Primero, desmonte; luego, monocultivo, y por último, agrotóxicos en los cuerpos, hasta de los habitantes de CABA, donde muchos siquiera se acercan a los campos fumigados. La cuación es sencilla y no se necesita ser un experto en matemáticas. Abramos el mapa físico de la Argentina, en tiempo real, y observemos cómo los datos hablan por sí solos.
Cada dos minutos, la Argentina pierde una hectárea de bosques, el equivalente a la superficie de 30 canchas de fútbol por hora, según datos de la organización ambientalista Greenpeace. La Ley de Bosques, celebrada por su claridad teórica, no se cumple en la práctica: más de la mitad de los desmontes que se llevan a cabo son ilegales. En las últimas tres décadas, alrededor de ocho millones de hectáreas de bosques nativos fueron arrasadas.
Estos bosques se extienden en siete regiones forestales, pero la deforestación es más intensa hacia el noroeste del país: el 75 por ciento ocurre en Salta, Santiago del Estero, Chaco y Formosa. Pero las topadoras no solo se llevan puestos a los árboles.
QUE LA SOJA NO TE TAPE EL BOSQUE
La cacique Nalá (Clara Romero) trabaja en el Centro de Salud Intercultural Dalagaic Piogonac, donde cada persona que va a atenderse es recibida por dos profesionales a la vez: un indígena conocedor de las prácticas ancestrales y un médico de la medicina occidental. Está en San Pedro, en la provincia de Buenos Aires, donde ahora vive Nalá. Pero ella nació en El Impenetrable chaqueño.
Sus padres, a causa de los desmontes, salieron a buscar un mejor futuro. “Es por el corrimiento de la frontera agraria. Los indígenas urbanos no hemos nacido en estos territorios, nos echaron, nos obligaron a salir. El desalojo es brutal”, cuenta Nalá a Caras y Caretas.
Con empatía y sentido común alcanza para entender a la cacique. Si no, están los datos de las Naciones Unidas: más de un tercio de la superficie terrestre está degradada, y va en aumento. ¿Las causas? El cambio de uso de la tierra, como la deforestación, los monocultivos y la utilización de agrotóxicos.
“La parte económica también los afecta, tienen supermercado y farmacia dentro de los montes”, dice Nalá sobre la falta de alimentos y de medicinas para los pueblos que viven del bosque.
El verde de la copa de los árboles se convierte al verde soja, principalmente. En 1996 comenzó el auge de las semillas transgénicas, y con ellas llegaron los paquetes tecnológicos. En criollo: semillas modificadas genéticamente para sobrevivir el uso de determinados químicos, como el glifosato. Así, mientras todo alrededor de esos cultivos moría tras ser fumigado, la soja quedaba intacta. O eso parecía. No contaron con la astucia de las plantas: se vuelven resistentes a los agrotóxicos y cada vez necesitan aplicar más y más, para salvar al “motor del país”, el campo exportador.
Los monocultivos (que en la Argentina son principalmente soja, trigo y maíz en lo que se refiere a cultivos, y pinos y eucaliptos en relación con las plantaciones) no necesitan de mucha mano de obra. Con un par de personas que apliquen las fumigaciones a través de los mosquitos o aviones, manejen los tractores y otras máquinas para cosechar y hasta para sembrar, alcanza.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) dice que los sistemas agroalimentarios actuales tienen “enormes costos ocultos para nuestra salud, el ambiente y la sociedad, que equivalen, al menos, a 10 billones de dólares anuales”, casi un 10 por ciento del producto interno bruto mundial.
Sin bosque, sin tierras y sin siquiera poder trabajar en los campos, aparece el éxodo rural (y del bosque) de los indígenas hacia las ciudades. Y de los campesinos. Porque los insumos industrializados son importados, o sea, precio dólar, y es difícil que te cierren las cuentas si sos un pequeño productor.
Así lo explica el último Censo Agropecuario de la Argentina (2018): el uno por ciento de las explotaciones concentra el 36 por ciento de la tierra. Mientras, el 55 por ciento de las chacras, las más pequeñas, cuenta con un escueto dos por ciento de ella.
“Para nosotros, la tierra es lo más importante. Hay que cuidar a la Madre Tierra, es la que te va a dar el último abrazo cuando te toque partir de aquí. Ese es el respeto que nosotros le tenemos”, resume la cacique.
En 2022, la FAO, gracias a su primer informe mundial sobre suelos negros, concluyó: “De los 18 nutrientes esenciales para las plantas, 15 son suministrados por los suelos, siempre que estén sanos”. Más del 95 por ciento de los alimentos provienen del suelo y del agua.
El camino de los indígenas despojados arranca con la pérdida de sus bosques y sigue con “todo lo que tenga que ver con el corrimiento de las fronteras agrarias y después con las fumigaciones que se usan en los diferentes tipos de monocultivos. Si a esto le sumás el poco acceso a la salud que se les da a los pueblos afectados por las fumigaciones a los cultivos, el combo es tremendo”, detalla Nalá.
SUELOS CONTAMINADOS, CUERPOS ENFERMOS
Amadeo Riva es el dueño de La Primavera, ubicada en Buenos Aires. Él pasó del paradigma de agrotóxicos a la agroecología. En lo básico, se refiere a una manera milenaria de tratar los suelos, respetando sus tiempos mediante la rotación y la asociación de cultivos, sin venenos y con trabajo digno. En Agroecología. El futuro llegó, Sergio Ciancaglini dice sobre el modelo sojero: “¿Sirvió para algo además de que algunos pocos se llenaron de plata? Con el modelo de monocultivos el país está pujante, pero para abajo”.
La principal causa de la deforestación es la expansión de la frontera agropecuaria. Pero la ciudad tampoco es un refugio. Un estudio presentado en la Cumbre Científica de Naciones Unidas, en noviembre pasado, determinó que el cien por ciento de los participantes argentinos tenían “un rango de seis a trece plaguicidas en orina; dos a diez en sangre, y de cero a dieciocho en materia fecal”. Además, los encontraron en los alimentos, el polvo del hogar, los granos de cultivos, en animales, alimentos para animales, suelos y aguas. Dato: algunos participantes viven en CABA.
El informe es parte del proyecto Sprint, del que forman parte diez países europeos, pero decidieron sumar a la provincia de Buenos Aires por ser el principal exportador de soja para alimentación animal a su mercado.
Ante la emergencia forestal, Greenpeace lanzó una encuesta y cerca de 260 mil personas consideraron que los desmontes ilegales deben ser un delito penal.
Hagámosle zoom al mapa y busquemos “La Primavera”. Hay más experiencias agroecológicas llenas de alimentos sanos y que son económicamente rendidoras. Otra es Naturaleza Viva, en Santa Fe. Ahí está el camino: la agroecología.
