• Buscar

Caras y Caretas

           

Tita influencer

Conforme pasaban los años, la Merello fue dejando atrás sus carreras de actriz y cantante. Pero su sensibilidad e inteligencia, sumadas al siempre presente cariño popular, la transformaron en conductora televisiva, radial y una invitada de lujo en múltiples ciclos que les daban lugar a sus opiniones y reflexiones.

Las crónicas publicadas hace casi 22 años relatan que la gran cantora y actriz argentina, Laura Ana “Tita” Merello, murió horas antes de la Nochebuena de 2002, a los 98 años, abrazada a una profunda fe religiosa a la que se aferró en sus últimas décadas de vida, esas que la encontraron deambulando entre la soledad y el cariño popular.

Pero hay otra faceta de Tita, surgida en su última etapa: sus apariciones en programas y entrevistas, la exposición frontal de lo que había sido su pasado y presente; y la instalación de temas en los medios de los que poco se hablaba, de salud o cuidado del cuerpo, incluyendo consejos para estar mejor. Tita, consejera, suerte de precursora de lo que hoy se ve en TikTok, Streaming o YouTube con famosos (y otros no tanto pero se lo creen). Tita, una influencer en tiempos analógicos.

Nació en la pobreza, vivió en conventillos, fue analfabeta hasta los 20, trabajó en tugurios; conoció el amor y los desengaños (Luis Sandrini fue el principal de su vida, y lo plasmó en la canción “Llamarada pasional”), la lucha para ser alguien en un mundo de hombres, la fama a fuerza de trabajo, pasión y talento, las luces de la avenida Corrientes. “Mi motor siempre fue el hambre”, diría luego.

De sus últimas décadas lo más reconocido es su programa de información general, que arrancó a inicios de los 70 en Canal 13: Charlando de todo con Tita, y en los 80 pasó a ATC con el nombre Todo Tita. En esos envíos ochentosos que salían de lunes a viernes a las 16, conducidos junto a Víctor Sueiro, patentó una de las frases que usaba para alertar a las mujeres sobre la importancia en el cuidado de su salud: “Muchacha, hacete el Papanicolaou”. También a hombres. “El otro día me paró un muchacho que trabaja en un local de calle Entre Ríos que me dijo: ‘Por haberla visto a usted, hoy estoy viviendo’. En uno de los bultos que tienen los varones se encontró un bultito, un bultito extra”, graficaba.

AL RESCATE

Tita además buscaba rescatar actores y actrices“olvidadas”, incluso reclamándole al aire a la Asociación Argentina de Actores. Como en una de las emisiones de Todo Tita, en los 80, cuando llevó al piso a su amiga Miryam de Urquijo, primera actriz en aparecer en televisión, en ese momento sin trabajo. “Es la que me sacó del pozo espiritualmente, y muchas veces también financieramente”, admitía Tita en el programa.

Fanática de la miel, fue también precursora en instalar temáticas en los medios de las que poco se hablaba, y mucho menos los artistas populares. El mayor ejemplo es la homeopatía. En una entrevista con Antonio Carrizo ya a mediados de los 80, Merello contó su experiencia como paciente del maestro Tomás P. Paschero (1904-1986).

“Tengo el mejor médico del mundo, un hombre que va a ser reconocido”, le relata al periodista. Y acota sobre la Argentina: “Es uno de los pocos países donde la homeopatía no está reconocida, es por los intereses que hay… Pero si vas al Museo de Luján vas a encontrar el botiquín con el cual el General San Martín, nuestro querido Padre de la Patria, cruzó la Cordillera de los Andes con su maletín de homeopatía, y como el doctor Tomás Paschero es un hombre de responsabilidad y serio, me dijo: ‘Tita, todavía los remedios que están en ese maletín sirven’. ¿Cuántos años hace que murió el General, querido…?”.

“No tomo nada, más que determinaciones”, le contaba a Juan Alberto Badía a fines de los 80. Por esa época ella conducía Vivir bien, los miércoles a la mañana por ATC. Ya en los 80 y 90 se quejaba de la ausencia de diálogo entre los pacientes y los doctores: “Ahora los médicos te dicen ‘pum pum, aspirina’. No tienen tiempo. Nos falta escucharnos. Cada vez hay menos médicos de cabecera”.

Los consejos estaban siempre presentes, como mantras: “Hay que reírse, la risa es salud. Yo no me río porque se me caen los de comer”, señalándose los dientes. Mientras, se resignaba a poder encontrar un nuevo amor: “Dichosos los que tienen con quien vivir, yo si encuentro alguien con quien vivir es para cocinarle, y no tengo ganas”. Entonces, sentenciaba que el tiempo te destruye por fuera y te construye por dentro.

En el programa de Susana Giménez, en 1992, se reconcilió con la actriz Malvina Pastorino, viuda de Sandrini. En su hogar, Tita exhibía una escultura del rostro de Beethoven llena de flores. También una silla arrinconada en la que las visitas tenían prohibido sentarse. “En esa silla se sentaba él”, advertía en alusión a Sandrini, a quien evitaba nombrar. Solo lo definía con cuatro palabras: “el que te dije”.

SENSIBILIDAD Y CONSEJOS

Pasaban los años, volvía la democracia y el color, y Merello seguía con los consejos: “Verse no es conocerse. De repente se convive toda una vida y no nos conocemos”.

Llevaba siempre su crucifijo, que encontró tirado en la utilería de la grabación de La Madre María, el último film de Lucas Demare (1974). “Así, ni él está solo, ni yo”, reveló en una charla con Antonio Carrizo.

A los programas siempre iba con su secretaria María Rosa. Su círculo íntimo estaba compuesto por pocas pero fieles integrantes. El actor Osvaldo Pacheco, la familia Carreras, el encargado del edificio de calle Rodríguez Peña, y en los últimos años, René Favaloro, que la alojó en una suite de la clínica de su Fundación, de donde siguió participando vía telefónica en numerosos programas de radio y televisión. A los 96 años recibió como un mazazo el suicidio del doctor, su protector.

Nunca lo entendió. Poco después falleció Pascual, su único hermano. En una de sus últimas entrevistas, en 2001, sentenció: “El país está de rodillas. Desde la década del 30, que fue muy brava, esta es la peor. Cada hombre que sale a buscar trabajo es un Cristo que camina. La gente quisiera tocar a Dios y sacudirlo un poco. Decirle: ‘Mirá cuánto nos cuesta poder comer’”. Quizás, desgraciadamente, hoy sentiría la necesidad de decir algo muy parecido.

Escrito por
Gustavo Sarmiento
Ver todos los artículos
Escrito por Gustavo Sarmiento

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo