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A REÍR QUE SE ACABA EL MUNDO

Comediantes, actores y actrices divierten a las audiencias cotidianamente desde que la radio es radio, pues el humor es uno de los grandes géneros del medio.

Luis Sandrini, Tato Bores, Niní Marshall, Carlos “Minguito” Altavista, Juan Carlos Mesa, Alejandro Dolina, Fernando Peña, Humberto Tortonese, Ariel Tarico, Pedro Rosemblat, Migue Granados… La radio está atravesada por el humor y por la comedia. A lo largo de sus cien años, actores, guionistas, humoristas y comediantes se han encargado de poblar el aire con risas. Y quizás hoy sea uno de los últimos refugios de este género en el mainstream mediático.

Adrián Lakerman, conductor del podcast Comedia, sostiene que “hay más humor en la radio que en la tele y la gráfica, y sin embargo no hay tanto humor en la radio”. Y esto por dos motivos: “Uno es la cuestión económica; en épocas de crisis se suele recortar ficción, y en tele hacer humor es muy caro, necesitás producción, guión, decorado, maquillaje. La radio es mucho más barata, no hacen falta muchas cosas. Después está la visibilidad que tiene la televisión y cómo eso se combina con los cambios culturales y sociales que atravesamos. Alguien hace un chiste racista en la tele y rápidamente es objetado o criticado en todos lados; los productores no quieren correr ese riesgo. En cambio en la radio, salvo algunos casos muy excepcionales, pasa de largo”.

Cuando la radio despegó como medio masivo de comunicación, a comienzos de la década de 1930, el humor se instaló como uno de los contenidos más populares en las programaciones de las grandes broadcasters (El Mundo, Splendid, Nacional-Belgrano). Desde personajes de ficción creados por grandes comediantes hasta elencos enteros dedicados a programas que combinaban chistes y sketches. De estos años dorados de la radiofonía, que incluyen los 40 y 50, se pueden recordar grandes programas como La caravana del buen humor, La revista dislocada, La familia humorística, Gran Hotel Deluxe.

Niní Marshall era una gran estrella de la radiofonía local y su relevancia social y política tuvo como uno de sus picos la censura sufrida en 1943 por uno de sus personajes. La dictadura militar de Pedro Ramírez decidió que Radio Splendid debía cesar de emitir el programa Cándida y Catita ya que el personaje Catita, en términos del censor, deformaba el lenguaje y podía incidir en la forma de pensar del pueblo que no tenía capacidad de discernir (sic). El rol social de la radio y de los grandes personajes de ficción creados por comediantes y humoristas estuvo en el centro de la escena política durante esas décadas. Las charlas de Enrique Santos Discépolo con Mordisquito, a quien Perón llegó a agradecer su aporte para su reelección, son otro ejemplo de la incidencia de la comedia, el humor y la ironía en la radio.

DEL RADIOTEATRO A LA COMEDIA

La llegada de la TV cambió todo. Para Oscar Bosetti, profesor e historiador de la radio, el camino de la comedia siguió al radioteatro. “Así como ocurrió con los radioteatros, el género humorístico aún perdura en las actuales programaciones. No con los espacios, estilos y la tipología de antes sino atravesado por las innovaciones y los reciclamientos que se sucedieron desde mediados de la década de 1960, cuando los programas de humor fueron pasando a las pantallas televisivas y la risa quedó alojada en los magazines tanto de la mañana como de la tarde radiofónica”. Pero el humor no dejó de formar parte constitutivadel contenido. “Está representado tanto en las intervenciones de las y los conductores como en el acompañamiento cómplice de otras y otros integrantes de la mesa”.

Los años 60 y 70 marcaron la integración de grandes mesas de magazines radiofónicos que incorporaron el humor en su tratamiento de la realidad. Héctor Larrea con Rapidísimo, Adolfo Castelo con sus incursiones de madrugada en Radio El Mundo, Jorge “Cacho” Fontana con su Fontana Show fueron ejemplo de cómo sumar los pasos de comedia y el humor en la mesa de un programa de radio. El Fontana Show, además, fue cuna de dos grandes humoristas: Jorge Guinzburg y Carlos Abrevaya.

La revolución de la FM en los 80 implicó también la renovación de la forma de hacer humor y de incorporarlo en el contenido de los programas. La Rock & Pop fue una ebullición. Lalo Mir y su Radio Bangkok cambiaron la forma de hacer radio. Pedro Saborido y Omar Quiroga hicieron lo suyo en Mitre y La 100. Alejandro Dolina se consolidó como conductor en Demasiado tarde para lágrimas y luego se metió en el rincón de los clásicos con La venganza será terrible.

Así, la radio adquiere distintas maneras de incorporar el humor a sus contenidos. Adrián Lakerman las clasifica claramente: “En la AM se puede ver un tipo de humor más antiguo. Hay muchos imitadores y algunos contadores de chistes. Pero también hay espacios que son una especie de ‘mundo humorístico’, donde pasan cosas relacionadas con el humor. Pienso en la Negra Vernaci, en La venganza será terrible. Lugares donde el humor está en el aire constantemente, hay improvisación, juego constante, una cosa lúdica y de actuación en vivo, performance”.

Un gran transformador y creador de los universos humorísticos fue Fernando Peña. Para Lakerman, “era un virtuoso excepcional y podía hacer que varios personajes salieran de su voz y su mente y además hacerlos interactuar entre sí. Ese nivel de virtuosismo, en un momento radial donde había muchas imitaciones pero poca creación de personajes, hizo un ruido muy grande”.

Las múltiples caras de Peña renovaron un aire de FM que hoy cuenta con un espectro muy amplio de humor, que incluye entre sus figuras más actuales a Migue Granados, Pedro Rosemblat, Martín Rechimuzzi, Flora Alkorta, Natalia Carulias y un largo etcétera. Para el maestro Carlos Ulanovsky, hoy el humor tiene que convivir con la actualidad necesariamente, ya que la radio “está entregada a la información”. Además de los chisteros tradicionales e imitadores, “una fuente del humor inobjetable es el involuntario, el del editor u operador de un programa que utiliza declaraciones de políticos, por ejemplo”. Mauro Eyo o Javier Bravo son dos especialistas al momento de generar risas desde las consolas.

En su centenario, la radio aún funciona como un refugio de libertad, experimentación y salto sin red para el humor y la comedia. Y también allí puede encontrar una clave para su futuro y reconquistar a las audiencias más jóvenes.

Escrito por
Agustín Espada
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