cuando ya era de día lo encontramos internado en el Hospital de Clínicas. Había una hojita de papel con renglones y una raya en el medio que separaba: Vivos y Fallecidos. No había ni contención ni empatía. Fue terrible el caos y maltrato institucional, la morgue colapsada, el Gobierno de la Ciudad ausente, luego el señor Ibarra reuniéndose con empresarios de la noche y no con los familiares”.
El joven tenía 18 años, menos de los que ya pasaron desde aquel momento. Silvia hace una aclaración tan firme como la lucha de las familias y sobrevivientes a lo largo de estas décadas: “Nosotros le llamamos ‘masacre’, no tragedia”. Hubo dos juicios penales, otro juicio a Bomberos, juicio político al jefe de gobierno, leyes de reparación, un santuario. ¿Pero cuántos conocen la mayor tragedia social argentina desde la vuelta de la democracia?
Homenajear para recordar. Como todos los 30 de diciembre, se realizará el Acto Central y la Marcha. “Esperamos que este año tenga muchísima visibilidad y muchísima presencia. Ya hay actividades desde noviembre. Habrá puesta en valor de un Bosque por la Memoria, una visita guiada a la (reinaugurada) Estación Once 30 de Diciembre. Lo de mayor fuerza será a partir del 27 de diciembre”, remarca Silvia, integrante de Movimiento Cromañón.
PRIMEROS HOMENAJES Y MARCHAS
Las organizaciones aún recuerdan los primeros homenajes y marchas. Cuando se cumplieron 15 años llovió. En ese entonces, Miriam Araneda, madre de David, otro de los 194 fallecidos, rememoraba: “La primera marcha fue en enero de 2005. También llovía. La masacre no tendría que haber ocurrido porque no tendría que haber estado abierto el lugar”. La marcha que cerró ese primer mes lo tuvo al entonces cardenal Jorge Bergoglio encabezando la misa en reclamo por justicia. “Con los niños y los jóvenes no se experimenta”, advertía el hoy Papa. Vinieron movilizaciones y vigilias como la del 30 de diciembre de 2005, cuando los carteles rezaban: “El 40 por ciento de los chicos murieron por rescatar a otros chicos”.
Sabrina Klein es una de los miles de sobrevivientes. Integra una de las nueve organizaciones: Ni Olvido Ni Perdón. Cuenta que habrá homenajes en múltiples ciudades, como el de la “Plaza de la Memoria, Los Pibes de Cromañón Presentes” en La Matanza, el 21 de diciembre; o el de Tapiales del 29. En Once menciona las actividades culturales del 28, el festival de rock y memoria del 29, y el principal del 30. Ese mismo día a las 17 habrá marcha en el Obelisco.
Sus luchas persiguen algo más difícil que sumar gente a las marchas: el objetivo de que no quede todo recluido solo a esa fecha. El macrismo, que emergió al poder tras Cromañón y la remoción de Ibarra, y que gobierna CABA desde 2007, es el que hoy se niega a avanzar con la Ley de Reparación Integral que contempla a todas las víctimas de esa noche, algo que no ocurre porque los “reparados” por el Estado porteño son un grupo acotado del padrón. “Hace 16 años que el GCBA niega el reconocimiento a sobrevivientes como beneficiarios de la ley. Mientras en el cartel de la estación de Once 30 de Diciembre del subte H se reconoce a 4.500 sobrevivientes, en la ley solo se reconoce a 1.600. Hay que terminar con esta lógica del gobierno de determinar víctimas de primera, sujetos de derecho y reconocimiento; y víctimas de segunda, son sujetos desamparados”, reclama Sabrina.
ESPACIO COLECTIVO DE MEMORIA
El principal anhelo es concretar en el sitio de la masacre el Espacio Colectivo de la Memoria, “que reconstruya el hecho, sobre el cual siguen intentando mentiras como la supuesta guardería, y sea además un espacio cultural de debate que aporte a la vida y al Nunca Más”, recalca Silvia.
La expropiación se votó en el Congreso Nacional y la Ley 27.695 fue promulgada el 9 de noviembre de 2022. El Estado aún debe realizar las presentaciones judiciales para entrar y tasar el lugar. Si no avanzan las acciones, a los dos años prescribe la norma. Por eso las organizaciones reclaman una Ley de Prórroga.
“Los homenajes son todos importantes, desde una escuelita perdida o el club que homenajeó a Julián en particular, hasta los cantantes que se graban en el santuario –enfatiza Silvia–, pero que no sea una cosa vacía para la foto, sino que implique un compromiso vinculado al Nunca Más, hacia las nuevas generaciones. Este es un país que tiene una larga trayectoria en la lucha por la memoria, nos queremos sumar a esa lucha”.
Casi todos los fallecidos y fallecidas la noche del 30 de diciembre eran jóvenes. Muchísimos menores de edad. El ámbito educativo es fundamental como transmisión de memoria, pero Cromañón está ausente en las currículas. La mayoría de las veces el tema en las aulas surge por iniciativa particular de las maestras y maestros. Así lo cuenta Marisa Marchiano, madre de Gustavo, fallecido en Cromañón cuanto tenía 21: “Quienes más se comunican y piden nuestra presencia son docentes comprometidos con el tema. Siempre nos sorprenden en las escuelas con las obras que realizan los chicos, hacen murales, dibujos, es muy emocionante. Son caricias al alma”.
“Hoy veo a la sociedad sin memoria –se lamenta Sabrina–. En las nuevas generaciones muchos no saben lo que sucedió ni por qué sucedió. Se siguen suspendiendo recitales o incluso partidos de fútbol por el uso de bengalas. La Masacre despertó a una sociedad adormecida, pero la falta de memoria debilitó la lucha que venimos teniendo hace 20 años”.
Amelie Couto todavía estaba en la panza de su mamá el 30 de diciembre de 2004. Esa noche su abuelo Diego Fernández perdió la vida en República Cromañón. A comienzos de clases del año pasado llevó un proyecto institucional a su colegio (la Escuela de Arte Cerámico N° 2 “Fernando Arranz” en Villa Luro, CABA). Consistía en crear 194 zapatillas en cerámica. Hoy se las puede ver amuradas a una de las paredes del santuario en Once, con los nombres de cada chico. En el medio, un corazón que sobresale. Como el sol.
