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I Am Not a Dog on a Chain / MORRISSEY

BGM

La muerte joven es la mejor aliada del rock. Canoniza, suma misterio, siembra nostalgias, ahorra inexorables derivas y clausura la incómoda sentencia de envejecer delante de millones de seguidores. El paso de los años es un dictamen pesado para cualquiera, pero en la cultura rock puede resultar particularmente asfixiante. Morrissey (61 años) tuvo el “capricho” de seguir de este lado de la historia después de The Smiths y la primera parte de su carrera solista, y las consecuencias no son menores. Pasan los años, quedan los artistas, pero su imagen se desgasta y muchas miradas pasan de la celebración a cierto desdén. Es cierto que el cantante y compositor contribuyó bastante a esta situación con algunos discos fallidos y, sobre todo, con expresiones destempladas, en más de una oportunidad entre la conspiranoia y la discriminación. Pero debería resultar imposible pasar por alto –y para los más jóvenes tomar nota– que se trata de uno de los artistas más singulares y determinantes que dio la música popular en las últimas décadas. Un cantante demoledor, capaz de construir melodías exquisitas y letras en las que desnudaba fragilidades inconfesables, enojos exorbitantes y/o militancia antimonárquica y proanimal.

Morrissey venía de tres discos inconsistentes –World Peace Is None of Your Business (2014),Low In High School (2017) y California Son (2019)–, pero en I Am Not a Dog on a Chain refresca su maravillosa voz, recobra la magia en las melodías y las desarrolla en un contexto de canciones arropadas predominantemente por arreglos electrónicos y una producción inspirada, responsabilidad de Joe Chiccarelli. Es en ese contexto que comienzan a brillar como hacía rato no sucedía temas como “Love Is on Its Way Out”, un tejido casi de trip hop y una melodía como sólo Morrissey la puede cantar; “Jim Jim Falls”, donde Moz agita su incorrección para invitar a un potencial suicida para que se decida de una vez; “Bobby, Don’t You Think They Know?”, con la mítica cantante de soul Thelma Houston, que ofrece un ida y vuelta vocal imperdible anclado en una canción exacta; “Once I Saw the River Clean”, que recuerda a unos Depeche Mode más melancólicos que nunca, y “The Truth About Ruth”, que revela la historia de una chica trans en clave de vals digital. No todas las composiciones del disco alcanzan esta excelencia. Pero I Am Not a Dog on a Chain recupera buena parte del mejor Morrissey y eso siempre es una gran noticia.

Escrito por
Sebastian Feijoo
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Escrito por Sebastian Feijoo
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